En la pequeña ciudad rusa de Mishkin, hay un restaurante, Mishelovka (La ratonera), en el que a veces ofrecen queso gratis. Es una de las muchas ciudades que se pueden visitar en un crucero por el río más largo de Rusia, el Volga. Al mismo tiempo, Mishkin es uno de los ejemplos más sorprendentes de que los cruceros fluviales por los ríos rusos han comenzado a dejar de ser de un aburrido y perezoso descanso para pensionistas a un tipo de atractivo turístico que ofrece entretenimiento para todos los gustos.

 

A Mishkin probablemente le resultó más fácil que a otras ciudades desarrollar y sacar provecho de su marca urbana. La ciudad debe su nombre al ratón que corrió por el rostro de un antiguo príncipe. El animal despertó al príncipe y lo salvó de una mordedura de serpiente. El tema del ratón lo envuelve todo. Entre los turistas, por ejemplo, son muy populares los imanes con ratones colgados de una horca, imagen que corresponde a un conocido proverbio ruso que literalmente reza así: “En nevera vacía, los ratones se cuelgan”.

 

Cuando el barco llega al muelle lo reciben el ratón boyardo y el ratón campesino, marionetas de Rostov. También hay una audiencia especial en una casa de Mishkin a la que asisten el rey de los ratones y su esposa. Por supuesto, no sería posible conseguirlo sin gente, así que un par de docenas de actores recrean la atmósfera de antiguo palacete ruso. Entre ellos está el dueño de la casa, el mercader, cuya hija pasea del brazo de su novio-húsar y los niños que corretean descalzos.

 

Después de unas horas en la ciudad, y de tantos ratones, la cabeza comienza a dar vueltas, pero a los niños les encanta y eso es importante.

 

Aunque los adultos también tienen algo que hacer, por ejemplo, visitar el museo de autos antiguos, motos, trineos y lanchas. Según Anatoli Kuritsyn, jefe del distrito municipal de Mishkin, de 6.000 personas, 700 trabajan en la empresa de desarrollo urbano para la refinación de petróleo, y tantos otros en la industria de turismo. Los habitantes de Mishkin se sienten, con razón, dueños del popular destino turístico. Solo en el año 2011, su ciudad la visitaron 160.000 turistas, lo que implica casi 27 por habitante.

 

La toma de contacto con el crucero

 

Para una persona no acostumbrada a este tipo de turismo, el primer día en barco le puede parecer una tortura, algo así como encontrarse en una prisión flotante, sin poder salir a ninguna parte. La solución consiste en conocer a los que pasean por cubierta. Al cabo de cierto tiempo, las personas desconocidas se convierten en interesantes interlocutores, compañeros en los juegos de mesa y en investigadores de las ciudades costeras. La presencia de una buena compañía es realmente importante ya que con ellos se navegará durante más de un día.

 

"La gente que suele ir a los cruceros fluviales, es gente que ya ha ido o a los que se lo han aconsejado sus amigos", se lamenta Serguéi, representante de una empresa turística. La afluencia de nuevos visitantes es muy baja, y es probable que tenga que ver con estereotipos arraigados en la conciencia: unas vacaciones en cubierta, tres comidas al día de balneario, canciones retro.

 

Aunque en realidad, el principal atractivo lo constituyen el patrimonio cultural y la artesanía.

 

En Gorodets, en la región de Nizhni Nóvgorod, construyeron un barrio completo con elementos de la artesanía. Además, no solo se puede ver el trabajo de los artesanos, desde la talla en madera hasta los tejedores, sino también pintar uno mismo una tabla al estilo de Gorodetski o modelar con arcilla un silbato en forma de gallo.

 

No podíamos ni siquiera imaginarnos lo diverso que es su país”, dice Lynn australiano de 52 años, que permanece de pie junto a la casa-museo del artista ruso Isaak Levitán en el pequeña ciudad de Ples, de 2.500 habitantes.

 

"Un crucero por el río Volga es lo que se recomienda después de la visita a Moscú y San Petersburgo", continúa diciendo su marido, Robert. Los esposos viajeros competían entre sí por dar respuestas entusiastas y en el aire se percibía el sonido de estereotipos rotos.

 

Los cruceros por el Volga tienen lugar desde junio a septiembre.

Diferentes compañías proponen recorridos de diferentes duraciones, desde dos fines de semana a tres semanas.

Los cruceros de 10 días rondan entre los 800 y los 1600 dólares, dependiendo de la categoría del camarote. Las tres comidas están incluidas pero las bebidas se pagan aparte.

Los puntos de partida más populares son: Moscú, San Petersburgo, Samara, y Yaroslavl.


Los cruceros por el río son recomendables para diferentes edades. El potencial de este tipo de turismo ya lo han entendido las compañías turísticas y las autoridades que luchan activamente por atraer viajeros.

 

Solo nos queda por hacer cruceros temáticos para los fans de, por ejemplo, el paintball, o incluir la papiroflexia (una excelente opción para que las largas transiciones entre ciudades se hagan más cortas). También habría que cambiar a todos los pinchadiscos de los barcos, ya que la música pop rusa fluye de los altavoces del barco las 24 horas al día.