Entre las tareas de los observadores que comenzaron su trabajo en mayo estaba el control del alto el fuego, y también la recogida de información sobre la situación en el país. En esencia, sus noticias eran la única fuente de información imparcial en base a la cual se podía buscar un punto de contacto en la regulación de la crisis siria. Ahora esto ya no existe.

 

La finalización de las misiones es una consecuencia lógica de la dimisión a principios de agosto de Kofi Annan,  representante especial de la ONU, por cuya iniciativa se crearon. El veterano mediador alegó que abandonaba su cargo por la ausencia de apoyo a su plan, sin concretar, por otra parte, a quién dirigía su reproche.

 

Todo parece indicar que no hay salida para la situación creada en Siria. Los diferentes grupos de la oposición no están en condiciones de vencer a las tropas regulares del régimen sirio. Ni siquiera pueden crear un enclave rebelde, lo que se demostró en la batalla que perdieron en Alepo, capital económica de Siria y en la fracasada incursión en Damasco a principios de agosto. Sin armas pesadas, las operaciones a gran escala en contra de las tropas gubernamentales quedan sentenciadas. Sin embargo, Occidente no tiene prisa con la ayuda militar.

 

La razón es evidente. El comandante de los insurrectos en la ciudad de Alepo, Abu Ammar declaró, según un comunicado de France Presse: “No queremos que Al Qaeda esté aquí, pero si nadie nos ayuda, nos uniremos a ella”. Esto parece un chantaje, pero nadie quiere que Al Qaeda se haga fuerte en un país donde hay armas químicas.  En estas condiciones, el Ejército Libre de Siria es la principal fuerza militar de la oposición forzada a seguir adelante con las actividades guerrilleras. Y aquí las tropas gubernamentales tienen pocas oportunidades de éxito.

 

El conflicto, que ya dura año y medio, no podría continuar durante tanto tiempo sin el apoyo que la oposición recibe del extranjero. Y este apoyo proviene de Turquía, Arabia Saudí y Qatar. También se dio a conocer que Barack Obama había decidido incorporar a la CIA para coordinar las acciones de ayuda a los rebeldes. Sin embargo, se trata de armas ligeras o equipos no letales.

 

El conflicto puede desvanecerse o estallar con nueva fuerza, multiplicando las víctimas y desestabilizando la situación en Oriente Medio en general.

 

Mientras, evidentemente, no hay intención de influir en el conflicto con ayuda de las fuerzas de EE UU y los países occidentales.

 

Ni Gran Bretaña, ni Francia pueden permitirse repetir el escenario libio a causa de la desoladora situación económica en Europa. Para EE UU, tras las derrotas políticas en Irak y Afganistán, no es tan fácil empezar otra guerra en Oriente Próximo.  Además, la campaña preelectoral en EE UU no es el mejor momento para aventuras militares.

 

Por eso, solo queda una posibilidad, conseguir la destitución de Bashar al Asad, lo que en realidad, ya está sucediendo. Los medios para conseguirlo son la presión diplomática, las sanciones económicas, las campañas propagandísticas, el estímulo de los desertores y los actos terroristas.

 

El mejor medio hubiera sido la amenaza de una intervención militar exterior autorizada por la ONU. Sin embargo, Rusia y China vetaron tres intentos en el Consejo de Seguridad al protestar en contra del uso de los mecanismos de la ONU para llevar a cabo un cambio de régimen. El presidente sirio, por supuesto, apoya esta postura, pero esto no le exime de la necesidad de negociar con los rebeldes.

 

Mientras tanto, Moscú ha propuesto una reunión entre embajadores en la ONU, en la que pretende presentar una propuesta que establezca un límite de tiempo para el alto el fuego y el comienzo de las conversaciones de paz. Al mismo tiempo, Moscú tratará de influir en el gobierno sirio. Las visitas de Jamil Qadri, viceprimer ministro sirio y Alí Haidar, ministro de Reconciliación Nacional, deben considerarse en este sentido.

 

Al mismo tiempo, Rusia pidió reiteradamente a Occidente que influyera en la oposición siria con el objetivo de interrumpir el alto el fuego y de pasar a un diálogo político. Por lo visto, en el Kremlin comparten la opinión de Kofi Annan que, en un artículo publicado en el Financial Times después de su dimisión, decía lo siguiente: “Siria todavía puede salvarse de la peor de las catástrofes. Sin embargo, esto requiere que los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU muestren audacia como líderes, incluidos  los presidentes Vladímir Putin y Barack Obama”.