A la hora de describir el perfil del turista ruso aparecen dos grupos consolidados: el turista de clase alta, que busca alojamiento de lujo y el que pertenece a una clase media familiar. En ambos casos, la inversión en una vivienda puede ser una opción a largo plazo, ya que el grado de vuelta hacia el mismo destino es muy alto. “Es un turista exigente que busca calidad y no va a pagar caro por cualquier servicio”, señala Valeria Volodarskaya, directora de marketing del tour operador ruso Sol VIP Travel.

Manuel Butler, director de Turespaña, destaca que “los rusos se van muy satisfechos tras pasar las vacaciones en nuestro país y no descartan la posibilidad de adquirir una segunda residencia”.  Entre sus actividades de ocio, se están integrando nuevas opciones como el turismo cultural,  de salud y toda la oferta relacionada con el sol, la playa y sus clásicas compras.

A día de hoy, podríamos decir que Rusia es uno de los países emisores con mayor gasto en el extranjero. El pasado año, los rusos realizaron 12,6 millones de viajes vacacionales fuera de sus fronteras. En este ranking, España ocupa un cuarto lugar como destino favorito.

“La entrada de turistas rusos empezó con la caída de la Unión Soviética. En esta primera etapa, se les tildaba de mafiosos por su procedencia. Decían que eran de otros lugares para no ganarse una imagen tan perjudicial”, afirma Manuel Butler, director de Tuespaña.

El cliché negativo comenzó a evaporarse a partir del año 1995. En esta etapa, el sector turístico comprendió el dinamismo que tenía este grupo por su alta capacidad de gasto. Frente al clásico cliente británico o alemán, que llenaba nuestras costas, el turista ruso supera en la actualidad su gasto medio en un 40%. Y además, debido a la distancia, cuatro horas en avión, su período de pernoctación es de 9,2 días, a diferencia de otros mercados emisores.

“El  turista ruso conoce muchos países y busca algo nuevo. Los problemas actuales en el mundo árabe le han obligado a elegir otros destinos. No es seguro viajar a  Turquía, Egipto, Túnez,..., países competidores con España en el sector”, señala Volodarskaya.

La Costa Brava, la Costa Dorada o la Costa del Sol ofrecen alternativas similares. Además, es la única zona europea que da facilidades en los trámites del visado. Las cifras del Consulado General de España en Moscú así lo confirman con un aumento del 32% en el número de visados con respeto a 2011. Se concedieron un total de 155.000 documentos para un periodo de seis meses.

Dos perfiles muy concretos describen al turista ruso

En líneas generales, el ruso que viaja a España tiene una edad comprendida entre los 25 y 45 años. Su capacidad económica es alta y proviene de grandes ciudades como Moscú y San Petersburgo. Sus vacaciones son gestionadas, en la mayoría de los casos, por agencias de viajes donde adquiere un paquete turístico y visado.

A través de Internet, los rusos solo realizan entre un 2% y un 5% de las reservas, según destaca el Estudio de Mercados Turísticos Emisores de Turespaña. Las tarifas y servicios varían en función de los dos grandes grupos existentes. El cliente VIP, que suele venir sin familia, y el matrimonio que viaja con uno o dos hijos y pasa aquí su período vacacional.

El paquete de lujo se compone de un viaje individual reservado con aviones privados y hoteles de cinco estrellas. El precio medio oscila entre los 300 y 400 euros por habitación y noche. Además, se organizan excursiones privadas que incrementan el gasto hasta llegar a los 3.000 y 5.000  euros para cada dos personas.

En el caso del turista familiar, que es el más común, puede sumar entre 700 y 1000 euros por persona y semana con un pack de avión y hotel de tres estrellas. Butler destaca que “el turista familiar tiene una importante presencia en la zona de la Costa Brava, mientras que el cliente que tiene un mayor poder adquisitivo prefiere otras zonas del Mediterráneo”.

Un informe del Instituto de Turismo de España señala que durante 2011 el país recibió más de 56,6 millones de turistas extranjeros, de los cuales 858.500 procedían de Rusia. Este comportamiento expansivo ha permitido que se conozca con detalle sus preferencias, lo que ha aumentado el grado de repetición de destino en las costas españolas, valoradas en un nueve sobre diez.

Valeria Volodarskaya apunta la relevancia que tiene para el turista ruso las actividades de compras, además del producto sol y playa. “Los rusos son muy marquistas y disfrutan con las tiendas de lujo y el buen servicio”.

Los más adinerados pueden llegar a contratar un 'personal shopper' que los asesore en sus compras. El límite de gasto es infinito si ofrecen buena calidad. Una fórmula que ha permitido incrementar el número de tiendas extravagantes para este tipo de clientes. Las zonas principales se sitúan en el Paseo de Gracia, Puerto Banús y el Barrio de Salamanca.

El turismo cultural también se está consolidando. Las visitas a monumentos culturales y su pasión por la gastronomía sería la tercera actividad más apreciada por los rusos. Sol VIP Travel cuenta, por ejemplo, con un recorrido por aclamados restaurantes de la Guía Michelín.

Las últimas tendencias recogen también una oferta turística muy especial. Viajes para contemplar el encuentro entre el Barça-Madrid, visitar un museo de algún club futbolístico o tratarse en alguna de las famosas clínicas de salud catalanas… serían tan sólo alguno de los nuevos gustos de este público, cuyos estudiantes también se interesan en venir para aprender nuestro idioma.

“Los rusos tienen ganas de repetir una nueva experiencia en España y esto, en pocos años, se materializará en la inversión de una segunda residencia”, señala Butler.

Un mercado que ya ha empezado a expandirse entre los turistas de alto poder económico. En el caso concreto del Tour Operador Sol VIP Travel, el 20% de sus clientes piden asesoramiento inmobiliario para la compra de una segunda residencia. El stock de viviendas ha provocado una fuerte caída de precios y una coyuntura favorable para la compra. Sin duda, una oportunidad única que no desaprovecharán.