Esta semana, el ejecutivo de Caracas firmó con Moscú un préstamo de 4.000 millones de dólares que le permitirá continuar comprando equipamiento militar y armamento procedentes de Rusia.


El acuerdo fue anunciado por el propio presidente de Venezuela en un programa de televisión.


Con esos cuatro mil millones de dólares, el ejército venezolano podrá adquirir nuevos blindados BTR-80A, vehículos Tigr para transporte de infantería y sistemas de artillería antiaérea de 23 milímetros, que se suman a todo el arsenal con el que ya cuenta el país sudamericano.


En su intervención, retransmitida por la televisión estatal, Chávez explicó que el motivo del incremento de recursos militares es el de “garantizar la continuidad en el equipamiento de tierra, agua y aire de la Fuerza Armada de Bolívar".


Según comunicaron fuentes oficiales, Chávez y el presidente ruso Vladimir Putin mantuvieron una conversación telefónica en la que se congratularon por el crédito y “lo relacionado con (...) las áreas energética y técnico-militar".


“En poco más de cinco años, Venezuela ha gastado más de 11.000 millones de dólares en armamento ruso, lo que supone un incremento de su capacidad militar que difícilmente se puede explicar en términos de necesidades reales de su ejército”, explica a Rusia Hoy José Luis López Valenciano, analista internacional español experto en América Latina.


“Las tensiones fronterizas que puede tener con algunos de sus vecinos no lo justifican ni desembocarían en conflicto abierto”, explica.


Venezuela es el principal comprador de armas rusas en el mundo y, como tal, ocupa un lugar especial para Moscú. 


En la lista de los principales compradores mundiales de armamento ruso hay otro país latinoamericano: Uruguay, que a principios de este año se gastó casi un millón de dólares en un envío de Kaláshnikov AK-103 y carros de asalto para armar a la polícia de Montevideo.


El segundo comprador es la India, a quien siguen países como Kazajistán, Emiratos Árabes, Azerbaiyán, Bangladesh, China o Uganda.


Para Rusia, Venezuela es un magnífico socio comercial. Hace unos meses, la corporación estatal que se encarga de la exportación de armamento, Rosoboronexport, dio a conocer que en los pasados cinco años, Caracas ha comprado a Rusia hasta once mil millones de dólares en armas.


En pedidos anteriores, Venezuela ha adquirido 24 aviones de combate Sujói, varias decenas de helicópteros del tipo Mi, tanques BMP-3F, cañones motorizados, 100.000 rifles de asalto Kalashnikov, sistemas antiaéreos S-300, tanques T71, morteros motorizados, tanques Ilyushin IL-78, rifles Dragunov o sistemas antimisiles.


En fin, todo un abanico de material bélico con el que Chávez quiere reforzar su “capacidad de combate”.


Recientemente, además Venezuela ha comprado a Pekín un sistema de radares de largo alcance, modelo JYL-1, que han sido instalados en Mene Mauroa y en Apure, en la frontera con Colombia, y que deben estar operativos en el 2013.


Desde el año 2005, Venezuela cuenta con un “Plan estratégico de modernización y reforma de las fuerzas armadas”, que recoge medidas dirigidas a obtener nueva tecnología para el país.


Para su rearme, Venezuela ha decidido depender en la menor manera posible de la tecnología de Estados Unidos, una decisión que se vio reforzada cuando Washington prohibió las importaciones de armas a Venezuela.

 

Según analistas del Consejo de Asuntos Hemisféricos, con sede en Wasthington, se estima que el ejército venezolano cuenta hoy en día con 140.000 efectivos, pero sólo entre 10.000 y 15.000 de ellos están capacitados para el combate.


Aún así, dice López Valenciano: 'el ‘poder de combate’ del que habló Chávez en su anuncio está, a todas luces, injustificado por la situación actual”.


"Con una tasa de homicidios más propio de un país en guerra (48 sobre cada 100.000 habitantes en 2011), haría mejor en dejar de buscar inexistentes enemigos externos y centrarse en aquellos que su propio régimen ha propiciado", explica.


Países como Estados Unidos ya han mostrado en repetidas ocasiones su intranquilidad por el incremento de las compras de armamento por parte de Caracas.


Según fuentes del Departamento de Estado de Estados Unidos, hay una preocupación porque estas armas puedan acabar en manos de terceros, como podrían ser las guerrillas colombianas.


Como colofón a las relaciones entre ambos países, y en el marco de su nuevo idilio comercial, Venezuela comenzó hace poco tiempo a producir en sus propias fábricas rifles Kalashnikov de los tipos AK-101 al AK-105 así como su munición.


La venezolana es la única fábrica en Latinoamérica donde se produce el popular rifle ruso.


Más allá de Venezuela, los productores de armas rusos quieren continuar expandiendo su presencia en otros países de América Latina.


Rosoboronoxport, dependiente de la estatal Rostekhnologii, ya ha mostrado interés en entrar en mercados cercanos.


En una entrevista reciente con Interfax, el director de la corporación, Serguéi Chémezov, reveló: “Tenemos posibilidades de firmar contratos en el ámbito de la cooperación técnico-militar con Brasil y Argentina. Estamos trabajando activamente en Chile”.