Le hemos preguntado al profesor Paul Preston (Liverpool, 1946), catedrático,  Príncipe de Asturias de Historia Contemporánea española y director del Centro Cañada Blanch para el Estudio de la España Contemporánea de la London School of Economics & Political Science. Cuando contactamos con él, aceptó enseguida ser entrevistado, aunque como bien advirtió, no le gusta repetir lo que se puede leer en sus libros. Preston es un historiador riguroso, de contestaciones concisas y contundentes. Posee la cualidad de despertar en los demás el interés por la Historia. En esta ocasión, el hispanista nos cuenta quién fue este periodista que publicó en Pravda sus crónicas sobre la Guerra Civil española desde el 9 de agosto de 1936 hasta el 6 de noviembre de 1937.

Los escritores y corresponsales que llegaron a España para relatar El holocausto español (título de su último libro), como Hemingway, Dos Passos, Saint-Exúpery, Geroge Orwell, Louis Fischer, Martha Gellhorn, Josephine Herbst…  se implicaron emocionalmente. ¿A qué fue debido?

 

Los que vinieron se implicaron por dos motivos: en primer lugar, les impactó ver cómo el pueblo quería defender la República a pesar de los sufrimientos que suponía hacerlo: los bombardeos, las masacres hechas por los rebeldes, etc.  En segundo lugar, se dieron cuenta de que la lucha de la República era la lucha de todo el mundo civilizado.  Si no se paraba al fascismo en España pronto estaría atacando a Francia e Inglaterra. Por eso querían despertar a la opinión pública en sus países con la esperanza de que esta despertase a sus gobiernos.

Supongo que en esas circunstancias era difícil mantener la objetividad…

 

No sé qué a qué se refiere con objetividad. ¿Que tratasen igual a los golpistas que a los defensores de la República, igual a los asesinos que a los asesinados, igual a los violadores que a las violadas? No existe objetividad. Solamente existe la honestidad y el esfuerzo de contar la verdad y esto es lo que hicieron.

¿Supuso la confirmación de la figura del corresponsal de guerra?

 

Sí.

En aquel momento, los corresponsales tenían mucha fe en sí mismos y en su poder para cambiar el curso de la Historia… ¿Era real ese influjo que se atribuían?

 

No era una fe arrogante; era una esperanza y un sentido del deber.

Entre ellos se encontraba Mijaíl Koltsov,  el primer soviético que llegó a España como periodista y fue testigo privilegiado de lo que ocurría. Después de toda la documentación que ha recopilado sobre él, ¿cómo lo describiría?

 

Kolstov no fue el único soviético. También estuvieron el escritor Ilia Ehrenburg y el documentalista de cine Román Karmen y otros periodistas. Koltsov era la gran estrella del periodismo ruso. Era un hombre atrevido, muy confiado en sí mismo y absolutamente convencido de la necesidad de la lucha antifascista.  Creyó firmemente en el Estado soviético y en la importancia del papel ruso en la defensa de la República española.

Se le atribuye además un papel políticamente activo. Usted escribe que fue incluso un consejero de las autoridades republicanas.

 

No creo que yo dijera eso.  Tuvo mucha influencia, es verdad, precisamente por ser el corresponsal de Pravda, por lo que era un representante oficial de la Unión Soviética. Dicho esto, el papel de Kolstov era más de mensajero que de político.

 Otro corresponsal extranjero, el norteamericano Louis Fischer, habla de Koltsov como los "ojos y oídos de Stalin" en España, pero usted en Idealistas bajo las balas (Mondadori, 2007), dice que tal afirmación es una exageración…

 

Efectivamente, fue una exageración.  De todas formas, sus crónicas de Pravda  y sus informes a Stalin eran muy importantes.

¿Qué influencia real ejerció la URSS en el bando republicano?

 

Evidentemente, como proveedor de armamento y aviación, y de técnicos, pilotos y militares con gran experiencia, la influencia fue grandísima.  Aun así, la República siempre mantuvo su independencia.  Sobre este tema tiene que leer la trilogía de Ángel Viñas.

Usted habló con Santiago Carrillo sobre Koltsov. ¿Qué le contó?

 

Nada de interés.

En su libro sobre los corresponsales extranjeros en la guerra de España, afirma que Koltsov no tuvo nada que ver con la matanza de Paracuellos ¿Por qué llega a esa conclusión?

 

No dije que Koltsov no tuviera nada que ver con la matanza de Paracuellos, sino que se ha exagerado muchísimo su papel. El papel de Koltsov era simplemente de mensajero de Gorev.

Lo cierto es que las crónicas que Mijaíl publicaba en Pravda despertaron mucho interés entre los lectores ¿Por qué a los rusos les interesaba tanto la guerra española?

 

Creo que fue porque vieron en España un eco de la época heroica de su propia Revolución, algo que se había perdido con el estalinismo.

Una noche, cuando Koltsov ya ha regresado a la URSS y ha sido recibido con todo tipo de honores y halagos por parte de Stalin, miembros de la NKVD le hacen una visita a la redacción de Pravda … ¿Por qué despertó tanto recelo de pronto en Stalin?

 

Las razones las explico en mi libro: por su pasado trotskista, porque a Stalin no le interesaba que nadie hiciera comparaciones del fervor popular en España con lo que estaba pasando en Rusia.

M. Koltsov siempre albergó la sospecha de que moriría fusilado.  Así se lo confesó a su colega Gustav Regler en el hotel Palace de Madrid y así lo recoge el profesor Preston en Idealistas bajo las balas:

"Sin gafas lo veo todo negro. Si alguna vez me ejecutan tendré que pedirles que no me quiten las gafas. "

Desaparecido Stalin, los motivos oficiales de su detención y muerte fueron revelados:

"Cuando Koltsov fue rehabilitado tras la muerte de Stalin, la documentación oficial reveló que había sido juzgado por su «participación en una conspiración antisoviética, por espionaje, y por agitación antisoviética ».  El juicio de Koltsov, celebrado el 1 de febrero de 1940, duró veinte minutos. En él, el periodista se retractó de todas sus confesiones alegando que habían sido  extraídas  mediante torturas espantosas."

Koltsov fue ejecutado al final del verano de 1942 y como dice el historiador: "No se sabe si le devolvieron las gafas antes de ponerlo frente al pelotón de fusilamiento."