Varios economistas han cuestionado los nuevos y ambiciosos planes del Kremlin para acelerar el crecimiento económico en los próximos seis años, tachándolos de imprecisos y poco acertados. A principios de mayo, el nuevo presidente de Rusia, Vladímir Putin, firmó una serie de decretos en los que se trazaba un ambicioso plan para atraer actividad empresarial, promover las inversiones y estimular el crecimiento económico. Pero los expertos que han analizado la ambiciosa agenda económica del presidente afirman que Rusia no tiene las condiciones previas necesarias para que pueda producirse este impulso del crecimiento, ni los recursos para incrementar la productividad, condiciones cruciales para los planes de Putin.

Aunque se describen al detalle ambiciosos objetivos, los últimos decretos económicos del presidente Putin tienen algo de política autoritaria, y dejan mucho espacio para el optimismo. Sin embargo, ofrecen poco en términos de implementación práctica, según afirmaron los expertos de la Escuela Superior de Economía (HSE) del Centro para el Desarrollo, en un artículo citado por Védomosti. “Algunas metas, que en la realidad rusa serían alcanzables en un plazo de 10 a 15 años, se han metido con calzador en un mandato presidencial de seis años, obviando las leyes de la naturaleza y del desarrollo económico”, dijo Natalia Akindinova, directora del Centro para el Desarrollo de la HSE.

Multiplicar la productividad y crear de millones de empleos


A pesar de las dudas que se plantean, el Primer Ministro Dmitri Medvedev indicó que el gobierno está decidido a acelerar la implementación de los objetivos fijados en los decretos presidenciales. El nombramiento del viceprimer ministro, Ígor Shuvalov, tiene como finalidad la supervisión de la puesta en práctica de la política económica de Putin a largo plazo.


Uno de los objetivos más optimistas que Putin estableció en sus directivas fue la creación, por parte del Gobierno, de 25 millones de empleos altamente productivos para el 2020 y el aumento de las inversiones hasta un 27% del PIB para 2018. Los analistas tampoco están de acuerdo con la orden de Putin al gobierno para que mejore la posición de Rusia en el ránking 'Doing Business' del Banco Mundial, y pasar del puesto número 120 en 2011 al vigésimo lugar en 2018. Los economistas opinan que esa orden en particular trae a la memoria el 'Gran Salto Adelante' de China (una campaña del Partido Comunista de China bajo la presidencia de Mao Zedong para transformar rápidamente la economía) y añaden que, hasta la fecha, ningún país del mundo ha sido capaz de conseguir un éxito económico de esas características.
 
“Para multiplicar la productividad al menos por 1,5, la economía debe disfrutar de un crecimiento estable de un 7% anual. Pero eso será difícil de conseguir, si consideramos que el gobierno ha proyectado un crecimiento de un 4% en el PIB, en el contexto de un crecimiento prácticamente estático de la tasa de ocupación. Aunque un aumento de la inversión puede acelerar la productividad, las órdenes presidenciales han fracasado en sentar las bases para dicho crecimiento”, afirmó Akindikova. “De los 110 sectores industriales con los que cuenta el país, solo unos diez han conseguido crecer durante tres meses consecutivos y, mientras tanto, la fuga al extranjero de capitales privados  rusos continúa”, escribe la experta.

Fuga de capitales

Las últimas cifras sobre fuga de capitales publicadas por el Ministerio de Desarrollo Económico a mediados de mayo parecen apoyar las conclusiones de esta economista. Se calcula que la fuga de capitales alcanzó los 8.000 millones de dólares en abril, una cantidad mucho mayor de lo esperado, según declaraciones del viceministro de Desarrollo Económico, Andréi Klepach. El Ministerio había previsto que el índice de fuga de capitales descendiese, tras una salida neta de 35.000 millones en el último cuarto de 2011 y 35.100 en el primero de 2012. “Las fugas de capitales son mucho mayores de lo esperado”, afirmó Klepach en una reunión de comité de presupuesto de la Duma, según informó RIA Novosti. Es más, Klepach dijo que la fuga continuaría hasta mayo, para disminuir posteriormente y cambiar su curso, convirtiéndose en entrada de capital en la segunda mitad del año. En total, el Ministerio de Desarrollo económico prevé que en 2012 la fuga neta de capitales ascenderá a 25.000 millones de dólares, aproximadamente.

Algunos economistas, incluido Alexánder Morozov, economista en jefe para Rusia de HSBC en Moscú, cree que los objetivos económicos de Putin se pueden alcanzar en tiempos de bonanza, cuando la economía goza de altos índices de crecimiento. “En cualquier caso, aparte de la declaración de intenciones, hasta ahora el gobierno ha hecho muy poco para mejorar el clima de inversiones del país”, afirma Morozov.

Pero, además de ocuparse de la poca vitalidad del clima de inversiones doméstico, el gobierno tendrá que hacer frente a factores económicos exteriores que podrían afectar en gran medida el desarrollo de los acontecimientos. Con la ralentización de la recuperación económica global, la cuota de inversión en el producto interior bruto podía decaer, afirma Vladímir Tijomirov, economista en jefe de Otkritie Capital. “Todo gravita en torno a generar inversión”, dijo  Tijomirov. “Una recepción masiva de inversiones podría acelerar la productividad, pero no puede producirse este flujo de capital sin reformas radicales”.