Unos 200.000 ciudadanos rusos pasaron por el parque el año pasado, una cifra que representó un aumento de un tercio respecto al año anterior y que el director general de la instalación, Fernando Aldecoa, no duda en calificar de “avalancha”. Muchos se alojaron en los hoteles del recinto y en determinados momentos las 2.000 habitaciones resultaron insuficientes. “Nos faltan camas”, reconoce Aldecoa. Para el 2012, la perspectiva es inmejorable y se espera que se mantenga el crecimiento por encima del 30%.

Si se confirma la tendencia, los rusos podrían convertirse en la segunda nacionalidad extranjera que más visita el parque, tras los franceses y por delante de los británicos. Con todo, el turista nacional sigue siendo el principal y con creces. Un 70% del público de PortAventura es español y es el que permite al parque mantener la crisis a raya. En total, visitaron el año pasado esta instalación 3,7 millones de personas. Es el parque temático más visitado de España.

Estas cifras tienen mucho que ver con el aumento general de turistas rusos que se ha registrado en la costa española. En 2011 cerca de un millón de ciudadanos rusos visitaron este país, un 60% de los cuales se instalaron en Cataluña y, de ellos, más o menos la mitad se alojaron en la Costa Dorada, es decir, en la provincia de Tarragona, donde se encuentra ubicado el parque temático.

En la zona del Mediterráneo, tomando un refresco en una terraza con los gritos de fondo que emiten los valientes que se atreven con la atracción de Furius Baco (otra montaña rusa), una familia de Moscú explica que han venido desde Málaga hasta Cambrils, donde se alojan, para hacer su segunda visita al complejo de ocio. Esta vez dejarán de lado las atracciones de más riesgo, ya que su hijo de seis años les arrastrará hasta Sésamo Aventura, la zona infantil que se inauguró el año pasado.

Estos turistas moscovitas se corresponden bastante con el perfil de cliente ruso, aunque no del todo. El visitante ruso suele ser una familia, que contrata un paquete de siete días de media para alojarse en uno de los hoteles del recinto de PortAventura y que pasa dos días en el parque. Muchos vienen de Moscú, aunque los lugares de procedencia se han ido ampliando con el paso del tiempo hasta traspasar incluso las fronteras rusas y llegar, por ejemplo a Ucrania, gracias al trabajo con los tour operadores rusos.

“Se trata de un turista muy inquieto; que se siente muy a gusto en la Costa Dorada; que participa en muchas actividades y excursiones y que suele visitar Barcelona [situada a algo más de 100 kilómetros]”, explica el director de PortAventura. Además, “es un cliente exigente, que valora mucho la buena gastronomía; que es muy agradecido con el buen trato” y que es de los que más gasta.

En cuanto a sus preferencias sobre las atracciones, a los rusos les gusta el agua y la adrenalina, por eso, se apuntan sobretodo a las ya citadas Shambhala y Furius Baco, además del Dragon Khan y Stampida (que también son montañas rusas) y las acuáticas Silver River (es la atracción más visitada del parque) y Tutuki Splash.

Fernando Aldecoa señala que, aunque la mayoría de los rusos vienen a través de paquetes turísticos contratados con tour operadores, este año han empezado a llegar visitantes por libre que han reservado su viaje a través de Internet. Y es que la web se ha traducido al ruso hace apenas unos meses. También se pueden encontrar en este idioma la guía del parque, los carteles informativos y los menús de los restaurantes. Además, gran parte del personal de atención al cliente y de los hoteles domina el idioma.

“Hemos hecho un esfuerzo muy importante desde la Costa Dorada para dar un buen recibimiento al turismo ruso”, declara Aldecoa, quien también añade que PortAventura hace años que trabaja con el mercado ruso; participa en ferias como la MITT de Moscú e incluso hace campañas promocionales, concretamente en los autobuses de la capital rusa.

Para comprobar que es cierta la puesta a punto del personal del parque con el idioma ruso, me acerco a una parada de tiro al blanco. Una pareja rusa recibe las instrucciones de una trabajadora cuya fonética delata claramente que es autóctona, pero que domina perfectamente el vocabulario necesario para dar las instrucciones al cliente. El caballero la entiende perfectamente, apunta, dispara y… ¡dio en el blanco!