El escándalo comenzó con el comunicado del gobernador de la región de Krasnodar, Alexánder Tkachiov sobre su intención de crear grupos compuestos por cosacos para expulsar a inmigrantes procedentes del Cáucaso. El comunicado se hizo público el mismo día en el que tuvo lugar un encuentro con los dirigentes de la policía local. Tkachiov comentó a los oficiales que en la región vecina de Stavropol, según su opinión, es “muy fácil” que los extranjeros, sobretodo, los caucásicos ocupen la mayoría del territorio por lo que la población rusa de la zona no se siente cómoda allí”.

“Estuve dándole vueltas y pensé que todavía estábamos a tiempo, que entre el Cáucaso y la región de Kubán existe un filtro: Stavropol. Sin embargo, ahora veo que no es así. Los siguientes somos nosotros”. 

Según Tkachiov, los cosacos deben luchar contra la inmigración ilegal y ayudar a 'solucionar la situación'. “Si los cosacos están al lado de las fuerzas del orden, la policía se sentirá más segura”, dijo el gobernador. 

Según el diario Kommersant, citando a la administración de la región de Krasnodar, las patrullas profesionales de cosacos contarán con unas mil personas y estarán en coordinación con la policía, sin embargo, no llevarán armas. La intención es que estas patrullas estén operativas a partir de septiembre. 

Tras las declaraciones del gobernador, su servicio de prensa se vio obligado a dar explicaciones, ya que creían que muchos medios de comunicación habían distorsionado sus palabras. Según la administración, el discurso del gobernador de Kubán era tan sólo de una recomendación para reforzar el control policial sobre los procesos migratorios.  Aunque el revuelo en torno a las patrullas cosacas continúa.

“Es una declaración provocadora que perjudica a los habitantes de las regiones del Cáucaso y que puede llegar a provocar enfrentamientos entre diferentes grupos étnicos”, dijo el presidente del congreso ruso de los pueblos del Cáucaso, Alí Totorkúlov. Según sus palabras, la iniciativa de Tkachiov puede volverse en contra de los habitantes de Daguestán, Ingushetia y Karachaevo-Cherkesia que han llegado para llevar a cabo la construcción del complejo olímpico de Sochi.  “Creo que el comunicado de Tkachiov debería interesarle a la fiscalía”, opina Totorkúlov. 

Los abogados se unieron a las críticas: “La declaración del señor Tkachiov, debería ser analizada a la luz de artículo 282 del Código Penal (incitación al odio u hostilidad hacia un grupo de personas), del mismo modo que es contraria al artículo 19 de la Constitución rusa que garantiza la igualdad de derechos y libertades, incluida la libertad de circulación y de residencia”, informó al diario Kommersant el abogado Musu Pliev. 

Al mismo tiempo, una serie de expertos salieron en defensa de Tkachiov. “La idea de atraer a los cosacos es una buena propuesta para mantener el orden público. La situación en Krimsk mostró que las patrullas de cosacos ayudaron a las fuerzas del orden a evitar saqueos”, dijo el vicepresidente de la Duma Estatal, Serguéi Zhelezniak. “Tkachiov debe asegurarse de que todos en su región son iguales ante la ley. Si sigue a la opinión pública, tendrá éxito”, dijo el diputado.

Por su parte, los cosacos apoyan al gobernador. “Se puede y se debe contar con los cosacos para resolver problemas, como por ejemplo la formación de bandas en Kushevski, o para salvar a personas en caso de que se diesen catástrofes naturales. Se trata de una fuerza incorrumpta que puede ser de gran ayuda”, informó a Kommersant Piotr Deinekin, el jefe de la administración presidencial de los cosacos.

El propio Tkachiov se sorprendió al ser acusado de acosar a las minorías nacionales. “¿De verdad me acusáis de nacionalismo? Mi primer adjunto es circasiano, mi consejera es tártara de Crimea y en mi círculo de amigos hay armenios, griegos, etc. Llevo 12 años gobernando una región en la que conviven 120 nacionalidades y entiendo mejor que nadie lo inestable que es la situación”, comentó el gobernador. 

Para la redacción del artículo se ha utilizado material de Kommersant y de radio KommersantFM.