Una enorme extensión está destinada a convertirse en un privilegiado centro residencial cerrado y de deportes de alto nivel. Con dos canchas de polo, una completa de golf y varias pistas de tenis. En la principal cancha de polo hay una gran actividad. Se disputa la Copa Rusia. Participan jugadores rusos, argentinos, chilenos, norteamericanos y peruanos.

Los polistas 'varean' sus petisos, algo más altos que los que se usan la Argentina, preparándolos para el partido que comenzará en algunos minutos.

Bajo los toldos, los mozos sirven sushi y bebidas a mujeres elegantes y bellas, que compiten en vestimentas, sombreros y altísimos tacones.

Carlos Dezeo, 'petisero' de 59 años, separado, al costado del campo, cerca de las tablas, observa cómo se ejercitan los jinetes. 

Hace algunos años fue contratado para cuidar los petisos en la finca de un poderoso hombre de negocios en Rusia, a tres horas y media de Moscú, puntualiza Carlos con cierta desesperación.

El poderoso hombre de negocios, de riguroso blanco y con un sombrero aludo también blanco, se pasea junto con su esposa por las inmediaciones. Vaso de whisky en la mano, recibe saludos y entabla breves y amables conversaciones.

El trabajo de Carlos no difiere mucho del que hacía en La Pampa. Cría, cura, entrena, pone su ojo experimentado en cada caballo, alimenta. Sólo que pasó de cuidar petisos en el país con mayores handicaps del mundo, a atenderlos en una Rusia desolada, desierta y sin competencias. Su mayor diversión, cuenta, es venir a estos esporádicos encuentros diletantes en alguno de los dos clubes de polo que hay en las afueras de Moscú.

Hernán Traverso, polista y mánager de uno de los clubes, define la actualidad del “deporte de los reyes” en Rusia: “Hoy por hoy es el hobby de un grupo de jugadores, no más de 15, que está tratando de crecer lentamente”. Dice que no es indispensable que sea un deporte caro y que es accesible para personas con trabajos 'normales'. Además, Rusia tiene toda una historia de caballos. Incluso hasta principios del siglo pasado se llegó a jugar polo.

Un poco de historia...

En Rusia el polo apareció hacia mediados del siglo XIX, bajo el reinado de Alejandro II. Se practicaba, sobre todo, entre los jóvenes oficiales de caballería del ejército zarista. Ahora, en verdad la compra de “petisos” de polo es una muy rentable actividad comercial que desarrollan importantes hombres de negocio argentinos. En algunos casos, en subastas en Inglaterra o en la India, se ha llegado a pagar más de diez mil dólares por cada ejemplar. Un polista debe tener varios caballos preparados y, además, equipos de juego que también son caros. Los productos de los talabarteros argentinos son los más codiciados.

Conversamos con Carlos Dazeo, que está a cargo de los petisos de polo en Rusia.

 ¿Existen establecimientos para la crianza de petisos?

Nosotros estamos desarrollando crianzas con yeguas argentinas retiradas por edad o por lesiones. De hecho también hicimos una experiencia con trasplante embrionario en 2008 con el doctor Ignacio Díaz, un especialista que vino desde Argentina y funcionó, sólo que la capacidad del club para la recría, doma y entrenamiento tiene un límite, por eso decidimos hacerlo a menor escala y la verdad es que está funcionando bastante bien.

Rusia Hoy ha visitado dos espléndidos establecimientos, no lejos de Moscú, donde se practica este deporte. Desde luego, se trata de prometedores proyectos que, en torno a las propias canchas de polo proponen desarrollar todo un complejo de barrio privado. En el caso del Club Presidencial se trata además de golf y tenis.

Alexéi Semeniáchenko, el joven empresario promotor del Club Presidencial, se mueve entre los presentes mostrándole las maquetas de lo que serán las instalaciones y el sector residencial. Emprendedor y dinámico, Alexéi ha desarrollado importantes proyectos en Rusia y en otros países. Ahora acaba de confesar su enamoramiento por la Argentina y su decisión de invertir en proyectos en ella.

Es patrocinador de deportes de gama alta y de las artes: Fórmula 1 y ballet, por ejemplo. En combinación con la Administración Presidencial rusa aplica ahora esa pasión a concretar el proyecto del polo en Russa.

La maestría de los polistas se mide por el hándicap que se le adjudica. Los más diestros llegan al 10 de hándicap. ¿Cuánto falta para que en Rusia existan verdaderos torneos de polo, además de encuentros esporádicos? ¿Existe la posibilidad de que haya polistas rusos con hándicap?

Alexéi declara: “Ya hay torneos y polistas rusos con hándicap, pero ambas cosas son por el momento de bajo nivel. Llegarán a competir internacionalmente los chicos que están empezando ahora, de entre 7 12 años. Siempre que ellos estén dispuestos a dedicarle el tiempo que haga falta, y los padres a hacer la inversión necesaria”.

Carlos Dazeo sigue deambulando por las instalaciones del lujoso Club Presidencial. Aplaude cuando el embajador argentino en Rusia, Juan Carlos Kreckler, entrega la copa a los vencedores. Pasea su mirada por todos los presentes y confiesa su soledad.

Lo hago porque pienso volver a la Argentina con un buen dinero e instalarme allá, en La Pampa.

Una imagen distinta a la de Hernán Traverso, que tiene otro punto de vista.

“El mercado ruso del polo va a crecer. Mi objetivo es hacerlo llegar lo más lejos posible en todos los sentidos”.

El torneo finaliza, Carlos Dazeo emprende el largo camino hacia Russa, a tres horas y media de Moscú. Su patrón, el hombre de blanco, se mete en el largo Mercedes último modelo y también parte. Alexéi Semeniáchenko sigue convenciendo a futuros inversores y, de paso, informa sobre la celebración del torneo femenino, a mediados de julio.

Es posible imaginar la concreción de su sueño, que es el mismo que tiene Hernán Traverso: lograr que Rusia se convierta en uno de los centros mundiales de polo. En ese cometido, sin duda, tendrán la ayuda y el entusiasmo de los polistas sudamericanos.