Una de las principales prioridades de la política exterior de Rusia consiste en desarrollar  procesos de integración en el espacio post soviético.  Ante esto, la principal tarea consiste no solo en la conservación y el refuerzo de la unidad en el contexto político, social e histórico cultural, sino también en la reanimación de la colaboración económico comercial  y en la estimulación de una competencia sana.

 

Partimos del hecho de que ni la Comunidad de Estados Independientes (CEI)  ni la Unión Aduanera entre Rusia, Bielorrusia y Kazajistán se crearon con el fin de llegar a ningún tipo de enfrentamiento con sus vecinos, sino  por el bien de la convivencia pacífica y la cooperación recíproca con otras organizaciones intergubernamentales, incluida la Unión Europea.

 

Los posibles formatos de integración, o de elección estratégica, que deberían desarrollarse en los países del espacio post soviético es algo que se ha estudiado mucho. La integración euroasiática, donde quiero hacer especial hincapié, es sobre todo una cuestión de integración económica.

 

Lo más importante, al igual que en la UE, consiste en desarrollar un proceso basado ​​en un marco jurídico internacional, cuyo fundamento son las normas y regulaciones de la OMC. Todo lo que se hace dentro de la integración euroasiática, no contradice las normas de la OMC ni, en general, entra en conflicto con los parámetros de integración que existen en Europa occidental.

 

Quiero subrayar que gran parte de la experiencia de la Unión Europea, incluidos parte de los mecanismos regulatorios y los estándares técnicos, los abarcan también los miembros de la integración euroasiática.

 

En mayo de 2005, cuando se crearon las 'hojas de ruta' para crear cuatro espacios comunes entre Rusia y la UE (el económico, el espacio de libertad, seguridad y justicia, el espacio de seguridad exterior, así como el de ciencia, educación y cultura), esta cuestión se debatió de forma muy activa y vigorosa.

 

Posteriormente, en la 'hoja de ruta' sobre la cooperación en el espacio común de seguridad externa se agregó que los procesos de integración en diferentes partes de Europa son complementarios. Así que me parece que colocar a los gobiernos del espacio post  soviético frente al dilema o con nosotros o contra nosotros, no es correcto ni, francamente, del todo justo.

 

Cuando se trata de hablar a nivel profesional, sobre parámetros específicos de la Unión Aduanera, por ejemplo; entonces se da un diálogo correcto y pragmático con nuestros socios de Bruselas. Después de todo, la propia Unión Europea es también una unión aduanera.

 

Aunque si estas cuestiones comienzan a politizarse artificialmente, entonces la situación cambia. Pues la UE no ha propuesto la adhesión a ninguno de estos países —me refiero a los actuales estados post soviéticos— . Y no tiene intenciones de hacerlo en un futuro próximo.

 

Sin embargo cabe señalar que a nivel oficial, en la UE hay un sincero interés por conocer los procesos de integración en el espacio post soviético y por la labor que se está realizando para la creación del Espacio Económico de Eurasia (CEEA). En Bruselas cada vez se tiene más en consideración a este último.

 

Es obvio que a medida que se profundice en la integración de este formato, el trabajo con la Unión Europea tomará otros derroteros.  Así, por ejemplo, la aparición de estructuras supranacionales en los marcos de la integración euroasiática introdujo un nuevo factor en nuestras negociaciones con la UE sobre un nuevo acuerdo base.

 

Tenemos que tener en cuenta la transferencia de ciertas competencias desde el nivel nacional a la  Comisión Económica de Eurasia. Reconozco que nuestro trabajo como negociadores no es fácil, pero no veo ningún obstáculo insalvable y estoy seguro de que también observarán esta circunstancia mis socios de la delegación de negociaciones de la UE. Por lo menos, así lo espero.

 

Vladímir Chizhov,  Embajador Extraordinario y Plenipotenciario, Representante Permanente de la Federación de Rusia ante la Unión Europea.