Tras una década desarrollando programas energéticos y de investigación nuclear (el primer bloque de la central nuclear ATUCHA-1 en Argentina se abrió en 1974), el país ha acumulado una experiencia única, que no solo le ha permitido generar planes realistas de desarrollo de energía atómica nacional, sino que también ha confirmado el alto nivel de seguridad de la misma. Y precisamente, después del accidente en la central japonesa de Fukushima, las cuestiones de seguridad se han convertido en una de las prioridades de la energía atómica.

Los dramáticos acontecimientos de Fukushima impactaron fuertemente al gobierno argentino, pero no detuvieron el desarrollo de los proyectos atómicos en el país. En este sentido, Argentina sigue la tendencia mundial ya que, después de la catástrofe del 11 de marzo de 2011, tan solo Alemania ha renunciado a utilizar sus centrales nucleares. Pero incluso en 'el caso alemán' los expertos ven ante todo un intento de Berlín por resolver problemas políticos internos, debido a que la negativa del país germano al uso de sus centrales nucleares no está relacionado, en modo alguno, con problemas de seguridad. Leonid Bolshov, director del Instituto de Problemas del Desarrollo Seguro de la Energía Atómica (IBRAE) de la Academia de Ciencias Rusa considera que "el rechazo de Berlín a la energía atómica se encuentra en el plano político y no en el técnico. Y cuando cambie el equilibrio de fuerzas políticas puede que se revise la decisión".

Por cierto, fue precisamente el IBRAE el que, en las primeras horas tras el accidente en la central nuclear japonesa, valoró con precisión lo que había sucedido en las instalaciones de Fukushima. Además, predijo cómo se iba a fundir el combustible en todos los bloques y en todas las piscinas de combustible y el nivel de contaminación por radiación en el territorio de Japón y en el océano. Todos estos cálculos, hechos con un año de antelación, quedaron confirmados posteriormente.

Después de los acontecimientos en Japón, garantizar la seguridad en la energía atómica se convirtió en un tema de primera importancia en todo el mundo. No solo los países líderes en la industria nuclear, sino todos aquellos que estaban planeando utilizar el 'átomo pacífico' para garantizar sus necesidades energéticas, comenzaron a planificar nuevos y más seguros proyectos, entre otros, en las centrales atómicas de baja potencia.

El proyecto argentino CAREM (Central Argentina de Elementos Modulares) con un reactor de una potencia de 25 MW tiene todas las probabilidades para convertirse en uno de los primeros reactores pequeños de nueva generación en el mundo que se realizarán en metal. También aquí Argentina sigue la corriente internacional, ya que las principales potencias atómicas, como Rusia, Francia y los EE UU, están desarrollando activamente todo un espectro de reactores de baja y media potencia. El CAREM se podría incluir dentro de la cuarta generación de reactores con unas propiedades de seguridad mejoradas y, de realizarse con éxito, abriría al país la puerta de entrada al selecto club mundial de países con tecnología nuclear de vanguardia.

"Los reactores de baja y media potencia son una línea de investigación altamente prometedora. Es precisamente lo que necesitan toda una serie de países, sobre todo del Sudeste asiático y de América Latina", considera Serguéi Kirienko, director de la Corporación atómica estatal rusa, Rosatom. Hace mucho tiempo que Rusia pasó de las palabras a los hechos en la construcción de reactores de baja y media potencia. Se ha llevado a cabo la construcción de la primera central eléctrica atómica flotante, en la que funcionarán dos reactores pequeños con una potencia total de 70 MW. Por cierto, Rosatom tiene pensado construir una serie de este tipo de centrales eléctricas. Los proyectos de reactores pequeños son interesantes también para los inversores privados. Hoy en día hay toda una serie de empresas estadounidenses que están desarrollando proyectos en esta dirección, con el dinero, entre otros, del propietario de Microsoft, Bill Gates.

En abril de 2010, Rosatom y el Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios de Argentina firmaron en Buenos Aires un acuerdo sobre varias líneas de cooperación en el área de la utilización de la energía atómica con fines pacíficos. Con este documento se consolidaron acuerdos concretos. En particular, Rosatom expresó su disposición a convertirse en socio en la planificación y construcción en Argentina de centrales atómicas que funcionen con reactores de diseño ruso, así como en el suministro de combustible. ¿Qué significa este acuerdo para Argentina y cuáles son las perspectivas de cooperación entre los dos países en la explotación de la energía atómica?

En primer lugar, Rusia tiene previsto invertir en Argentina miles de millones de dólares para la construcción de bloques eléctricos atómicos y el desarrollo de infraestructuras. En segundo lugar, estos grandes proyectos producen un efecto multiplicador que permite desarrollar no solo el sector energético, sino que también producen puestos de trabajo en el sector industrial y nuevos proyectos en sectores vecinos como la construcción. Asimismo, ayudan en general al desarrollo del empresariado.

Expertos de diferentes niveles en ambos países llevan a cabo estudios sobre las perspectivas de la colaboración entre Moscú y Buenos Aires en el ámbito de la industria atómica, pero los proyectos futuros, de momento, se encuentran todavía en fase de estudio. Por cierto, a día de hoy Rusia tiene un gran éxito en el mercado atómico internacional, y está construyendo centrales nucleares en Turquía, Vietnam, China e India. Rosatom tiene actualmente 21 bloques eléctricos de centrales nucleares en su cartera de pedidos y los representantes de la compañía están preparando acuerdos para la construcción de otros 41 bloques fuera de Rusia. Esto exige unas inversiones colosales, pero la colaboración con científicos nucleares rusos puede dotar a la Argentina de una tecnología nuclear muy moderna, además de abrir perspectivas para participar en en un inmenso mercado internacional.