Las claves del camino hacia la guerra de Osetia en 2008

21 de agosto de 2012 Francisco J. Ruiz, Rusia Hoy
La tarde del jueves 7 de agosto de 2008, mientras el mundo centraba su atención en los juegos olímpicos de Pekín, el presidente georgiano Mijaíl Saakashvilii dio orden a sus fuerzas armadas de atacar Osetia del Sur. Cuando Rusia respondió al ataque invadiendo a su vez Georgia, comenzó una breve guerra hasta que el martes 12 de agosto las gestiones diplomáticas del presidente francés, Nicolás Sarkozy, lograron la declaración de un alto el fuego.
Aunque el inicio del conflicto cogió por sorpresa a la comunidad internacional, diversos eventos a lo largo del año habían anticipado la posibilidad de un enfrentamiento. Fuente: RIA Novosti.
Aunque el inicio del conflicto cogió por sorpresa a la comunidad internacional, diversos eventos a lo largo del año habían anticipado la posibilidad de un enfrentamiento. Fuente: RIA Novosti.

Lo sucedido ese verano de 2008 ha sido sobradamente analizado. De hecho, la Unión Europea envió una misión independiente de investigación, que hizo públicas sus conclusiones en 2009 . Sin embargo, son mucho menos conocidos los eventos ocurridos a lo largo de ese año, y que explican en gran parte el porqué del ataque georgiano.

La declaración de independencia de Kosovo

El final de la Guerra Fría dio lugar a la desintegración de la Unión Soviética y de Yugoslavia, en medio de conflictos violentos entre los distintos territorios y etnias. Como resultado, nacieron los llamados estados independientes de facto, sobre los que los gobiernos centrales carecían de autoridad. Ese es el caso del Transdniester (en Moldavia) , Nagorno-Karabaj (en Azerbaiyán), o Abjazia y Osetia del Sur zonas en las que sólo la presencia de tropas rusas mantuvo los frágiles acuerdos de paz alcanzados en los años 90.

En el caso de Yugoslavia, en 1999 la provincia de Kosovo se independizó de facto de Serbia, con el apoyo militar de la OTAN. Ese conflicto congelado se mantuvo sin avances hasta que en febrero de 2007 se presentó el “Plan Ahtisaari”, que proponía un estatus jurídico definitivo para Kosovo que supondría, en la práctica, su separación total de Belgrado. La elección como Primer Ministro del exlíder del Ejército de Liberación de Kosovo, Hashim Thaçi, precipitó los acontecimientos, y el 17 de febrero de 2008 la provincia declaró unilateralmente su independencia.

A pesar de que esa declaración sentaba un claro precedente y podía reactivar los restantes conflictos congelados, Estados Unidos y una mayoría de países occidentales reconocieron la independencia, alegando que se trataba de un caso único.

Sin embargo, el presidente ruso Vladimir Putin advirtió que esa decisión creaba una situación muy complicada en el espacio postsoviético. Así, la decisión kosovar tuvo un doble efecto: animó a los demás independentistas a reclamar un reconocimiento similar, e hizo a las autoridades centrales plantearse el recuperar su soberanía sobre esos territorios por la fuerza, ante el temor de que cundiese el ejemplo.

El apoyo de Estados Unidos al presidente georgiano

Uno de los principales motivos que explicaban la posición estadounidense con respecto a Kosovo es el hecho de que, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 y la consiguiente invasión de Afganistán e Irak, Washington buscaba mejorar su imagen en el mundo musulmán, objetivo al que sin duda contribuía la visión de los albanokosovares en su capital, Pristina, ondeando la bandera de Estados Unidos en señal de agradecimiento.

Por otra parte, el gobierno de George W. Bush buscaba en la época promover la democratización del Oriente Próximo y sus regiones limítrofes, como el Cáucaso Sur. Aprovechando esa política, algunos políticos opositores como Saaksahvilii se presentaron a sí mismos como líderes reformistas favorables a Occidente, consiguiendo de ese modo el apoyo de Washington para derrocar a los dirigentes que tenían una mejor relación con Rusia, como ocurrió con la 'Revolución de las Rosas' de 2003 en Georgia.

Ya como presidente, Saakashvilii reforzó su posición apoyando con tropas las operaciones de EE UU en Irak y Afganistán, consiguiendo a cambio la ayuda estadounidense para potenciar sus fuerzas armadas. El problema es que el armamento y adiestramiento facilitado por Washington no sólo servía para las operaciones en el exterior, sino que también podría ser usado para intentar recuperar Abjazia y Osetia del Sur, propósito declarado del presidente Saakashvilii desde que asumió el poder.

La Cumbre de la OTAN en Bucarest

El total apoyo de Washington a Saakashvilii se puso nuevamente de manifiesto en abril de 2008, cuando la Alianza Atlántica celebró su Cumbre de Bucarest. En ella se debatió la posibilidad de otorgar un MAP (Membership Action Plan) a Ucrania y Georgia, de cara a su futura incorporación a la OTAN. Para EE UU, eso representaría un incentivo al camino emprendido por esos países tras las 'Revoluciones de Colores', y el modo de anclarlos a Occidente y alejarlos de la órbita de Rusia.

Rusia estaba completamente en contra de la entrada de Georgia en la OTAN ya que, como afirmo Putin en la Cumbre de Bucarest, el auténtico propósito de los georgianos era el restaurar su integridad territorial por la fuerza, bajo el escudo de la Alianza Atlántica. También recordó la labor conciliadora de Rusia en el conflicto, ya que Moscú no había reconocido la independencia de Abjazia y Osetia del Sur, a pesar del precedente kosovar y de las peticiones al respecto de las autoridades locales.

Alemania lideró el grupo de oposición a los propósitos estadounidenses, en parte debido a esa posición rusa. Esos países consideraban que, tras el reconocimiento mayoritario de la declaración unilateral de independencia de Kosovo y el proyecto estadounidense de instalar parte de su escudo antimisiles en la República Checa y Polonia, el otorgar un MAP a Georgia y Ucrania era una adicional e innecesaria provocación a Moscú.

Además, y como afirmó la Canciller Angela Merkel, Georgia estaba incapacitada para el ingreso en la OTAN por sus conflictos internos, dado que cualquier nuevo aliado debía ser capaz de contribuir a la seguridad colectiva, y no aportar inestabilidad. Por ello, finalmente se adoptó una solución de compromiso: un aplazamiento sine die de entrada de ambos países en la Alianza, aunque afirmando que algún día se produciría.

Crónica de un conflicto anunciado

Con todos esos antecedentes, y con la tensión creciente en la zona de separación entre Osetia del Sur y el resto de Georgia, sólo era cuestión de tiempo que se produjera una escalada del conflicto, aunque nadie pensaba que pudiera llegar a ser una guerra en toda regla entre Moscú y Tiblisi. Así lo percibió el nuevo presidente ruso Dimitri Medvédev, que en su visita a Berlín en junio de 2008 propuso la firma de un nuevo tratado paneuropeo de seguridad, jurídicamente vinculante y que asegurase la unidad de la región euro atlántica “de Vancouver a Vladivostok”.

Sin embargo, la propuesta rusa fue inicialmente ignorada por Occidente, y poco después el presidente georgiano lanzó un órdago con su ataque sorpresa contra la capital suroseta Tsijinvali, que provocó la muerte de varios soldados rusos de la fuerza de interposición. Con lo que no contaba el mandatario georgiano era con la rápida y firme respuesta de Rusia, que provocó el desmoronamiento de la ofensiva georgiana en pocos días, y con que su alocada aventura acabase con Moscú reconociendo la independencia de Abjazia y Osetia del Sur, y con esos territorios más lejos que nunca de reincorporarse a la soberanía de Georgia.

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de RBTH.
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