En Oimiakón incluso el agua se comporta de una manera extraña: el río no se congela a una temperatura de 60º bajo cero. Pero esto no es ningún truco de brujería o chamanismo, lo que pasa es que hay una capa de hielo de hasta 1.500 metros bajo tierra. Cuando el suelo congelado aumenta de volumen, debido a presión las aguas subterráneas salen a la superficie.

 

 Oimiakón, en la lengua de los tunguses que habitan la región significa 'río que no se congela'. Aquí no sopla el viento, el tiempo siempre es soleado y la tundra cubre el valle que hay entre las montañas por donde vagan tranquilamente caballos peludos de la altura de un pony de circo. No se parecen en nada a los caballos de carreras que conocemos: en invierno su pelaje llega a los 10 centímetros de largo, y la crin cubre el lomo, además del cuello. Desde la distancia este tipo de caballo se puede confundir fácilmente con un oso. Estos caballos yakutos son únicos y están emparentados con los mamuts. Para la población autóctona, los tunguses, estos caballos son aus fieles aliados en la supervivencia.

 

Un ambiente extremo

Según los científicos, si los mamuts hubieran conseguido sobrevivir hasta nuestros días vivirían en las inmediaciones de Oimiakón. En los mapas meteorológicos de todo el mundo se señala al pueblo yakuto como el polo del frío del Hemisferio norte. Verjoyansk también lucha por conseguir el título del sitio más frío. Aquí se registró un mínimo absoluto de 67,8º bajo cero en febrero de 1892, cuando en Oimiakón todavía no se registraba la temperatura. No hay que creerse la cifra de 71,2º bajo cero presento en todos los recuerdos de Oimiakón: se trata de una cifra teórica que fijó el académico Serguéi Obruchev en 1926 como el posible punto más bajo de la caída de temperatura.

En un clima tan frío, si la cara no está protegida se puede congelar en unos pocos segundos, incluso con un poco de viento. El mercurio de los termómetros se congela y si echamos un poco de agua hirviendo en una taza y la esparcimos por el aire, se formará una nube de nieve. Poner en marcha el coche a estas temperaturas tan frías es un trabajo muy laborioso. Los automóviles extranjeros no se pueden encender y solo es posible poner en marcha los coches rusos Ural o UAZ con la ayuda de la llama de una lámpara de soldar. En un coche recién calentado hay que conducir los primeros kilómetros en línea recta, porque si se gira la cubierta puede salir volando.

 

Sin embargo, en unas condiciones que parecerían infrahumanas, la población local se las ha ingeniado para lograr un compromiso con la naturaleza y es conocida por la longevidad de numerosas personas. Probablemente haya una serie de factores que influyen en la esperanza de vida: aire y agua completamente limpios, un modo de vida activo y una comida saludable. La base de la alimentación son el pescado, la carne de caballo y los productos lácteos. La población autóctona compensa la falta de fruta con la recolección de bayas silvestres.

 

El tungús Andréi Danilov, que toda su vida ha trabajado como pastor de renos, tiene 102 años. Han dejado de hacer viviendas con la piel de reno, y por eso pasa la noche en una tienda de lona impermeable a temperaturas gélidas de 70º bajo cero. Aunque todavía conserva un buen estado de ánimo. Su padre murió a la edad de 117 años y su madre a los 108.

 


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Los amigos de Andréi, la pareja Arián y Afrosinia viven en una yurta. Hace poco, a la edad de 90 años adoptaron una niña. La pareja nunca tuvo hijos. Ahora Arián y Afrosinia se dedican a apacentar el ganado. Cuentan que nunca han estado enfermos. La pareja está convencida que su buena salud es gracias a dos productos lácteos locales: el 'jayak' y el 'kiorchej'. El 'jayak' recuerda por su gusto y color a la mantequilla grasa. La receta del 'kiorchej' se parece a la de un helado: la leche fresca de vaca se bate con bayas y la masa que se obtiene se congela y se hacen dulces.

 

No obstante, el plato más conocido en Oimiakón es la 'stroganina', una especie de sashimi siberiano que se come congelado. El proceso de preparación empieza con la pesca. Este plato se prepara sólo con peces de las razas más exquisitas, como el esturión, el omul o el chira, pescados bajo el hielo. Los tunguses matan al pez recién pescado con un golpe seco y lo dejan congelar, pero lo van enderezando  constantemente porque si se congela torcido será difícil alisarlo.

 

La 'stroganina' se come de forma parecida al jamón español, cortado en capas finas. Cuando se mete el pescado congelado en casa, en seguida empiezan a alisarlo y a cortarlo en láminas finas (strogat’, de aquí viene su nombre). Hay que cortarlo de tal forma que quede una fina capa discontinua de grasa subcutánea, que es precisamente donde están los ácidos Omega 3 que refuerzan el corazón y ralentizan el envejecimiento.

 

Todos estos platos no se pueden preparar, ni tan siquiera llevar, a una ciudad del sur. Existen exclusivamente como una parte integrante de la vida del norte, al igual que el sol cegador, los renos centenarios y los caballos que parecen osos.