Vladímir Putn ratificó el acuerdo suscrito en noviembre del año 2010 en la ciudad japonesa de Yokohama, y que cubre un amplio espectro de las relaciones entre ambos países. Por su parte, en Chile está en proceso de aprobación legislativa, encontrándose en estos momentos en primer trámite constitucional de la Cámara de Diputados.

Según fuentes oficiales del Kremlin, el acuerdo tiene como objetivo la “promoción del crecimiento económico y el desarrollo sostenible de ambas naciones, así como la coordinación de los esfuerzos para buscar soluciones a los problemas ambientales globales.”

Y hace especial hincapié en dos asuntos: la lucha contra el terrorismo, el tráfico de armas y estupefacientes y el acercamiento económico y comercial.

Este acuerdo marco de cooperación, dice el comunicado del Kremlin, debe servir para fortalecer “la lucha contra el terrorismo internacional, incluyendo su financiación, el crimen organizado transnacional, y el tráfico ilegal de armas, drogas y sustancias psicotrópicas”.

En general, el fortalecimiento de las relaciones entre ambos países se enmarca en una estrategia muy clara para Moscú: la de garantizar su presencia en América Latina, el antiguo 'patio trasero' de Estados Unidos, que ha sido paulatinamente abandonado por Washington en la última década de lucha contra el terrorismo global, y a quien la Unión Europea ha dejado atrás en medio de su propia crisis económica.

En materia de lucha antiterrorista se espera que Rusia, además, pueda aportar toda la experiencia adquirida durante las últimas dos décadas en la lucha contra las mafias organizadas que han extendido sus redes por toda Europa.

En materia de seguridad, Rusia está apostando por convertirse en el principal proveedor de armamento de los países de la zona. El año pasado vendió material bélico por valor superior a los 12.000 millones de euros y uno de sus mejores clientes es Venezuela.

Ahora, en su proceso de expansión por la región, quiere también establecer contratos de venta de armamento con Chile, Argentina o Brasil, según fuentes oficiales de la cooperación armamentística rusa Rostejnologuii.

Moscú y Santiago tienen mucho que ofrecerse mutuamente. Chile ha trabajado muy duro en la última década para posicionarse como la economía más sólida de Latinoamérica, y eso le ha costado no pocas enemistades con sus vecinos en la región.

“La pérdida de la hegemonía rusa en sus áreas de influencia tradicionales, al socaire de una apertura hacia la Unión Europea de algunas zonas que estaban más allá del denominado del telón de acero, obligan a la Federación a procurarse otras relaciones, esta vez más allá del Atlántico”, explica Aguilar a Rusia Hoy.

“Por proximidad geográfica con Brasil, Chile ya goza de una posición destacada en Sudamérica por pertenecer al Grupo de Río. Además, Piñera ve reforzada su influencia en la zona al procurarse un socio de la magnitud de Rusia”, declara.

Acercamiento comercial

En los últimos años, Rusia y Chile han encontrado maneras de acercarse comercialmente. Si Moscú quiere vender armamento, Chile quiere vender frutas, salmón o cobre.

En el año 2008, la balanza comercial entre ambos países ascendió a 380 millones de dólares. Hoy en día, para Rusia Chile es un mercado más importante incluso que España, en sectores como el de la fruta.

En Chile, la fruta es un elemento clave de la cesta comercial. Las exportaciones de este producto ascienden a 4.141 millones de dólares en el año 2011, muy por debajo a la de las exportaciones de cobre que fueron 44.000 millones en 2011. Y Rusia es el principal comprador de fruta de toda Europa.

Y también es un mercado clave para la exportación del salmón, del que Chile ocupa es el principal productor del mundo, con una producción basada fundamentalmente en cultivos, de alto nivel de tecnología aplicada.

La ratificación llega menos de un año después de que Rusia y Chile pusieran en marcha un acuerdo que permite a sus ciudadanos viajar entre ambos países sin necesidad de visado por periodos de tiempo inferiores a tres meses, firmado el 24 de septiembre del 2010.

El acuerdo marco de cooperación representa un avance importante en las relaciones entre ambos países.

Aunque muchos no lo sepan, Chile y Rusia son países fronterizos. Comparten fronteras comunes en la Antártida. Y su relación, cada vez más fuerte, fortalecerá la presencia de Moscú, y sus intereses, en nuevos países de Sudamérica.