Después de 3 años de descanso se han reanudado las apuestas en el Hipódromo Central de Moscú (TSMI). De esta manera podrá apostarse en otros hipódromos que entren en el mismo sistema de apuestas de caballos. Para la industria nacional equina (en la que se incluye la hípica, la cría de caballos y las carreras) se trata de un hecho significativo: a día de hoy hay beneficios, lo que significa que hay medios para el desarrollo de los establos y los hipódromos. 

La inauguración del sistema de apuestas en el TSMI no es algo nuevo para el mercado ecuestre ruso. Las apuestas aparecieron por primera vez en el hipódromo moscovita en 1876 y desde ese momento se detuvo en tres ocasiones: durante la Segunda Guerra Mundial, después de un incendio en 1949 y en otoño del 2008. En particular, de acuerdo con la ley federal 244 sobre la regulación de los negocios relacionados con los juegos de azar, las apuestas de caballos se incluyeron dentro de este tipo de juegos por lo que solo podían llevarse a cabo en determinadas zonas especiales.

El cierre de las apuestas hizo que el sector equino se quedase sin ingresos adicionales, lo que estuvo a punto de derivar en bancarrota. Aunque el año pasado el presidente de la Federación Rusa firmó un decreto sobre la restauración de las apuestas de caballos. 

Sin embargo, los únicos que podían dedicarse a este negocio eran los hipódromos privados. Como en Rusia hay pocos hipódromos de este tipo, no se pudo salir del estancamiento. La aparición de una nueva agencia gubernamental se convirtió en una salida para los hipódromos rusos. Esta compañía reunía a 27 establos estatales y 21 hipódromos (según datos del Ministerio de Agricultura el país cuenta con 34 establos estatales y 24 hipódromos) y ganó el derecho a llevar a cabo apuestas de caballos. En junio 'Hipódromos de Rusia' firmó un contrato con 'Sportbet', importante casa de apuestas. La inversión en el nuevo proyecto podría alcanzar más de 20 millones de dólares en cinco años. 

El subdirector general de 'Hipódromos rusos', Vladímir Zhukovski, propone establecer en Rusia un sistema de apuestas e integrar el país dentro del sistema internacional ecuestre. “Tenemos que esforzarnos. Cuando llegas a la pista de carreras de Hong Kong o Dubai y piensas: 'Me gustaría poder ser un caballo'. El hipódromo es un lugar especialmente diseñado para el entretenimiento y el descanso y es agradable estar con la gente y los caballos”. 

Si hablamos del hipódromo de Moscú, se trata de un territorio extenso y su ubicación cerca del centro de la ciudad lo ha convertido en una zona urbana. En él tienen lugar diversos eventos públicos. 

La apuesta máxima legal en las carreras no está delimitada y el mínimo es de 100 rublos (unos 3 dólares). Pero incluso esto les parecía un precio elevado a muchos, por lo que los organizadores están planeando reducirla a 50 rublos. “Como sabe, el público aquí es muy diferente. Las apuestas están prohibidas, pero muchos todavía siguen jugando de manera ilegal. Algunos de los visitantes que van en la actualidad a los hipódromos tienen entre 70 y 80 años. Usted puede verlos, se sientan en la tribuna”, dice el director general de 'Hipódromos rusos', Konstantín Gusakóv. 

Es cierto que en la tribuna se sientan un grupo de ancianos aficionados. Se puede ver como ven las carreras, algunos gritan, gesticulan con entusiasmo y agitan los programas. En general, el visitante prototípico de un hipódromo suele ser un hombre mayor de 45 años, por alguna razón, muchos de ellos llevan bigote, gafas y sombreros. Apenas se ven mujeres. 

 “¿Y qué beneficio puedo obtener si hago una apuesta?”, le pregunto a Vladímir Zhukovski. “Dependiendo del número de personas que juegue. Mira, el hipódromo de Moscú cuenta con capacidad para 10.000 personas. En la carrera participan diez caballos. Supongamos que todo el mundo sabe qué caballo es el favorito, por eso 2.000 personas apuestan por él. Pero el favorito ayer tuvo un mal día, durmió mal y comió algo que no le sentó demasiado bien, por lo que gana el caballo por el que sólo dos personas habían apostado. A continuación, la máquina recoge el dinero de las 2.000 personas y lo reparte entre los dos ganadores”.

A fin de mantener todo el sistema son necesarias grandes inversiones. Estoy tratando de averiguar qué porcentaje de la apuesta se destina al premio y qué queda para el desarrollo de la pista de carreras. “No hay secretos. De media, el casino toma un 4%. En la época soviética, la pista se quedaba del 25% al 38%. Y lo que pretendemos hacer ahora, al igual que en todo el mundo, es que los organizadores se queden con un 15%, aquí también se incluye el coste de la pista y la cantidad restante va dirigida a los premios”. 

 “¿Y qué parte de las apuestas le queda a usted?”, pregunto. “El placer. Soy criador de caballos, mi jinete recibe los premios, pero los ingresos son mínimos. Puede que en total reciba algo más, pero en general, cuanto más desarrolladas estén las carreras de caballos, habrá más gente que querrá comprar nuestros caballos. Las apuestas ayudan a definir el precio de un caballo. Tenemos uno que ha ganado once veces consecutivas y cuesta entre cuatro y cinco millones de euros, sin embargo podría costar aún más. Gracias a las apuestas vamos a criar más razas de caballos rusos que han perdido su lugar en el mundo, pero que aún se pueden recuperar. Este es el caso del Orlov de trote, de caballos pura sangre y los caballos árabes que han nacido y se han criado en establos de Rusia”.

Un poco más tarde se me acerca una mujer. Trabaja en una revista especializada en hípica y ve la situación con escepticismo: “El principal problema del mercado equino es la falta de información: quiénes son los criadores, cuál es la calidad del caballo según del establo del que procede, en qué se distinguen los jinetes y cómo funcionan las apuestas. Actualmente podemos encontrarnos con personas que invierten en los establos que se dedican a la cría. Pero yo no entiendo por qué creen que irán corriendo a comprar sus caballos, si no hacen ningún movimiento a la hora de desarrollar su producción. Se debe invertir en el mercado y desarrollarlo. Lo mismo ocurre con las apuestas que engañan a la población diciendo que pueden ganar un millón. La gente irá una o dos veces, pero luego ya no querrán volver”.

“¿Y cómo se puede convertir esto en un fenómeno de masas?”, pregunto interesado. “En primer lugar es necesario bajar el precio de la entrada al hipódromo, ya que para muchos 300 rublos resulta caro (unos diez dólares), explica la mujer. “También hay que crear días de puertas abiertas y organizar eventos corporativos. Lo he visto en otros países: la gente va al hipódromo en grandes grupos, se divierten y pueden hacer más apuestas”.

Versión abreviada. Texto original publicado en la revista Expert