Los arqueólogos siguen encontrando restos óseos en el pueblo de Borodinó. Fuente: Alexánder Mozhaev.

Del centro de la ciudad de Mozhaisk, en la región de Moscú, parte una carretera en dirección al campo de Borodinó, el mismo camino por el cual los regimientos rusos primero se replegaron y después tomaron la ofensiva hace justamente 200 años. A la entrada del legendario pueblo de Borodinó trabajan unas grúas y rápidamente se erigen nuevos pabellones para exposiciones.

Aquí se está reconstruyendo el palacio de viaje de Nikolái I, construido con motivo del 25º aniversario de la batalla y destruido en el siglo XX. Paralelamente, en los alrededores del palacio se llevaron a cabo excavaciones, cuyo resultado fue tan previsible como fascinante. 

Las excavaciones de Borodinó se consideran 'protegidas' para evitar que se construya, lo que representaría la aniquilación del la cuestión cultural.

El alcance de los trabajos permitió descubrir aspectos que de otra forma nunca se habrían conocido. El hallazgo más antiguo se remonta al prier siglo de nuestra era: se descubrió que hace 2.000 años en este promontorio había un poblado perteneciente a la Edad de Hierro. Se encontraron restos de viviendas y hogares, cerámica y puntas de flechas.

“La lucha entre los gigantes”, los ejércitos ruso y napoleónico, empezó al oeste de la iglesia de Borodinó cerca de la colina que se eleva sobre el río Koloch. Precisamente el destacamento del ejército de Eugene de Beauharnais, hijo del primer matrimonio de la emperatriz Josefina, atacó de madrugada este promontorio. El inesperado ataque tuvo éxito, pero al poco tiempo la artillería rusa repelió a los atacantes de vuelta al río. Durante esa batalla murieron cerca de 800 franceses.

La batalla de Borodinó se considera la mayor en pérdidas humanas durante un día de batalla: morían cerca de 2.500 personas por hora. Según varias valoraciones, las pérdidas totales fueron de 80.000 a 105.000 personas, así como unos 35.000 caballos.

Otro dato: los campesinos contratados en otoño de 1812 para enterrar a los muertos recibían 50 kopeks al día (el sueldo de un oficial subalterno del ejército) y dos copitas de vodka. Se puede valorar la cantidad teniendo en cuenta que el mejor apartamento en el centro de Petersburgo costaba hasta 20 rublos al mes, un alojamiento habitual, poco más de un rublo; una libra de la mejor carne, hasta 6 kopeks, una cántara de vodka, 15 kopeks… Los entierros se llevaron a cabo hasta mayo de 1813.

El arqueólogo Ígor Kondratev cuenta: “Nadie se dedicó a buscar esos huesos, aunque todos sabían que están enterrados en algún sitio cercano. Hay algo curioso: el campo de Borodinó se creó en el año 1830 como un campo dedicado a la gloria militar (el primero en Europa). Además del paisaje, las tumbas de los muertos tenían que ser el elemento principal del memorial. Sin embargo, hay muchas estatuas que se erigen sobre tierra vacía, no sobre las tumbas.

Todavía no se han encontrado dónde están enterrados esos héroes ordinarios. Los buscaron pero encontraron sólo unos cuantos restos aislados y de forma casual. Las fosas comunes que hemos excavado en los sótanos de dos casas incendiadas es el primer hallazgo arqueológico que hemos podido determinar”.

“Es muy importante encontrar las tumbas para convertir en memoriales los sitios donde están enterrados los combatientes con el fin de vivificar el campo de Borodinó. Para ello hace falta realizar trabajos que vayan precedidos de serias investigaciones en los archivos”, continúa el arqueólogo.

“De todas formas, ahora ya podemos presuponer las zonas dónde hay que buscar. Creemos que en los sitios donde se cavaron las fosas comunes aparecieron hundimientos de tierra, dónde crecieron arbustos y árboles. Si os fijáis en una pequeña zona en forma de cráter, donde crece un tilo centenario, pues eso seguramente se trata de una tumba de 1812”.

“Es extraño que estos héroes cayeran en el olvido durante tanto tiempo, ya que entonces se consideró que esas inhumaciones eran temporales y el emperador dispuso retirar los cuerpos 'hasta nueva orden'. Para algunos esta orden del emperador no ha entrado en vigor hasta ahora, 200 años después”.

A finales del siglo XIX, se destruyó un jardín con pabellones, parterres, caminitos y deleites similares que había en el promontorio y cuya estructura se pudo dilucidar durante las excavaciones. Los especialistas han determinado cuáles son los árboles más viejos. Uno de los más antiguos ha resultado ser un pequeño tilo, donde se ve bien una 'cicatriz' que divide el tronco, podría ser que este árbol hubiera salvado la vida a alguien en el 1812.

Sin embargo, eso no es todo. En la capa superior, la del siglo XX, todavía quedaban hallazgos importantes por descubrir. Restos de otra guerra: trincheras y cuevas de 1941, habitadas durante unos cuantos años tras la retirada de los alemanes por gente que no tenía otro sitio donde vivir. Se encontraron también dos monumentos al soldado desconocido.

Uno en recuerdo al partisano que fue fusilado en el mismo sitio donde había intentado hacer explotar un puente. Fue enterrado junto con el detonador como  prueba. Otro, un soldado de infantería muerto por la metralla de bomba que yacía sólo a medio metro de profundidad. Además de la metralla, en su tumba se encontró también una punta de flecha de la Edad de Bronce, páginas entremezcladas de la historia, separadas por miles de años.

Además, cerca descubrieron el cementerio del hospital militar de tiempos de la ocupación nazi. 66 cuerpos de soldados y cabos alemanes, casi todos identificados gracias a las listas hospitalarias y los medallones. Estos restos ya se han entregado a Alemania para que se puedan devolver a sus parientes.

Publicado originalmente en strana.ru