Tras años de experiencia en Latinoamérica, ¿cómo ha sido su llegada a la ‘madre patria’?

España es un país grande, pilar de Unión Europea y origen de una lengua que está disfrutando de una proliferación inigualable. Aunque nunca había trabajado aquí, debido a mi experiencia en Latinoamérica, experimento una sensación de viaje a los orígenes. Representar a mi país en Madrid es un orgullo profesional.

Eso que ha llegado en un momento complejo.

Es cierto que el país vive un periodo difícil. Pero creo que las autoridades están centradas en resolver esos problemas. Están trabajando en ello y son muy conscientes de la situación. Es la firme impresión que tengo.

¿Cuáles son sus prioridades de acción?

El año pasado España y Rusia celebramos el Año Dual que representó una explosión de actividades culturales e intercambio económico. Normalmente, después de un periodo muy activo, llega un valle. Mi deseo, y mi tarea, se centra en no permitir pausas, crecer por encima de la base lograda; ampliar y profundizar en nuestras relaciones. Aprovechando el excelente diálogo político entre ambos países, me gustaría potenciar la relación económica y comercial. 

Un reto con la crisis y la prima de riesgo fluctuando. ¿Cómo afecta a su trabajo diplomático?

En mi trabajo, y en general en la vida, siempre hay desafíos. El trabajo diplomático está relacionado con aportar soluciones a las turbulencias que surjan. Trabajar en un país que busca soluciones a una crisis es muy interesante. Pero hay que reconocer que es más complicado cumplir con la agenda cuando los colegas están sumergidos en la resolución de problemas internos.

¿Cómo son las relaciones con el gobierno del Partido Popular? 

España entró en un nuevo ciclo político; Rusia, también. Ninguna de esas elecciones afecta a las relaciones políticas bilaterales, que desde hace tiempo son muy estables. Hay continuidad.

 

El año pasado se batió un récord en el comercio bilateral superando los 10.000 millones de euros, ¿qué espera de 2012?

El Año Dual fue una propuesta cultural que fomentó las relaciones humanas entre ambos países y el conocimiento mutuo. Cuando conoces más a un país, aumenta el interés por el mismo. Eso se tradujo en acuerdos económicos y comerciales. Confío en que la crisis no vaya a afectar al intercambio. Según los datos del primer semestre parece que vamos a mantener esas cifras e incluso a aumentarlas.

Una de las últimas medidas del gobierno de Zapatero fue posibilitar que las Fuerzas Armadas de EE UU desplegasen cuatro buques en Rota, dentro del marco del escudo antimisiles. El gobierno actual no ha revisado esa cuestión, ¿influye en las relaciones bilaterales?

Las relaciones entre España y Rusia son más amplias y profundas que el segmento mencionado por usted. Nuestra posición frente al escudo antimisiles es conocida: pedimos garantías jurídicas de que este proyecto militar no amenaza a las fuerzas estratégicas de Rusia. Por ahora, tristemente, no nos las han ofrecido. En mayo, en Moscú, mostramos esas preocupaciones en una conferencia internacional con la OTAN y mostramos nuestros argumentos técnicos contra el escudo. Esperamos que fueran comprendidos.

El contexto europeo provoca temblores en las bolsas de medio mundo. Teniendo en cuenta que un 40% del tesoro de la Federación está en euros y la mitad de su comercio es con países europeos, ¿no es demasiado optimista?

Lo que pasa en Europa, influye en Rusia. Es nuestro socio estratégico y estamos muy interesados en que esa crisis se supere lo más pronto posible. No hay indicios de que las dudas sobre la economía de la UE estén afectando a Rusia: las cifras macroeconómicas son buenas y tanto el desempleo como la inflación disminuyeron.

Más sobre Europa, ¿qué vía considera más acertada: la del estímulo francés o la de la austeridad germana?

En mi modesta opinión, el modelo más correcto sería aglutinar ambos enfoques: realizar los recortes necesarios mientras se incentivan ciertos sectores para promover el crecimiento.

En los últimos conflictos internacionales China y Rusia se han unido en varias votaciones. Ambos países se reunieron con el líder de Irán, y Rusia apoya a Bielorrusia, donde gobierna Lukashenko que se autodefine como “el último dictador de Europa”. ¿Tendemos de nuevo hacia una política de bloques?

Fuimos los primeros que nos pronunciamos contra la política de bloques. Parece que finalizó tras la Guerra Fría, pero lamentablemente, a pesar de que ahora no existe una división ideológica en el mundo, la OTAN, creada durante aquel período, sigue existiendo. Lo que se refiere a los encuentros de los líderes de los países vecinos no veo qué relación tiene esto con bloques. Al contrario, hay una constructiva tendencia integracionista económica que va de acuerdo con las normas de la OMC entre Rusia y Bielorrusia.

¿Eso explica la posición común de Rusia y China en la ONU con respecto a Siria?

Desde Rusia pensamos que el conflicto debe ser resuelto por el propio pueblo sirio. Y sin intervención externa.  Para que se diese en un contexto legal, debería estar aprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU. Cuando el bando opositor se sienta apoyado por el exterior, no querrá el diálogo. Se necesita un acuerdo entre el gobierno y la oposición, por eso apoyamos el plan de Kofi Annan. Es por eso que promovemos una conferencia internacional para buscar mayor apoyo al plan de Annan y a la solución del conflicto sirio. 

Poco antes de las últimas elecciones en Rusia comenzaron una serie de protestas contra el gobierno. Hace poco se ha aprobado una ley que aumenta notablemente las multas en caso de manifestación ilegal. Algunos definen la legislación como una mordaza de la expresión pública, ¿qué le parece?

El pasado 12 de junio, fiesta nacional de Rusia, hubo una gran manifestación opositora de miles de personas. Ya se había aprobado la ley. Eso demuestra que no es tanto como lo que se escribe. La ley rusa permite toda manifestación pacífica siempre que cumpla ciertos requisitos. En el trámite legislativo, cuando pasó por el Parlamento, los expertos del poder judicial se inspiraron en la legislación europea de control y sanciones para escribir la ley.

El turismo ruso hacia España aumenta considerablemente, ¿qué acciones ha tomado la embajada ante esta perspectiva?

El año pasado España recibió 860.000 turistas rusos. El número de visitantes aumenta en torno al 20% anual; este año estamos convencidos de que vamos a superar el millón de turistas. El visitante ruso es atractivo porque gasta dinero en el destino. Por su parte, mis compatriotas tienen un gran interés en España: hay hoteles buenos, la calidad del servicio es excelente… Eso sin decir nada del sol y del clima. La marca España funciona bien.

Una política de eliminación del régimen de visados fomentaría las visitas. ¿Cree que se podría conseguir? ¿Y con la UE?

Estamos trabajando en ambas vertientes. Nos interesa la eliminación de la necesidad de visado porque aumentaría el flujo de visitas. Con España cooperamos en ese sentido de manera intensa.

España es líder en turismo de sol y playa. Barcelona, referente en arte y arquitectura. Madrid, ciudad de compras y capital del turismo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (LGTB). ¿El turismo ruso está especializado?

El flujo de viajeros rusos es bastante novedoso, no comenzó masivamente hasta 1991. Por ello, es más generalista. Aún no han formado esas capas de turismo gastronómico, ecológico o arquitectónico. Por ahora, el turista ruso quiere aglutinar los placeres de la vida y se pueden resumir en dos semanas en la playa y buena comida y varias excursiones.

Usted fue estudiante de la Universidad Nacional de la Amistad de los Pueblos en Moscú. El centro promueve el contacto entre culturas y en estos momentos, centrados en la economía, parece que la cultura ha pasado a un segundo plano.

Creo que eso no es del todo cierto. España, por ejemplo, vive un auge cultural importantísimo. Hace poco la Universidad de la Amistad de los Pueblos firmó un convenio de intercambio para estudiantes de posgrado. Creo que la cultura podría ser, ahora mismo, una alternativa a lo material. No es que la gente se refugie en ella sino que no debe olvidarse que es una de las facetas de la vida que nos une a todos.