"Ahora mismo nos interesa cualquier recurso, porque cuando los barcos se quedan un tiempo en una zona el pescado comienza a escasear", nos cuenta Alexéi Osipenko, director del servicio de navegación marina e industria de la flota de arrastre de Murmánsk. Además, las empresas de pesca privadas son rehenes de esta situación: el estado concede cuotas solo en territorio ruso, hay pocas posibilidades de trabajar en zonas marítimas lejanas y es poco rentable.  Los pescadores rusos, el año pasado, pescaron un total de 4.225.000 toneladas de pescado y otros productos marinos, de los cuales menos de 500.000 toneladas fueron de zonas en otros estados, lo que supone entre el 10 y el 12% del total.

Cómo era antes


Alexandr Volvich, capitán retirado de la Dirección de pesca de arrastre de Kaliningrado, que ha recorrido el Atlántico de cabo a rabo en los 70, recuerda que en aquella época tan solo la flota del báltico aseguraba millones de toneladas de pescado. "Teníamos 240 barcos, de los cuales 116 eran industriales, todos de gran tamaño, que podían capturar y procesar en un día 200 toneladas de pescado. Nuestra flota trabajaba en todo el Atlántico, norte y Sur, incluida la parte antártica".

El Subdirector del Instituto de investigación científica de pesca y oceanografía del Atlántico, Viacheslav Sushin, señala que durante el periodo de desarrollo activo de la pesca oceánica soviética a finales de los 60 del siglo XX, las capturas de la flota pesquera de la URSS en el Atlántico Sur y oeste llegaron a 1 millón de toneladas.

Sin embargo con la caída de la Unión Soviética el sector de la pesca en la Federación Rusa se derrumbó: los pescadores primero tuvieron que irse de las regiones más lejanas: el Pacífico, el Atlántico Sur y después tuvieron que irse despidiendo de la mayoría de las zonas de los estados en el Atlántico Central y en el Océano Índico.

Objetivo: regresar al Atlántico


Las crecientes necesidades del estado obligan a buscar nuevas posibilidades. Por eso los pescadores rusos no abandonan el intento de volver a establecerse en el Atlántico Sur. Así entre 2011 y 2012 dos barcos rusos el 'Tamango' y el 'Esparta' llevaron a cabo una esplotación especializada en la zona de las islas Malvinas. Antes de eso entre los años 2008 y 2010, después de un intervalo de muchos años, en la parte antártica del Atlántico se pudo ver al arrastrero ruso 'Maxím Starostin', adaptado especialmente para la captura de krill. Sin embargo la flota de arrastre de Murmansk, propietaria del navío, hizo regresar al barco de las aguas del Sur ya que las capturas al año eran tan solo de entre 8 y 10 toneladas y, desde el punto de vista económico, el proyecto no era rentable.

A pesar de eso, las empresas privadas no abandonan la esperanza de volver al Atlántico Sur, aunque comprenden que no va a ser un proceso sencillo. Los acuerdos de cuotas de pesca entre gobiernos vigentes prevén no solo el pago en dinero por el uso de los recursos en las zonas de otros gobiernos, sino también la firma de acuerdos políticos. El presidente de la Unión de pescadores occidental, Ernst Smelov, nos explica que hay perspectivas de desarrollo de la pesca en el Atlántico Sur, ya que la Agencia federal de pesca de la Federación Rusa "ya está trabajando en esta dirección".


Nuevos intereses


En 2010 se firmó un acuerdo de colaboración pesquera entre los gobiernos de la Federación Rusa y la República de Namibia, sin embargo todavía no se han realizado las sesiones de la comisión conjunta. Como señalan en el Instituto ruso de investigación científica de pesca y oceanografía, en las aguas de Namibia se concentran los recursos biológicos más importantes de todo el Atlántico Sur.

También pueden ser interesantes para la industria rusa las reservas pesqueras del Atlántico Sudoeste, donde en la plataforma y la pendiente continental, más allá de la zona de exclusión económica argentina se puede pescar a pequeña escala bacalao patagónico, merluza, nototenias y otras especies además de calamares. 

"Las principales reservas de pesca industrial en está zona se encuentran en las aguas costeras argentinas y después que este país en 1968 declarara la instauración de una zona de exclusión económica de un ancho de 200 millas, las condiciones de trabajo de la flota pesquera soviética empeoraron enormemente. El gobierno argentino en general tiene una actitud enormemente negativa hacia la explotación extranjera en su zona. Los barcos soviético trabajaron diferentes temporadas en la zona argentina con licencias, pero a principios de los 90 esta práctica se abandonó", dice Viacheslav Sushin.

A pesar de eso la explotación es posible más allá de la zona de exclusividad económica argentina, en parte de la placa continental patagónica. En estas aguas abiertas se da principalmente el calamar argentino. En los años 80 y 90 los arrastreros soviéticos capturaban este preciado producto, la pesca anual alcanzaba las 100.000 toneladas. Después la escala de explotación comenzó a disminuir y con el nuevo siglo desapareció completamente. En condiciones de economía de mercado el método de arrastre para los calamares resulta menos efectivo que la pesca con luz, que practican las flotas de otros países y que no es típica en la flota rusa. Así que, en opinión del estudioso, las perspectivas de reinstauración de la explotación rusa en el Atlántico sudoccidental son bastante inciertas.

¿Hace falta irse tan lejos?


Los mismos marineros no ven todavía posibilidades de volver en breve al Atlántico Sur: además de la situación legal internacional, que se ha complicado, el principal factor en contra es la lejanía de la zona. Ernst Smelov dice que hoy en día Rusia no tiene barcos que puedan ir hasta el Atlántico Sur: "Hacen falta barcos modernos con un poder de producción 2 ó 3 veces mayor que el de los actuales.

Mientras tanto trabajamos solo en el Atlántico central, las cosas de Marruecos, Mauritania, Senegal. Simplemente no podemos llegar más al Sur".

A pesar de todo la demanda de pescado atlántico en Rusia en grande. Según datos del propietario de la fábrica de procesamiento de pescado 'Galeón, Serguéi Nosach, cerca de un 70% de la materia prima de su empresa es precisamente pescado del Océano Atlántico.

Entre un 10% y un 20% del pescado que pasa de Europa a Rusia también es del Atlántico nos dice el empresario. Serguéi Nosach, viejo marino, que ha navegado por todas los rincones del Océano, está seguro de que los marineros rusos volverán al Atlántico Sur, es algo muy factible.

"Ya en la época soviética había discusiones sobre si era necesario que nuestros barcos fueran tan lejos. Entonces calculaban que una tonelada de pescado capturado en esa región era equivalente a una tonelada de carburante en el plano financiero. Por otro lado estaba la cuestión de la biomasa, no había suficientes alimentos. Hoy en día la situación se repite. Pero para ir al Atlántico Sur hace falta un gran trabajo por parte del gobierno, como hubo en la época soviética: la flota, las bases, los reemplazos, la creación, el mantenimiento, etc, etc. Si se quiere todo esto se puede volver a poner en marcha, tan solo hace flata ir con ganas y desarrollar programas federales de apoyo al sector", resume Nosach.