La situación en Siria y su entorno conlleva una crisis global. Si la amenaza de EE UU sobre la resolución del problema sirio sin contar con las Naciones Unidas se convierte en un hecho, no sólo Rusia y China se mostrarán indiferentes, sino también los países árabes.

En una entrevista con la prensa tras una sesión privada del Consejo de Seguridad sobre Siria, Susan Rice, embajadora de los Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, reconoció que “la peor opción, es, por desgracia, en este momento la que parece más probable”. De acuerdo con los observadores de la ONU, es la primera vez que la administración de Obama ha declarado que está dispuesta a violar la Carta de la ONU. Aunque la anterior, la de George W. Bush, dio un paso similar con la guerra de Irak.

El pasado martes, la portavoz del Departamento de Estado de EE UU, Victoria Nuland declaró que la situación en Siria exige la aplicación del artículo 7 de la Carta de las Naciones Unidas, que permite el uso de la fuerza armada para acabar con las amenazas y alcanzar la paz y la seguridad. En otras palabras, los EE UU consideran que única solución al problema es mediante el uso de la fuerza externa, esté o no en la resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Y, al parecer, se están preparando para dar ese paso.

Esta semana los medios de comunicación han citado repetidamente declaraciones de altos oficiales militares acerca de la posibilidad de una acción militar. El lunes, el general Martin Dempsey, jefe del Estado Mayor Conjunto, dijo:  “[Los militares] estamos dispuestos a ofrecer opciones, si se nos pide que lo hagamos.”

Al día siguiente, el portavoz del Pentágono, George Little, declaró: “Cuando se trata de opciones militares, una vez más, el objetivo sigue siendo la vía diplomática y económica, pero al final, el Ministerio de Defensa es responsable de asegurarse de explorar todas las posibilidades existentes y tenerlas a disposición si es necesario”.

Rusia no tardó en advertir que se había ignorado al Consejo de Seguridad de la ONU. “La mejor manera de evitar un escenario catastrófico es intentar llevar a cabo el plan de Annan y se debe hacer un esfuerzo para que se cumplan todas las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU”, aseveró el Representante Permanente de la Federación de Rusia ante la ONU, Vitali Churkin. Si hay una intervención militar, advirtió el diplomático, las consecuencias serán muy graves tanto para Siria como para la región en su conjunto. En este sentido, instó a todos a “pensar muy cuidadosamente antes de llevar a cabo cualquier señal, insinuación o acción que pase por alto el Consejo de Seguridad y el plan de Kofi Annan”.

Por su parte, el Ministerio de Asuntos Exteriores de China ha reiterado que sus planes no han cambiado y que no interferirá en los asuntos de Siria. Además, es importante recordar que no todos los países árabes se solidarizan con las monarquías del Golfo Pérsico ni estarían a favor de la intervención militar.

Ya en febrero de este año, en el resumen de la conferencia 'Amigos de Siria', su presidente, el ministro de Asuntos Exteriores de Túnez, Rafiq Abdesalem declaró: “El objetivo principal de la conferencia era una declaración de apoyo al pueblo sirio”. Además destacó: “Todos los esfuerzos para lograr este objetivo deben evitar la repetición de una tragedia en Siria causada por la intervención extranjera como ya ha pasado en otros estados árabes”.

Finalmente, la oposición expresó que era inadmisible que los extranjeros se involucraran en los asuntos internos de Siria. Por ejemplo, uno de los líderes del 'Frente para el Cambio y la Liberación', que se negó a participar en la primera reunión de los 'Amigos de Siria' en Túnez, Shamil Qadri, anunció: “La reunión no está destinada a resolver los problemas de Siria, sino que está siendo utilizada por algunos países encabezados por Estados Unidos, como un truco publicitario para encontrar formas de injerencia externa”.

En otras palabras, la gestión de las amenazas acerca del uso de la fuerza en Siria sin la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU sólo está aumentando la presión psicológica sobre Damasco y forzando a El Assad a dimitir. En este sentido, funcionaría bien, según la resolución de Moscú y Washington, 'la opción de Yemen', que implica la retirada voluntaria de el Assad a cambio de garantías de seguridad. Para este propósito sería indispensable llevar a cabo la expulsión de todos los diplomáticos sirios en las capitales occidentales. El pretexto utilizado para llevar a cabo esta acción ha sido el asesinato masivo en la ciudad siria de Hula, aunque la investigación sobre el incidente aún no haya concluido todavía. Asimismo, se ha realizado el endurecimiento de las sanciones económicas contra Damasco.

Por otro lado, la victoria militar de la oposición no está a la vista y, además, se encuentra muy lejos de la unidad, como anuncian los habituales comunicados sobre la dimisión del líder Burhan Golyuna, del grupo de oposición 'Siria del Consejo Nacional'. Por el contrario, está claro que el régimen de El Assad goza de un apoyo popular más grande de lo que se esperaba. Por eso, se trata de eliminar lo más rápidamente posible a Bashar El-Assad: amigo de Teherán y enemigo de Israel.

Ahora se debe hablar de las acciones que no pretenden pasar por el Consejo de Seguridad, hecho que supone una violación de la Carta de la ONU. Sin embargo, parece que se está teniendo en cuenta el destino de Gadafi y Hussein. El presidente sirio se mantendrá hasta el final, incluso si Moscú suaviza su postura, algo que no parece muy posible. “Es poco probable que Rusia vaya a actuar de una manera determinada, incluso bajo presión”, declaró a este respecto el portavoz del presidente ruso, Dmitri Peskóv.