El presidente de Rusia, Vladímir Putin dio ayer su discurso en el Foro Económico Internacional de San Petersburgo. Fue un discurso agresivo acerca de asuntos internacionales en el que también ofreció concesiones en el plano nacional. Además, repitió el llamado a transformar la economía rusa y el objetivo de lograr que ésta ascienda posiciones en el ranking 'Doing Business' del Banco Mundial para conseguir que el país sea uno de los 'mejores' lugares del mundo para hacer negocios.

Putin comenzó reiterando su llamamiento para que el G-20 tome la iniciativa en lo que respecta a los asuntos internacionales. En concreto, afirmó que los países BRICS estaban dispuestos a aportar 75.000 millones de dólares al FMI (de los cuales Rusia aportaría 10.000 millones), pero que, si lo hacen, tendrían que tener un mayor poder de decisión dentro del organismo.

Posteriormente, sostuvo que Rusia está dispuesta a abrirse a las inversiones internacionales, “incluso en nuestros sectores estratégicos”, pero que dicha inversión debe realizarse en el marco de un acuerdo mutuo. Según afirmó, “las empresas rusas que quisieron invertir en otros países se han topado con un muro y con excusas artificiales que han impedido que las inversiones se concretasen. Esto dista mucho de ser una colaboración mutua”.

También hizo hincapié en lo necesaria que resulta la “responsabilidad”, en una indirecta acerca de las malas decisiones de gestión en los Estados Unidos que pusieron de rodillas a la economía mundial. “Debemos terminar con el populismo mezquino de los políticos y con la especulación fiscal desmedida, ya que representan un peligro”, sostuvo el presidente ruso, quien culpó a EE UU tanto por la crisis internacional como por las dificultades que tiene el mundo para dejarla atrás.

Putin también habló acerca de los asuntos nacionales y enumeró los logros económicos de los últimos años, entre los que se incluyen los bajos índices de inflación y desempleo que se vienen registrando desde hace 20 años.

No obstante, hizo una observación interesante al mencionar que uno de los motivos por los que el desempleo es tan bajo (5,4%) es que la economía está funcionando al máximo de la capacidad existente. Eso significa que Rusia necesita una fuerte inversión para crear nuevos empleos, y, más específicamente, que el país está concentrándose en los sectores de la alta tecnología. Putin repitió sus promesas anteriores acerca de una mayor participación de la industria de la alta tecnología dentro de la economía y sobre la escalada de posiciones de Rusia en el índice 'Doing Business' del Banco Mundial. Cada vez es más probable que se trabaje por lograr esto último, ya que los cambios que el presidente ruso enumeró a continuación coinciden, casualmente, con los factores que conforman el índice. En la actualidad Rusia ocupar el puesto 120 y el objetivo es que escale hasta el número 20.

En realidad es parecido a jugar un juego, ya que hasta Bielorrusia ha ascendido en el ranking. Con tan sólo concentrarse en los factores según los cuales se calcula la lista, es posible obtener una mejora sustancial en la puntuación sin que haya una verdadera modificación notoria en el plano de los negocios. Aunque si Rusia consigue ascender rápidamente sería la primera vez que el Kremlin ha intentado hacer un poco de relaciones públicas en lo que se refiere al clima de inversión, lo que ya de por sí es un avance. Además, el exgobernador regional Borís Titov ha sido designado defensor del empresariado y será responsable de asegurarse de que hacer negocios en Rusia sea más fácil.

Más radical fue la promesa de Putin que de que 'pronto' habrá una nueva normativa presupuestaria que evitará que se elabore el presupuesto sobre la base de la proyección para el precio del petróleo. En la actualidad, si el precio del petróleo sube, la Duma rusa tiene más dinero para gastar, pero Putin propuso que se estableciera un límite para el precio del crudo y que los ingresos extraordinarios provenientes del incremento del precio se destinen para distintos fondos de reserva.

La cuestión clave es cuál será el límite que se establezca para el precio. La semana pasada, Kingsmill Bond, jefe de estrategia de Citigroup, hizo un llamamiento para que el precio del petróleo utilizado en el presupuesto fuera de 80 dólares, lo que garantizaría una mayor estabilidad.

Finalmente Putin hizo algunas concesiones al movimiento opositor, que viene realizando manifestaciones desde diciembre. El presidente volvió a expresar una vez más su compromiso con la necesidad de desarrollar una sociedad civil en Rusia.

“Hemos visto que ha comenzado a surgir una sociedad civil en Rusia y esto se debe a una década de crecimiento. Esto es sano, y entendemos que una economía madura no puede convertirse en un país desarrollado sin una sociedad civil. El Estado debe realizar acciones en ese sentido para que tengamos no sólo un gobierno legítimo, sino también un Gobierno que cuente con la confianza del pueblo. Se respetarán y satisfarán los intereses de las minorías en la medida en que sea posible”, aseveró Putin.

Considerado en su sentido literal, esto es muy liberal y se contrapone con las quejas constantes de que Rusia es represiva. La cuestión es el ritmo al que se darán los cambios, ya que Putin siempre ha dicho que irá despacio y que desea mantener el control sobre el proceso. También advirtió que cualquier modificación debe realizarse “en el marco de la ley”, en lo cual el Kremlin tiene la sartén por el mango.

No obstante, fue una sorpresa que anunciara que cualquier ciudadano ruso que reúna más de 100.000 firmas 'autorizadas' podrá proponer un proyecto de ley que tendrá que ser tratado en la Duma (en la que el Kremlin tiene mayoría). Aunque es probable que esta iniciativa no redunde en demasiados cambios, le brinda a la incipiente oposición una verdadera herramienta para poder proponer propuestas normativas y legislativas.

Artículo publicado originalmente en Business New Europe.