Las primeras escuelas de aviación se crearon en Sevastopol y Gátchina. En ellas se organizó la preparación de oficiales voluntarios de diferentes cuerpos del ejército, mientras que los cursos teóricos de disciplina se impartían en el Instituto Politécnico de San Petersburgo.

A la aviación vinieron los mejores cerebros rusos y se destinó una buena cantidad de dinero para su desarrollo. El 22 de septiembre de 1910 durante la semana de la aviación en San Petersburgo, el Primer Ministro Stolipin, voló con el piloto militar Matsievich en el 'Farman', y el legendario Efimov llevó a la la hermosa Gran princesa Anastasia que acababa de quedar viuda. El gran piloto ruso de esa época, Piotr Nesterov, fue el primero en el mundo en realizar un rizo en aeroplano y el nieto del artista Aivazovski, Konstantin Artseulov, metía y sacaba a voluntad el aparato del tirabuzón. En julio de 1914 entre Petersburgo y Kiev tuvo lugar el primer vuelo en el mundo con un avión cuatrimotor bajo la dirección del constructor de aviones Ígor Sikorski.

Para el inicio de la primera guerra mundial, el ejército ruso contaba con 256 aviones de guerra y 250 pilotos, divididos en 29 divisiones de aviación. Con el inicio de las acciones de guerra, la aviación generalmente cumplía tareas de inteligencia aérea y de corrección del fuego de artillería. Fueron los pilotos los que por iniciativa propia comenzaron a derribar y a  atacar en el aire a los 'albatros' enemigos. En diciembre de 1914 se creó en la aviación rusa la primera escuadra en el mundo de aviones pesados, la 'Muromets'.

En 1916 el príncipe Alexánder Romanov fue nombrado Inspector general de campo de la flota aérea de guerra. Bajo su dirección los diferentes cuerpos y destacamentos fueron unificados en grupos militares de aviación. Los cuarteles del Zar en Moguilev y la capital, San Petersburgo, comenzaron a cubrirse de aviones y artillería antiaérea, de disparos en el aire, mientras que la retaguardia del mando de la flota abastecía a la aviación de todo lo necesario.

Después de la revolución de 1917, el Gobierno provisional ayudó al desmoronamiento del ejército. Pero en octubre estalló la Revolución socialista. Poco después se firmó la humillante paz de Brestk, tras la que vino la intervención y la guerra civil. Uno de los mejores ases de la Primera Guerra Mundial fue el coronel Kazakov (con el rango de mayor en las fuerzas aéreas británicas) que luchó contra los pilotos 'rojos'. Lenin envío unos alarmantes telegramas al director del Estado Mayor de campo del Comité Revolucionario de Guerra en los que decía: "¡Camarada Bonch-Bruevich! ¿No sería necesario utilizar los aeroplanos contra la caballería? Por ejemplo: volando muy, muy bajo..."

Desde entonces nuestras fuerzas aéreas han atravesado un glorioso camino de un siglo. Los pilotos fueron los primeros Héroes de la Unión Soviética al salvar a los tripulantes del Cheliuskin y los primeros que cruzaron volando el Polo Norte hasta América. Se enfrentaron audazmente con los enemigos en el cielo de China, España y Mongolia, y a pesar de eso fueron aniquilados sin piedad durante los años de la represión. Ni siquiera las estrellas doradas salvaron a los halcones de Stalin del fusilamiento.

Pero la prueba más dura para nuestra patria, para su Ejército y las Fuerzas aéreas fue sin duda la Segunda Guerra Mundial. Tras las terribles derrotas de 1941 en los enfrentamientos con la Luftwaffe alemana, nuestras fuerzas aéreas conquistaron el dominio de los cielos. Los alemanes perdieron en el frente oriental 72.000 aviones de los cuales 56.000 fueron derribados por pilotos de las fuerzas aéreas del Ejército Rojo. El resto fueron derribados por cazas de la flota de guerra y por las baterías antiaéreas. La URSS fue el único país con  tres regimientos de aviación (el Pe-2, Yak-3 y Po-2) con participación de mujeres piloto. 26 de las cuales fueron Héroes de la Unión Soviética y de la Federación rusa.

Mi generación entró en la aviación militar cuando llegaba a su apogeo el enfrentamiento entre los dos superpotencias. Continuando la tradición de los veteranos, defendimos el trabajo pacífico del pueblo ruso durante los años de la Guerra Fría. Volamos por el océano en busca de portaaviones de los EE UU y patrullamos los cielos junto a las costas de América, protegimos las fronteras aéreas y derribamos a los aviones que las violaban, perdimos amigos en el cielo de Corea y Afganistán.

Para finales de los años 80 estas tropas habían alcanzado su mayor poderío. Las fuerzas aéreas y los departamentos militares aéreos se extendían desde Berlín hasta Sajalin. Contaban con 500.000 soldados, 30.000 pilotos de guerra, 13.000 aviones y 6.000 helicópteros para todo tipo de clima, ultrasónicos, con misiles y de largo alcance. Los cuadros de aviación de las fuerzas aéreas de la URSS y de los países del Pacto de Varsovia se preparaban en ocho escuelas especiales de las fuerzas aéreas, en 20 colegios militares y dos academias

En mayo de 1992 comenzamos la construcción de las fuerzas aéreas rusas esta vez, teniendo además un terrible recorte en personal y en el parque aéreo. Fueron tiempos difíciles. Los militares no cobraron su sueldo durante meses, el queroseno para los entrenamientos no llegaba, en las Fuerzas Aéreas había casi 40.000 familias sin piso. A pesar de lo cual decenas de destacamentos de entrenamiento en países occidentales se rearmaban con aviones de guerra MiG-29 y Su-27 y a partir de los departamentos militares de las fuerzas aéreas se habían creado tres potentes ejércitos. Se construyeron decenas de ciudades militares para el personal de las fuerzas aéreas con unas condiciones nunca vistas hasta entonces. Después llegó la guerra de Chechenia, el desfile aéreo de la victoria sobre Poklónnaya Gora, la unión de las fuerzas aéreas con las tropas de defensa antiaérea para crear unas fuerzas aéreas unificadas.

Este periodo en la historia de la flota aérea no fue fácil, pero nuestro heroico personal militar lo llevó con dignidad.

Los últimos años de nuestro primer centenario han sido para las fuerzas aéreas rusas un periodo de reforma y recuperación de su antiguo poderío aéreo. Hay combustible suficiente para los entrenamientos militares, se modernizan la tecnología aérea y los medios de combate. Se destinan grandes asignaciones para desarrollar complejos de aviación de largo alcance para rearmar la aviación de combate y la de transporte. Se refuerzan los vínculos internacionales de la industria aérea rusa y de nuestros estados amigos. Ha aumentado notablemente el bienestar material de los soldados y de los veteranos de las fuerzas aéreas, así que el gran vuelo de las fuerzas aéreas rusas continua.

Piotr Deinekin, antiguo Comandante en jefe de las fuerzas aéreas de Rusia y General del Ejército ruso.

Artículo publicado originalmente en  Nezavisimoe voennoe obozrenie.