La situación que rodea a las conversaciones multilaterales sobre la cuestión nuclear iraní se asemeja cada vez más a la que se formó en torno al programa nuclear de Corea del Norte. La intransigencia mutua llevó a que Pyongyang esté desarrollando sus misiles nucleares, aunque no con mucho éxito, haciendo caso omiso a la no controlada política de presión económica. La comunidad internacional, en el caso de Irán, no ha proporcionado alternativas a este déjà vu bastante desagradable.

El pasado 24 de mayo concluyeron en Bagdad las conversaciones sobre el programa nuclear iraní entre los seis mediadores internacionales (los cinco miembros del Consejo de Seguridad de la ONU y Alemania) y Teherán. Se desarrollaron en un contexto de extrema tensión y desembocaron en un callejón sin salida.

El Grupo de los Seis exigió a Irán que detuviera el enriquecimiento de uranio hasta un 20% y que firmara un protocolo adicional al Tratado sobre la no Proliferación de Armas Nucleares, lo que pondría las instalaciones nucleares del país bajo plena supervisión internacional. La Alta Representante de Política Exterior de la UE, Catherine Ashton, que dirigió a los negociadores representantes del Grupo de los Seis, declaró que el rechazo de Teherán a la introducción de nuevas sanciones en su contra era esperable, así como la abolición de las exigencias de los Seis sobre un envío obligatorio al extranjero de materiales nucleares de desecho.

Por su parte, Teherán ha anunciado un plan alternativo de cinco puntos relacionado tanto con temas nucleares como no nucleares. En primer lugar se encontraba la exigencia de la cancelación del régimen de sanciones. Esto resultó inaceptable para los Seis, y surgió otro callejón sin salida.

Los iraníes acusaron a los ​Seis de seguirle el juego a  EE UU: “Lo que hemos escuchado en Estambul (donde se celebró la ronda anterior), era mucho más interesante.  Creemos que la verdadera razón por la que no podemos estar de acuerdo, es Estados Unidos”,  dijo a los periodistas un representante iraní, que pidió no ser identificado.

Sin embargo, hay que intentar disuadir a los iraníes. Según informes de prensa, solo los esfuerzos diplomáticos de China y Rusia, que, después de la finalización de la ronda de Bagdad se reunieron con sus homólogos iraníes, salvaron las negociaciones  del colapso total. En este sentido, se anunció que se llevará a cabo una nueva ronda de negociaciones los días 18 y 19 de junio en Moscú.

Al parecer, en el periodo previo a la próxima ronda de conversaciones en Moscú, Rusia y China tratarán de persuadir a Teherán para llegar a un acuerdo. El ​​6 y 7 de junio en Pekín, tendrá lugar la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái, en la que tomará parte el presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad. Como declaró el representante del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, el presidente de China, Hu Jintao sostendrá una reunión con él para discutir las formas de resolver el problema nuclear de Irán. Es posible que el presidente del país persa tenga un encuentro con Vladímir Putin, que también participa en la cumbre.

Tanto Rusia como China actúan en contra de aumentar las sanciones en relación a Teherán y ofrecen un enfoque por etapas en la solución del problema. En el momento en el que las sanciones internacionales se debiliten habría concesiones concretas por parte de Irán con respecto al control internacional de su programa nuclear.

El diablo se esconde en los detalles

En conversaciones similares sobre el dossier de Corea del Norte, las negociaciones llegaron a un callejón sin salida cuando las partes no pudieron ponerse de acuerdo sobre quién debía dar el primer paso: los norcoreanos, a los que se les ofreció congelar su programa nuclear, o los países de Occidente, de los cuales, Pionyang esperaba asistencia económica y humanitaria,  así como garantías de seguridad.

Aparte de que las partes no pudieran ponerse de acuerdo sobre esta cuestión, también influyeron las sanciones económicas y las declaraciones amenazantes de la ONU. Como resultado, en 2008 Corea del Norte se retiró de las negociaciones y dijo que iba a desarrollar un potencial nuclear. Este es el precio por una presión externa absoluta.
Mientras tanto, en las negociaciones con Irán la situación se repite con una exactitud que da miedo.
En condiciones en las que la confianza mutua es nula, cada una de las partes está a la espera de quién sea el primero en ceder. Irán exige, en primer lugar, una disminución  de las sanciones de los Seis,  y el consentimiento para que Teherán lleve a cabo el control total. Y nadie quiere parecer débil, aunque comparar las posibilidades de Irán y de los Seis, entre los cuales están EE UU, Francia, Alemania, Gran Bretaña, Rusia y China, no tiene sentido.

Mientras tanto, la próxima ronda de conversaciones en Moscú puede ser la última. El 1 de julio entra en vigor el 'embargo petrolero' de la UE con respecto a Irán. China y la India son los mayores consumidores de petróleo iraní, lo que se ignora, pero en cualquier caso, será otro golpe a la economía del país de Oriente Próximo.

Continúa la presión psicológica sobre Irán

Según declaraciones del jefe del Pentágono, Leon Panetta, en el canal de televisión ABC: “EE UU está preparado para atacar las instalaciones nucleares de Irán”. Sus palabras indican que la comunidad internacional no va a tolerar el surgimiento de armas nucleares en Irán. Además, subrayó que Washington espera un éxito diplomático. Una semana antes, hizo una declaración similar el embajador de EE UU en Israel.


Al mismo tiempo, Panetta anunció que el Senado de EE UU comenzó a considerar un proyecto de ley para ampliar la cooperación militar con Israel. Según el proyecto, Israel tendrá acceso a los datos de satélites de exploración estadounidenses. También hay planes para proporcionar a Tel Aviv armas modernas, incluidos aviones de reabastecimiento de combustible, sistemas de misiles de defensa y de 'munición especial'. Esta lista contiene exactamente lo que le falta a Israel para atacar las instalaciones nucleares iraníes sin apoyo externo.

No es muy creíble que el presidente de EE UU, Barack Obama, —que tuvo que acabar con dos impopulares guerras de EE UU, la de Afganistán y la de Irak— emprenda, sobre todo antes de las elecciones, una operación militar contra Irán. Pero para los iraníes, el aumento de la presión externa puede ser un factor determinante a la hora de tomar una decisión en cuanto a la creación de armas nucleares.  Como ocurrió en el caso de Corea del Norte.