El destino de Siria se discute en Occidente pero se decide en Oriente. Incluso si Occidente y Rusia alcanzan un acuerdo para actuar conjuntamente en una solución para Siria, no significaría que se detuviera el derramamiento de sangre. Sin embargo parece que tanto EE UU como Rusia cada vez se cuestionan más seriamente si merece la pena olvidar, por culpa de Damasco, todos los logros conseguidos anteriormente.


Y llegan a la conclusión de que no merece la pena. Más aún cuando el mundo está sumido en una crisis económica que exige el esfuerzo conjunto de los principales protagonistas para superarla. Más aún cuando no hay razones para un conflicto geopolítico. En rasgos generales, si no entramos en detalles, los puntos de vista de Occidente y Rusia sobre los principios básicos de la solución siria coinciden en la mayoría de las posiciones.


El encuentro del ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, y la secretaria de Estado de EE UU, Hillary Clinton, a última hora de la tarde del 29 de junio en San Petersburgo, ha confirmado que las diferencias de opinión sobre Siria entre Moscú y Washington no son tan grandes. Y que si se quiere, con voluntad política de las dos partes, es posible el acercamiento. "He notado cambios en Hillary. No han vuelto a escucharse más ultimátums en relación con Damasco", explicó el ministro ruso.


En palabras del ministro, la secretaria de Estado también está de acuerdo en que hay que animar al diálogo nacional entre los sirios, dejarles que ellos mismos decidan su futuro. En las conversaciones entre Lavrov y Clinton se han elaborado los rasgos generales de un proyecto de 'hoja de ruta' para las partes en conflicto.


El plan incluye la retirada sincronizada de todas las fracciones del ejército regular sirio y de la oposición armada de las ciudades controladas por los observadores de la ONU. Y posteriormente convencer a las partes en conflicto para que se sienten a una mesa de negociaciones y que lleguen ellos mismos a un acuerdo para la formación de un nuevo gobierno.


En resumen, Lavrov y Clinton quedaron tan satisfechos con la reunión que el ministro ruso calificó sin dudarlo este encuentro con su colega americana como uno de los más productivos.


Moscú no tenía intención de utilizar la aprobación por parte del Comité internacional del senado de la llamada 'ley Magnitski', que prohíbe la entrada a EE UU de varios funcionarios rusos, como excusa para un conflicto global entre los estados. Esto quedó claro desde el primer minuto de las conversaciones entre Lavrov y Clinton.


Las conversaciones tuvieron lugar en la novena planta del hotel Ambassador de San Petersburgo. El ministro ruso le obsequió a su colega un pequeño, pero exquisito, ramo de flores, compuesto en su mayor parte por flores blancas. "¡Qué maravilla!", exclamó con absoluta sinceridad Hillary.


En la conferencia de prensa posterior al encuentro, Serguéi Lavrov recordó las causas de irritación en las relaciones entre Moscú y Washington; desde los problemas por la adopción de niños rusos por parte de padres americanos, hasta la 'ley Magnitski'.


Pero a pesar de todo, el ministro dirigió la mayor parte del tiempo a resaltar las partes positivas en las relaciones con Washington. Además del acercamiento de posiciones sobre Siria, los ministros escucharon, 'con entusiasmo', así lo declararon, las palabras de aprobación de los presidentes ambos países para la creación de una comisión bilateral ruso-americana.


Además, en San Petersburgo también se alcanzó un acuerdo para la creación de un nuevo grupo de trabajo, el vigésimo primero de la lista, que se dedicará a la colaboración tecnológico militar de las dos partes, un paso que hasta ahora no tenía precedentes. Asimismo, se alcanzaron una serie de acuerdos en el plano económico.


Rusia y Occidente están dispuestos a ponerse de acuerdo sobre Siria de nuevo, como ya lo hicieron en su momento cuando apoyaron el plan inicial del enviado especial de la ONU, Kofi Annan, y la Liga Árabe.


Sin embargo esto no significa que pare el derramamiento de sangre, ya que, en gran medida, el destino de Siria no está en manos occidentales sino de las potencias regionales de oriente, sobre las que las 'fuerzas cristianas' tienen complicado influir. A pesar de la importancia que tienen para el proceso de paz, los acuerdos alcanzados en Ginebra no son más que 'papel' para los soldados de las organizaciones islamistas radicales que luchan en el bando de la oposición contra el régimen de El Assad. Como también lo son para el Irán chiita, a quien no se invitó a Ginebra a pesar de que muchos expertos reconociesen, que sin su participación en la pacificación, no se podrá detener la guerra civil en Siria.


Por si fuera poco, los acuerdos alcanzados en San Petersburgo entre Lavrov y Clinton, a pesar de su indudable importancia política, son acuerdos marco y pueden tener diferentes interpretaciones al llevarse a la práctica. A fin de cuentas, nadie había prometido que el encuentro entre la secretaria de Estado y el jefe de la diplomacia rusa consiguiera la inmediata solución de la situación en Siria. Pero lo que sí ha conseguido es la pacificación de las disensiones entre Moscú y Washington en relación con el conflicto sirio.