El Ártico ha resultado ser mucho más sensible a los cambios climáticos globales de lo que se creía hasta ahora. El nuevo estudio de la capa de sedimento recogida del lago El-Gigitgin, en la península siberiana de Chukotka, realizado por un grupo internacional de investigadores, indica que en el pasado, en esta región al norte del círculo polar ártico, se produjeron dos intervalos de intenso calentamiento interglaciar. Asimismo, los científicos han descubierto una clara interrelación entre el clima en el Ártico y el deshielo en la Antártida. Los resultados de su estudio acaban de ser publicados en el último número de la revista Science.

En el idioma chucoto, El-Gigitgin significa 'blanco', aunque entre los investigadores, para abreviar, se le llama simplemente 'E'. Rodeado por todas partes de montañas de poca altitud, El-Gigitgin tiene la forma de un cuenco insondable. Este lago está ubicado en un cráter que se formó, probablemente, como resultado del impacto de un meteorito que chocó contra la superficie terrestre hace más de 2,8 millones de años.

Lo cierto es que el impacto se produjo en un lugar que ha resultado ser realmente afortunado para los científicos, ya que tuvo lugar en una de las pocas áreas del Ártico libres de glaciares y, como consecuencia, durante todos estos millones de años una capa de sedimento se ha ido acumulando en el lago de manera ininterrumpida.

Los resultados analíticos del estudio de testigos de sedimento del fondo del lago extraídos de una perforación de El-Gigitgin han permitido a los científicos viajar por las eras geológicas, remontando hasta 30 veces más atrás en el tiempo de lo que permitían, por ejemplo, los núcleos de hielo de Groenlandia, que 'solamente' han podido contarnos la historia de los últimos 110.000 años. 

En el estudio de los sedimentos profundos del lago se ha analizado su composición química, la velocidad de su consolidación, así como los restos de polen y detritos vegetales que estos sedimentos contienen. Los científicos han llegado a la conclusión de que aparte de los períodos de calentamiento ya conocidos, que se produjeron entre 12.000 y 125.000 años atrás, en esta área hubo dos períodos más de calentamiento extremo interglaciar, que tuvieron lugar hace  400.000 años y 1,1 millones de años. Según las reconstrucciones climáticas las temperaturas veraniegas durante esos períodos interglaciares de calentamiento extremo fueron entre 4 y 5 grados centígrados más cálidas, y los valores anuales de precipitaciones fueron 300 milímetros más altos que durante períodos interglaciares 'normales'.

Varios modelos computacionales de simulaciones del clima indican que esos cambios climáticos tan bruscos son difíciles de explicar tan sólo por el tambaleo en la rotación de nuestro planeta y por el efecto invernadero. Los científicos opinan que otro factor adicional, todavía desconocido, debió de influir en estas modificaciones del clima. Al parecer, la explicación más plausible de este fenómeno es que la Antártida 'calentaba' el Ártico. A través de los sondeos geológicos realizados en el año 2007 por el programa internacional Andrill se ha descubierto que en el pasado la plataforma de hielo de la Antártida Occidental se derretía periódicamente.

Algunos de esos períodos de deshielo coinciden exactamente con los períodos de intenso calentamiento experimentados  en el Ártico.  

El modo en el que el Polo Sur influye en el clima del Polo Norte todavía no está dilucidado del todo. Los científicos esperan comprobar dos posibles escenarios diferentes de la interacción ente las regiones polares norte y sur.

Según el primero, la disminución de las plataformas de hielo y la desaparición de las mesetas heladas habrían conducido a la reducción del volumen de las masas glaciares del fondo de las aguas polares que alcanzarían el Pacífico Norte, donde llegarían hasta la superficie. Estos fenómenos, a su vez, habrían implicado el calentamiento de la superficie del mar, el aumento de las temperaturas terrestres y el incremento de precipitaciones en zonas costeras.

Según el otro escenario, el derretimiento de la plataforma de hielo de la Antártida Occidental habría ocasionado una subida global del nivel de los océanos, permitiendo a las aguas cálidas penetrar en el Océano Ártico por el estrecho de Bering. 

Posiblemente ambos procesos hayan tenido lugar, aunque todavía no está claro en qué medida cada uno de ellos habría influido en el clima ártico. Por ahora, sólo hay una cosa que parece ser obvia: se ha infravalorado enormemente la  sensibilidad del Ártico al calentamiento en los períodos interglaciares.