Cada época tiene sus índices. Entre otros aspectos, esta está marcada por la circulación fluida de información y mercancias. Esta disolución del espacio, sobre todo virtual, tiene su correlato tecnológico: el desarrollo de los transportes y la asombrosa emergencia de internet. También una correspondencia institucional, un conjunto de compromisos entre distintos Estados. La multiplicación del comercio internacional no se explica sin la supresión de barreras arancelarias establecida con los Tratados de Libre Comercio (TLC), signo distintivo de esta época.

 

Colombia es uno de los mejores ejemplos. Tras la aprobación del debatido TLC con EEUU, el Gobierno colombiano ha sellado recientemente tratados del mismo carácter con la Unión Europa y varios de los países latinoamericanos (Venezuela, México, Perú y Chile).

 

Desde hace un año, Colombia busca extender la suscripción de TLC a otras regiones. El año pasado el Consejo de Comercio Exterior lanzó una estrategia para negociar TLC con 20 países. El objetivo es culminar 12 de las negociaciones para el 2014, incluyendo las que, vigentes y suscritas, no han entrado en vigencia.

 

Con esta agenda, se busca ampliar de 400 a 1500 los millones de consumidores con un acceso preferencial, evitando quedar en desventaja con otros competidores, y diversificar la canasta de compradores y productos de exportación, permitiendo triplicar las exportaciones no minero-energéticas en los próximos 10 años. También se pretende atraer inversión en determinados sectores y forjar alianzas en diversas áreas.

 

El actual estancamiento de EEUU y la crisis de Europa no hacen sino acentuar la conveniencia de ampliar los destinos de exportación. Según datos del Departamento Nacional de Estadística de Colombia, en 2011 las exportaciones nacionales a países diferentes de EEUU, la Unión Europea, Suiza, Japón, China, Costa Rica y República Dominicana, se incrementaron más de un 90%, hasta representar el 20% del total.

 

Atendiendo a esta dinámica, además de en algunos Estados caribeños y centroamericanos pendientes, como Costa Rica, en esta ronda de negociaciones, el gobierno colombiano ha puesto su mirada en algunos países de Africa (Sudáfrica, Egipto y Kenia), Oriente Medio (Turquía e Israel), Asia (China, Singapur, Malasia, Vietnam, India, Indonesia y Filipinas) y Oceanía (Australia y Nueva Zelanda).

 

También Rusia concita interés. El gobierno colombiano lo identifica como un socio estratégico en las relaciones bilaterales y multilaterales, con interés en el intercambio de bienes y servicios. Se entiende que las dos economías son complementarias. Además, Rusia se valora como la puerta de entrada a Europa del Este (con preferencia en República Checa y Polonia) y la Comunidad de Estados Independientes (donde sobresale Kazjastán).

 

Los gobiernos colombiano y ruso empezaron de hecho el año pasado a conversar sobre la realización de un memorando de entendimiento que, como es habitual, proteja primero la inversión y más tarde el comercio conjuntos. Sin embargo, las relaciones comerciales siguen siendo marginales.

 

Las relaciones comerciales bilaterales

 

De acuerdo con el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo colombiano, en 2010 las relaciones comerciales entre Colombia y Rusia sumaron 277 millones de dólares. Desde el año 2004, estas han venido afianzándose, hasta casi triplicarse, de la mano sobre todo de las importaciones colombianas de productos rusos, cuyo crecimiento ha sido mayor que el de las exportaciones colombianas a Rusia. Desde 2004, y con la salvedad de 2007, Colombia ha mantenido de hecho un déficit comercial con Rusia, que llegó a superar en 2008 los 100 millones de dólares. En 2010 era mayor a 85 millones de dólares.

 

Las exportaciones de Colombia a Rusia están dominadas por las flores y el café. Entre 2008 y 2010, las flores representaron el 67% del valor de las exportaciones (Rusia es ya el segundo destino de las flores colombianas), y el café, el 22%. Las flores con mayor cuota de exportación al país euroasíatico son las rosas, los claveles, los crisantemos y las alstroemerias. Mucho menos importantes, el azúcar, las frutas, el cacao y los dulces también hacen parte de los productos que Colombia exporta a Rusia. Los productos primarios suponen más del 90% de las exportaciones. Aunque ganan visibilidad, los bienes con mayor valor agregado aún detentan un papel secundario, con el 8,4% del total. En 2010, la maquinaría y equipo supusieron cerca del 5% de las exportaciones. Los productos textiles y de cuero y piel también tienen cierta presencia.

 

Por su parte, Colombia importa de Rusia sobre todo abonos, aviones y acero. Entre 2008 y 2010, los primeros supusieron el 55% del valor de las importaciones; los segundos, el 19%; y el tercero, el 12%. Aunque más insignificantes, el sodio, los plásticos, y el caucho también destacan.

 

Futuro

 

El futuro del comercio bilateral pasa por culminar las negociaciones para la firma de un TLC. Aún sin él, deberían proseguir los esfuerzos realizados por los Ministerios y las Cámaras de Comercio, ya importantes. El año pasado 60 empresas colombianas participaron en cuatro de las ferias especializadas más importantes de la Federación Rusa gracias al apoyo de su gobierno.

Según la Cámara de Comercio Colombo – Rusa, los sectores con mayor potencial para Colombia son las carnes de bovino y pollo, sobre todo deshuesadas y en cortes finos; los pescados y mariscos, especialmente langostinos; las frutas y verduras, sobre todo las tropicales, enteras o en concentrados para zumos; el azúcar; los productos de metal semielaborados; y los diseños de moda, con acento en el calzado, la ropa interior, los textiles, la marroquinería y el cuero. Las flores y el café seguirán siendo nichos decisivos.

 

Por su parte, las empresas rusas podrían participar en proyectos de infraestructura, como la construcción y explotación del sistema ferreo; la canalización de ríos y el aprovechamiento, mejoramiento y tratamiento de aguas; la venta y gestión de un satélite que circule en la órbita geoestacionaria de Colombia; la exploración, transporte y explotación de hidrocarburos; el ensamblaje y producción de yates y lanchas en fibra de vidrio; y la reparación de helicopteros rusos en Colombia.


La actual concentración en productos agroindustriales y algunas manufacturas y servicios energéticos podría dar lugar a una mayor diversificación. Signo de nuestros tiempos, el TLC podría dar un gran empujón. La globalización está hecha, al fin, de convenios inter-estatales bilaterales, de juegos a dos que se suman a otros.