El mejor resultado fue para la selección de EE UU y en segundo lugar quedaron las chicas rusas. Tras lo sucedido en la final masculina, en la femenina podía esperarse de todo ya que participaban las selecciones de China y Rumanía, que tradicionalmente son consideradas las favoritas. Tras las medallas de bronce obtenidas por la selección masculina de Gran Bretaña se temía también a su equipo femenino. Y los dirigentes de la Federación de gimnasia de Japón, que al obtener la medalla de plata masculina tras protestar el resultado inicial, seguramente también estaban dispuestos a luchar por cada milésima de punto de sus deportistas.


Ksenia Afanasieva, era la única deportista rusa con experiencia olímpica. El resto, incluida la campeona de la I Olimpiada Juvenil, Victoria Komova, debutaban en un nivel tan alto. Anastasia Grishina, de 16 años, empezó a asistir en competiciones importantes poco antes de su marcha a Londres. En el lago Krugli realizó un ejercicio absolutamente fantástico pero había que acostumbrar a la chica a actuar en salas enormes y a tener a las rivales cerca.


Las rusas empezaron con el salto de potro. Intervinieron Aliya Mustafina, Komova y María Paseka. Antes de ellas las americanas habían realizado saltos magníficos, muy difíciles. Del trío ruso solo Komova saltó al nivel de las estadounidenses.


Tras el primer aparato las rusas estaban en tercera posición, a 1,766 puntos de las estadounidenses y a 0,033 de las chinas. El resto de selecciones quedó atrás y empezó a configurarse el círculo de pretendientes al pedestal. Aunque, tal como habían demostrado las competiciones masculinas, todavía no había nada perdido para nadie.

Grishina fue la primera del equipo ruso en salir al aparato de las barras asimétricas, y le sucedieron las participantes en la final olímpica de esta disciplina, Mustafina y Komova. Antes de su actuación, Victoria, sin confiar ni en los entrenadores, preparó ella misma las barras para su intervención. Cuando terminó con los ejercicios desde la tribuna que alojaba a los escasos hinchas rusos, se oía: “¡Muy bien hecho!”


Tampoco había muchos seguidores estadounidenses que tras el triunfo en Pekín de Nastia Liukin se aficionaron mucho a la gimnasia femenina. En algunos sectores había grupos de personas con banderas japonesas que destacaban entre los espectadores británicos.


Las gradas, que vitorearon la actuación de las rusas en las barras asimétricas, entendían de gimnasia. Al finalizar esta modalidad redujeron la distancia con las estadounidenses hasta 0,399 y superaron a las chinas, que no se desenvolvieron bien con la barra de equilibrio.

La tercera rotación en la barra de equilibrio ya mostró a las líderes. Las norteamericanas actuaron de forma impecable y las rusas cometieron unas pequeñas irregularidades. La distancia entre las primeras y las segundas creció hasta 1,299 puntos y se distanciaron con un poco más de cinco puntos de las rumanas, que se colocaron en tercera posición.


Todo se decidió en el último aparato


 Las rusas y las estadounidenses en modalidad libre, y las rumanas en salto del potro. El hecho de que Mustafina, Grishina y Afanasieva salieran a hacer el último aparato antes que las líderes fue una pequeña ventaja psicológica. Solo había que hacer lo que ya habían hecho muchas veces en el lago Krugli que habían conseguido mejorar hasta la automatización. Pero lo difícil es realizarlo en un pabellón con 20.000 espectadores y cuando se disputa una medalla olímpica.

Esto lo tendrían que tener en cuenta nuestras gimnastas. Tras una buena actuación de Mustafina en el tapete, Grishina titubeó y la más veterana, Afanasieva, no pudo terminar su composición en el suelo con una buena nota. Todas las amigas del equipo consolaron a Nastia, Ksenia sufrió una caída en su rutina con tapete.

La puntuación conseguida fue suficiente para superar a las rumanas. Las rusas tenían que llegar al podio de cualquier forma pero el camino al oro estaba abierto para las estadounidenses. Además, la estadounidense Alexandra Raisman, candidata favorita al oro individual, tenía que cerrar la actuación.

Comprendiendo que ya eran campeonas, Gabrielle Douglas y Jordyn Wieber, realizaron sus ejercicios libres con un gran coraje y cuando le tocó el turno a Raisman ya estaba todo decidido. La canción hebrea 'Hava Naguila' que acompañó la actuación en el suelo de la joven gimnasta de Boston fue una verdadera exhibición.

Artículo publicado originalmente en Gazeta.ru