A pesar de lo dicho, la directora de la galería Artcurator de Moscú –única representante rusa en el certamen barcelonés- reivindica el buen hacer de los creadores rusos contemporáneos y defiende que, si un artista tiene calidad, recibe el reconocimiento merecido tanto dentro como fuera de su país.

Así lo demuestra una de las artistas que ha llevado Artcurator a Barcelona, Sonya Suhariyan, muy valorada en los círculos artísticos de Moscú a pesar de su juventud. Suhariyan, que estos días expone su obra también en una galería barcelonesa, tiene un estilo calidoscópico, emotivo y apasionadamente femenino, que Kurmasheva cree que puede conectar con el gusto del público español que visita la feria.

Otro de los creadores seleccionados es un español, Xevi Vilaró, nacido en Girona, colaborador habitual de la galería rusa. Vilaró es un artista multimedia, que se caracteriza por la mezcla de materiales, técnicas y formatos, aunque la obra expuesta en Swab es pictórica. Los cuadros, sumamente inquietantes, reflejan la obsesión de Vilaró: individuos perdidos, formando parte de una sociedad sin alma.

Mikhail Gulin se presenta provocador. Su proyecto “Arte no-abstracto” cuestiona que la abstracción pueda servir para solucionar los problemas de la sociedad actual y cree que debe centrarse en la pura estética. Muchas de sus pinturas son monocromáticas o con pocos colores, de una composición aparentemente sencilla que recuerda al constructivismo.


Aliona Kurmasheva confía que los artistas de Artcurator atraigan la atención de alguno de los muchos coleccionistas de arte moderno que hay en España, bien sean particulares, fundaciones –La Caixa, Caja Madrid- o compañías, como Gas Natural o Banc Sabadell. Este interés es el que ha llevado a la joven galería rusa –sólo tiene tres años de vida- a participar en Swab y también en Just Mad, una feria que se organiza junto con Arco, el gran certamen de arte contemporáneo de España.

Una feria joven que se quiere hacer mayor

Swab es joven no sólo porque existe desde 2007 y porque la mayoría de artistas que se exponen han nacido después de 1970 (y, sobre todo, de 1980), sino también por el público al que se dirige. “Nos dirigimos a todo tipo de público –aclara su director. Joaquín Díez-Cascón-, pero tenemos especial interés en la gente joven. Queremos que se reconcilien con la cultura y con el arte, que adquieran el hábito de ir a las galerías”.

Al mismo tiempo, la feria se quiere hacer mayor. “Tenemos calculado que el número ideal de galerías participantes es de 80”, explica Díez-Cascón y añade: “Con menos, hay coleccionistas que no se desplazan porque la consideran pequeña”. En esta edición, Swab cuenta con la presencia de 64 galerías de 20 países diferentes, bastantes más que el año pasado (fueron 48), pero aún lejos de la cifra deseada, que quiere alcanzarse el año que viene. El número de visitantes ha ido en aumento en estas cinco ediciones hasta llegar a los 13.000 de 2011.

El precio de las obras oscila entre los 60 y los 25.000 euros. El director de la feria ha destacado que cada año las obras son más asequibles, ya que se apuesta cada vez más por valores jóvenes y emergentes. Esto hace a su tiempo que la renovación sea constante y que este año un 50% de los artistas participantes en Swab sean nuevos.

Al margen de los stands de las galerías, se han preparado numerosas actividades paralelas. Algunas son novedades, como Swab Music –conciertos al aire libre, organizados codo con codo con la sala Razzmatazz- y Swab Urban, en el marco del cual un grupo de graffiteros ilustran ante los visitantes 600 metros de pared. Se ha retomado la iniciativa de pintar las escaleras de algunas estaciones de metro y se han customizado diversos vehículos que han estado circulando por Barcelona. También se han programado conferencias y una subasta benéfica, entre otros.