Y es que los indicadores de coyuntura económica que acaba de publicar el gobierno catalán insisten en mostrar un producto interior bruto con cifras negativas debido a la caída continuada de la demanda interna. En cambio, la demanda externa ha crecido el último año un 3% en Cataluña y un 2,8% en el conjunto de España. Así pues, mercado exterior y, especialmente, países emergentes parecen ser las palabras mágicas para intentar salir de la crisis que ahoga tanto a la economía española como a la catalana.

De hecho, la evolución de las cifras económicas entre Cataluña y Rusia es muy positiva para la primera y no solamente por el aumento de turistas y de la demanda inmobiliaria, que parecen no tener fin, sino también por lo que se refiere a exportación. En 2011, las empresas catalanas exportaron productos a Rusia por valor de 860 millones de euros (algo más de un tercio de lo que exportó España en su conjunto), un 87% más que dos años antes.

Con todo, la cifra es muy inferior a los 1.700 millones de euros que representa la importación, que consiste básicamente (98%) en productos energéticos como gas y petróleo. “Esto quiere decir que tenemos mucho campo por correr”, destaca el presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, Miquel Valls.

Por su parte, Enrique Lacalle –que es un muy buen conocedor de la realidad rusa, puesto que hace diez años que el BMP hace negocios en Rusia y con rusos- destaca que “a los rusos les encanta Cataluña”. Además, Rusia es el país más grande del mundo, la economía europea que más crece y el emergente más cercano. “Este encuentro puede ser muy provechoso para ambas partes”, añade.

El fórum, que tendrá lugar en el hotel Ukrania, será inaugurado por el presidente de la Generalitat, Artur Mas, y contará con una importante representación del gobierno catalán. Los patrocinadores son Agbar (Aguas de Barcelona) y la consultora Baker & Mckenzie. Unas 50 empresas e instituciones ya han confirmado su asistencia, entre ellas, La Caixa, Freixenet, Pronovias o la petrolera Meroil.

Se trata de compañías, grandes o pequeñas, que quieren hacer negocios en Rusia o que ya los hacen, pero quieren aumentar su influencia. Las jornadas están programadas para poner en contacto empresarios de un lado y del otro y se han organizado en cuatro clústers de actividad: sector agroalimentario; diseño, moda y artesanía; turismo e industria, energía, construcción y medio ambiente. Los objetivos más específicos son: vender en Rusia; hacer joint ventures –es decir, alianzas empresariales, como la que firmaron hace poco Meroil y el gigante ruso Lukoil-,  y conseguir inversiones para Cataluña.

“Estoy seguro de que será un éxito y de que habrá una segunda edición de este encuentro”, afirma Lacalle, quien desmiente o matiza dos tópicos sobre Rusia bastante generalizados en España: burocracia y corrupción. Sobre el primero, admite que las trabas burocráticas existen y que a ellos les costó al principio poder hacer negocios, pero que las relaciones personales ayudan a superarlas y, en este sentido, cree que la experiencia del BMP puede ser muy útil para otros.

En cuanto a los comportamientos mafiosos, el director del BMP es contundente: “Nunca me han pedido ni un euro extra y siempre me he encontrado con comportamientos profesionales”.