La noticia llega desde Alemania, donde el grupo RWE ha informado de que medita su posible salida del proyecto del gaseoducto Nabucco. “Hemos analizado el proyecto para valorar si se respetan nuestros objetivos estratégicos y comerciales”, ha comentado un portavoz, confirmando las filtraciones que habían comenzado a principios de 2012, cuando el director ejecutivo Jürgen Grossman manifestó la intención de la empresa de abandonar los planes de las tuberías que Bruselas apoyaba con entusiasmo.

Además de RWE, en el consorcio están también la empresa austriaca OMV, la búlgara Bulgargaz, la rumana Transgaz, la turca Botas, y la húngara Mol, que fue la que comenzó el efecto dominó, declarando su intención de retirarse.

El gasoducto Nabucco es un proyecto para el transporte de gas natural desde Erzurum, en Turquía a Baumgarten an der March, en Austria. El objetivo sería diversificar las actuales rutas de suministro de gas existentes en Europa y disminuir la dependencia con respecto a Rusia. Antes de comenzar las obras el proyecto ha estado rodeado por la polémica.

Pero estas intenciones no se han plasmado en hechos, ya que aún a finales de abril de 2012 Gerhard Reuss, director de OMV, confirmó que el gaseoducto se construirá incluso en el caso de que algunos inversores abandonen en proyecto.
 
En realidad, las esperanzas de que Nabucco llegue a materializarse se van desvaneciendo más y más, a favor de otra red de tuberías, Southstream. Además, la decisión de Turquía de autorizar a Rusia a pasar los tubos por las aguas del Mar Negro, ha dado alas al consorcio presidido por Gazprom (en el que participan también empresas europeas, como la italiana Eni).

Sin embargo, todavía no se han repartido todas las cartas. A pesar de los anuncios, las obras no han sido iniciadas. Para finales del 2012, están previstas, al menos en teoría, las obras del ramal norte, que terminaría en Austria; a continuación, las del ramal sur, hacia Italia, que tendría que concluirse en 2015. Los costes son ingentes, unos 250.000 millones de euros, y existen sectores que aún esperan de que este primer proyecto sea olvidado.


En primer lugar, se han alzado voces de protesta desde Ucrania: Kiev, en el caso de que Nordstream se llevase a cabo, se vería definitivamente aislada del tránsito del 'oro azul' hacia Europa. Por este motivo, todavía están en curso las negociaciones con Moscú para la modernización del sistema de transporte de gas (GTS) y su hipotética cesión, como sucedió en Bielorrusia.
 
Con la vuelta de Vladímir Putin a la presidencia, la situación, en punto muerto desde hace meses, podría desbloquearse. También las últimas declaraciones del presidente ejecutivo de Gazprom, Alexéi Miller, que ha advertido a Ucrania que pronto podría perder sus privilegios como país de tránsito, indican que el final del juego podría acercarse.
 
El control ruso sobre el GTS ucraniano y la reforma del gigante energético Naftogaz podrían conceder a Rusia aún más ventaja en esta partida de ajedrez en la que, de momento, Nabucco es el primer perdedor.