“Rusia está interesada en desarrollar relaciones económicas con África, pero no tiene demasiado que ofrecer”, afirma Filátova. “Y no sabe muy bien cómo ofrecer lo que efectivamente tiene. En realidad, hay proyectos bastante buenos allí en África”.

A pesar de que Sudáfrica forma parte ahora del grupo de los BRICS, esta asociación se centra más en las relaciones políticas globales que en conectar a Rusia con África.

“Esto es, según la conocemos, se trata de una ideología cuyo objetivo es cambiar el orden económico (y político) del mundo”, dice Filátova sobre los BRICS. “No existe ninguna otra asociación estratégica entre África y Rusia, y es imposible que llegue a existir porque Rusia no da importancia a sus lazos económicos con el continente africano”.

Lesley Masters, investigador titular del Instituto para el Diálogo Global de Sudáfrica, dice: “La relación de África con Rusia ha sido difícil, especialmente en lo que respecta a la construcción de lazos económicos. Las relaciones tienen que ser más visibles y abiertas para promover mayores intercambios de diferentes sectores entre África y Rusia. En África no hay un entendimiento suficiente en lo que concierne a Rusia”.

Mucho más que economía

Desde la perspectiva rusa, trabajar con África conlleva importantes implicaciones geopolíticas. Los 54 países del continente representan un bloque de votos clave en las estructuras de gobierno global. Sin embargo, los esfuerzos de Rusia en la región hasta la fecha han sido débiles y limitados.

Shaabani Nzori, un experto en relaciones entre Rusia y África afirma que el presidente ruso, Vladímir Putin y su gabinete de política exterior son muy pragmáticos; por tanto, los líderes africanos deben adoptar una actitud empresarial para trabajar con ellos.

“Nuestros líderes deben decir exactamente lo que quieren y lo que esperan de Rusia, lo que están dispuestos a ofrecerle a cambio, y formularlo de la manera más clara posible, sin ningún tipo de adorno”, afirmó Nzori en una entrevista poco después de la toma de posesión de Putin en Mayo.

“En lo que respecta a los recursos minerales africanos, y la intención de Rusia de participar en su exploración y explotación, debemos mantenernos firmes en nuestros principios y no dejar que los rusos determinen la agenda de cómo van a ser explotados y gestionados”, afirmó.

“Hasta la fecha, continúa Nzori, las autoridades africanas han fracasado en el intento de utilizar los recursos minerales como comodines para negociar mejores condiciones en los contratos con socios extranjeros, no solo para la explotación y gestión de los yacimientos, sino también para llegar a otras esferas de la cooperación económica, técnica y tecnológica, por ejemplo, en acceder a la tecnología y gran experiencia rusa para la generación de energía nuclear, o en cambiar recursos naturales por participaciones accionarias en empresas rusas.

La herencia de Medvédev

“Medvédev realizó algunos intentos para cambiar esta tendencia”, observó Obasekola. “Llegó incluso a nombrar un nuevo embajador especial para asuntos africanos, Mijáil Margélov, para recopilar ideas nuevas en las relaciones entre Rusia y África. Por su parte, Margélov organizó un foro empresarial en Addis Abeba, visitó países del sur y este de África, anunciando inversiones rusas a bombo y platillo, pero obtuvo pocos resultados. A pesar de esto, las relaciones ruso-africanas aún deber ser potenciadas al máximo”.

En junio de 2009, Medvédev fue el primer líder ruso que realizó una visita oficial a Nigeria durante la cual se firmaron seis acuerdos bilaterales, con el objetivo de fomentar y reforzar la relación estratégica entre los dos países.

Cuando Medvédev regresó de este viaje, el entonces presidente de Rusia declaró que esta visita tendría que haberse realizado mucho antes, pero que no era demasiado tarde para que Rusia desempeñase un importante papel en el continente africano. Haciendo balance de este viaje, comentó con franqueza que Rusia “casi llega tarde” a la cooperación con África. “Tendríamos que haber empezado a trabajar mucho antes con nuestros socios africanos; África está esperando nuestro apoyo”, afirmó entonces.

“Nuestra política será amigable, pero pragmática al mismo tiempo”, aseguró Medvédev, señalando además que la Unión Soviética “siempre mantuvo una actitud amistosa hacia los países africanos, ayudándolos a conseguir la independencia”. Pero, a pesar de esos lazos, especialmente en el caso de Namibia y Angola, la influencia de Moscú se ha desvanecido desde el colapso de la URSS, y estos países se han dirigido hacia EEUU y China.

El interés de las grandes potencias mundiales en África se discute activamente en este continente, y durante su visita, Medvédev declaró que “También nosotros nos implicaremos”.

Ana Cristina Alves, investigadora titular de poderes globales y África en el Instituto Sudafricano de Asuntos Internacionales de Sudáfrica, y profesora de la Universidad de Witwatersrand en Johannesburgo, declara,“La impresión que tengo es que la relación de Rusia con África está siendo dirigida en su mayor parte por intereses privados para explotar recursos naturales, sin ningún apoyo del Gobierno ruso”. “La gente habla de China, India y Brasil en África. Rusia rara vez aparece en las discusiones académicas que mantenemos aquí”.

Desde la perspectiva rusa, las dificultades de hacer negocios en África podrían eclipsar los posibles beneficios. Andréi Petrov, fundador de Nueva Iniciativa Africana, una organización sin ánimo de lucro que trata de cambiar las opiniones negativas sobre Rusia y de ayudar a los inversores rusos en África, comentó que el mayor problema al que se enfrentan las compañías rusas en sus inversiones en el extranjero es la ausencia de un sistema para obtener financiación del Gobierno o de instituciones comerciales.

Además, hay que tener en cuenta los riesgos políticos de invertir en el norte de África. A raíz de los recientes acontecimientos en Libia, el Ferrocarril Ruso perdió varios proyectos, incluyendo la construcción de la línea Bengazi-Sirt, con un coste total de 2.700 millones de dólares. Petrov añadió que es muy difícil competir con China, muy dinámica y activa en el continente africano, y que cuenta con una financiación muy asequible y en cantidad suficiente para hacer frente a casi todos los proyectos de inversión que se planean en África.

En sus informes, Rex Essenowo, un analista económico con sede en Moscú, dijo que Medvédev prestó mucha más atención a las políticas económicas entre Rusia y África durante sus cuatro años en el cargo que Vladímir Putin en sus ocho años de mandato. Los empresarios y líderes políticos de ambas partes están esperando ahora para ver si Putin va a continuar o no con el compromiso adquirido por Medvédev. Putin visitó solamente Sudáfrica y Marruecos durante sus ocho años de presidencia, de 2000 a 2008.

“Déjenme señalar, brevemente, que Sudáfrica está muy lejos de ser la abanderada en la determinación de las políticas económicas de África y la integración con Rusia, si se mira en el contexto del potencial que Rusia y África tienen”, advirtió Essenowo. “No nos faltan los recursos para potenciar la relación, pero la voluntad para hacerlo se ha pospuesto o ignorado completamente”.

Essenowo señaló también que se han celebrado numerosas reuniones bilaterales y a nivel regional entre Rusia y los EE UU, la Unión Europea y las naciones del sudeste asiático, pero que no ha habido una sola cumbre ruso-africana de alto nivel. Essenowo cree que aún existe la posibilidad de reavivar las relaciones entre Rusia y África si las naciones africanas trabajan juntas con el objetivo de fortalecer estos lazos.