El continente Antártico fue descubierto en 1820  por los navegantes rusos Faddey Bellingshausen y Mijaíl Lazarev. Ellos, desafiando los vientos y el oleaje, recorrieron la costa en dos barcos a vela: el 'Vostok' (Oriente)  y el 'Mírnii' (Pacífico).

Puede ser que la conquista posterior del Continente Blanco tenga que ver con los nombres de aquellos barcos. De hecho, 'Oriente' suele evocar cuestiones transcendentales  y de fe, que ayudan a superar las diferencias entre las personas.

Con respecto a 'Pacífico', hoy en día los científicos de los 11 países que realizan sus investigaciones en la Antártida, no solo conviven entre los hielos ayudándose mutuamente, sino que también comparten sus ratos de ocio. Es importante mencionar que en los años 80 el territorio antártico fue declarado Zona Libre de Armamento Nuclear.

 

Al principio fue el Verbo

 

Resumiendo al estilo bíblico: primero fueron 'Vostok' y 'Mirnii'. Dos nombres, dos conceptos, dos barcos. Alrededor todo era confusión, vientos heladores de los glaciares, temperaturas de hasta 89° bajo cero y algo de actividad sísmica. Después, en 1904, los argentinos fundaron 'Orcadas', la base antártica más antigua que todavía hoy sigue funcionando. Dios lo vio y le pareció bien. Entonces fueron llegando otros.

En 1956 volvieron los rusos y fundaron su primera base. Le pusieron como nombre  'Mírnii', en recuerdo de uno de los barcos. Después fueron adentrándose en el continente y a 2.500 km de 'Mírnii' fundaron la base 'Vostok'. En una planicie nevada, donde el frío llega a 87° bajo cero, y, como cuenta el Padre Sergio Yúriev, uno de nuestros interlocutores, la gasolina se convierte en jalea, mientras el aceite Diesel toma la consistencia de una masa de repostería.

Pero Dios habrá visto todo esto y le habrá parecido bien. Actualmente hay cinco bases rusas permanentes en Antártida. Entre ellas está la estación 'Bellingshausen', donde el padre Sergio pasó dos años oficiando el culto. Allí, en la Isla Rey Jorge, se encuentra la primera Iglesia Ortodoxa del continente. A este joven sacerdote no le toco realizar solamente trabajos divinos, sino también humanos. Con unas condiciones de vida tan duras, era necesario compartir todas las actividades de los habitantes de la base.

“Es un lugar muy especial, a veces hay circunstancias difíciles y la gente pasa por momentos de quiebra. Entonces se necesita apoyo moral y la fe resulta indispensable. La misión de un religioso en estos casos es apoyar los corazones”, dice el padre Sergio.

 

El 'milagro' de 'Bellingshausen'

 

Cuenta el padre Vladímir Petrakov, actual presidente de la fundación 'Antártida', que también pasó largos períodos en 'Bellingshausen', declara: “Después de la caída de la Unión Soviética, muchas estaciones antárticas empezaron a cerrarse por falta de financiación y la suerte de 'Bellingshausen' era incierta.

En aquel entonces el encargado de la base entonces era Oleg Sájarov, que no era ortodoxo, pero sí una linda persona. Un día se le ocurrió construir una iglesia en el lugar. La idea consistía en crear algo de ruido en los medios, conectar a las autoridades religiosas con el asunto y de esa manera ya no sería tan fácil cerrar la estación”.

El plan tuvo éxito. El Santo Patriarca Alexis II dio su bendición al proyecto y la financiación apareció muy rápidamente gracias a Piotr Zadírov, director de la línea aérea que realizaba los vuelos a Antártida y a la participación de Yuri Neélov, que suministró la maquinaria pesada para los trabajos de construcción.

La iglesia se construyó por partes en la ciudad siberiana de Barnaul. Para la preparación y el tallado de las piezas se usó madera de cedro y alerce, especialmente estacionada durante un año. Después las partes se llevaron en camiones hasta las costas Bálticas, y desde ahí fueron enviadas por barco a la isla antártica de Rey Jorge.

Fueron ocho personas solamente las que terminaron de armar el templo en suelo austral. Debido a las condiciones climáticas y al nivel de complejidad de los trabajos, se puede considerar que la construcción fue un auténtico milagro humano. La Iglesia de Santa Trinidad tiene 15 metros de altura y un aforo de 30 personas.

Y Dios lo vio y le pareció bien

 

El pasado 24 de junio, en la Iglesia Ortodoxa del Patriarcado de Moscú de Buenos Aires se realizó un encuentro entre los sacerdotes 'antárticos', los medios de comunicación y todos aquellos que querían conocer más de cerca la historia y la actualidad de la misión en la Isla Rey Jorge.

Encuentro de sacerdotes ortodoxos. Fuente: Vladímir Petrakov.

El encuentro contó con el beneplácito del Arzobispo de la Iglesia Ortodoxa Argentina y Sudamericana, el padre Platón, que dejó la organización del evento en manos de sus colaboradores y de los compatriotas rusos del Centro Cultural 'Sadkó'.

La acción estuvo enmarcada dentro del programa estatal ruso titulado 'Rumbo a los 200 años del descubrimiento de la Antártida' y orientada a la difusión de la importante labor científica y humana llevada a cabo por los rusos en el Continente Blanco. El tema toca más de cerca a los compatriotas que viven en el Cono Sur y, en su caso, es importante para reforzar el sentimiento de identidad nacional.

El encuentro con el padre Sergio y el padre Vladímir fue amenizado por los testimonios de otros rusos y argentinos que han tenido la oportunidad de viajar hasta la Antártida, por los versos de Violetta Metélitza, una poeta rusa que vive en Buenos Aires y por la escenografía sobre los pingüinos antárticos realizada por dos de las parroquianas más pequeñas.

Reunión de fieles. Fuente: Ana Novikova.

Tatiana Tíshenko, una de las organizadoras del encuentro y también profesora de las pequeñas artistas, contó a Rusia Hoy que dentro del programa 'Rumbo a los 200 años del descubrimiento de Antártida', en el 2013 se planea una exposición de pintura. “Ojalá nuestros niños puedan participar, tienen tanto talento!”. De eso no cabe duda, les deseamos suerte.