¿Cómo denomina a su estilo?

Tengo un término especial: 'soul kitchen'. 'Soul' (alma, en inglés), porque todas las fotografías se crean con la participación de los recursos del alma. Y 'kitchen' (cocina, en inglés), porque, a pesar de todo lo sagrado del arte, es un esquema mediante el cual se selecciona a los personajes y se prepara un guión gráfico.

A menudo utilizo el fotomontaje. Por ejemplo, para llevar una jirafa al lado de la Iglesia de la Intercesión de Nerl tuve que gastar todos mis ahorros. Normalmente alguno de los componentes que aparecen en mis fotografías es difícil de combinar. Si la fantasía está por delante de tus posibilidades, ¿por qué no utilizar la técnica?

 ¿Qué te lleva a combinar en tu obra elementos que son incompatibles en la realidad?

En primer lugar, la estética de contrastes. Cuanto más elementos incongruentes combinas, más interesante es la fotografía. Un coro caucásico y una iglesia ortodoxa, animales exóticos y naturaleza de Yaroslavl. Si se realiza está combinación con estilo, como en los mandalas tibetanos, el resultado es fascinante. Además, los personajes principales son, o bien personas de culto o alguien completamente desconocido. Cuando preparo estas mezclas en mi 'cocina' me doy cuenta de que mezclando elementos contrarios se crea armonía. Además, en parejas queda mejor que por separado.

¿Cómo surgió la idea 'Takeshi Kitano y otros iconos'?

Con miedo y asumiendo el riesgo, imprimí unas 100 máscaras con el rostro de mi director favorito: Takeshi Kitano. En ese momento me pareció interesante ver cómo quedaría esa imagen duplicada. Fui a mi antigua escuela en Yaroslavl, me cedieron 15 minutos de una clase y repartí las máscaras a los niños. Se las pusieron y los fotografié. El tamaño de las máscaras era de 30x40 cm: la medida estándar de la cabeza de una persona. En los niños se veía grotesco.

En tus fotografías, ¿aparece siempre Rusia como un país positivo y apacible?

Mientras más se introduzca un fotógrafo en las lejanas tierras de Rusia, habrá cada vez más cosas que capturen su atención. En mis fotografías de Rusia, mi patria, hay sol, aire y agua. No hay ni una pizca de la 'depresión rusa' ni de esa resaca innata.

En la actualidad, ya hay suficientes fotógrafos dedicados a los 'males sociales'. Evidentemente, la fotografía tiene que cubrir estos problemas, pero no hay que quedarse sólo con esa imagen de Rusia.

En su opinión, ¿cómo hay que hablar de Rusia en Occidente?

Rusia se encuentra en una encrucijada de culturas. Actualmente, con la cultura rusa tradicional se han mezclado muchos elementos de las culturas caucásicas y asiáticas. Rusia nunca será un país europeo por completo, y esto es genial. Es fascinante cuando una nación conserva su identidad, aunque absorba características de culturas diferentes mezclando lo imposible de mezclar. Me encantan este tipo de países. Es una identidad llena de contrastes, como en Georgia o la India. Se diferencian por completo de sus países vecinos y los eclipsan con su diversidad.

¿Cómo hablar de nuestros rasgos nacionales?

 ¡Sin miedo! Hay lo que hay. La nuestra es una mezcla de salvajismo, que a veces puede avergonzar, y sinceridad, de la que carecen muchos países. Una mezcla de nuestro concepto de seguridad y un romanticismo temerario; de glamour con el provincianismo típico de los pueblos  rusos. Hay que mantener estos contrastes. Son nuestra ventaja a la hora de competir. ¿Por qué les gusta a los extranjeros vivir en Rusia? Pues porque este país emana vida. Sí, de acuerdo, hay pobreza, es cierto que no siempre es seguro, ¡pero por eso mismo no es aburrido!