Rusia Hoy ofrece un extracto de la entrevista, publicada originalmente en Rossíyskaya Gazeta, al profesor Romano Prodi, expresidente del Consejo Italiano y de la Comisión Europea, que hoy dirige la Fundación para la Colaboración entre los Pueblos.

 

 Profesor ¿admitiría la hipótesis de que algún día una estructura como la Unión Europea, herida por las contradicciones internas, caerá como sucedió con la Unión Soviética?


 No, porque la UE es más flexible que la URSS. La UE fue fruto de una adhesión espontánea, ha sido ratificada, votada por los parlamentos y deseada por los pueblos. Es cierto que ahora sufre una profunda crisis, pero no hay una voluntad de que se rompa. También es cierto que los europeos tienen todos los defectos imaginables, pero es evidente que, en la globalización, estar solos es imposible. Es lo que se dice un problema de futuro. Por esto, en mi opinión, es importante fortalecer las relaciones entre Rusia y la UE. No estamos en una época en la que sea posible fragmentarse. La globalización no perdona... En los pueblos europeos, en el fondo, está presente este instinto. Por otra parte, es evidente que el miedo puede frenar estos sentimientos, pero después vuelven a resurgir. La idea de que la unidad europea es una garantía de futuro está viva todavía.

  

En los años en los que presidió la Comisión Europea se produjo una ampliación histórica de la UE. ¿Aconsejaría hoy a la UE que ensanchase aún más? ¿Sería posible que algún día Rusia se contase entre los miembros de la Unión Europea?


 Rusia y la Unión Europea son complementarias, y mucho. En la última conferencia bilateral UE-Rusia, que yo presidí, había una frase que hacía reír a todos: “Somos como el vodka y el caviar: tenemos que ir juntos”. Porque los intereses son complementarios: territorio, recursos naturales, tecnológicos y energéticos por la parte rusa, y también la demanda energética de la UE. Pero que Rusia formara parte de la UE sería un problema por una razón muy simple: es demasiado grande. Si Rusia estuviera en la UE, tendrían que establecerse inmediatamente dos capitales: una en Bruselas y otra en Moscú. La segunda razón es que Rusia tiene una cara filoeuropea, que mira hacia el oeste, pero también le presta mucha atención a Asia, al este. Por tanto, no creo que esto ni siquiera se la haya pasado por la cabeza a Moscú. Pero tenemos el camino ante nosotros: acuerdos y cooperación, no solo económica, sino de todo tipo: científica, cultural, para que esta cercanía se haga cada vez más fuerte.

 

¿Otra ampliación? Debemos acoger también a los Balcanes, pero esto no cambia la naturaleza de la Unión, porque todos estos países juntos suponen un 2% de la economía europea. Yo espero y deseo que esto suceda pronto, porque estos países necesitan seguridad. No preveo otras grandes ampliaciones. Por lo que respecta a Turquía, se ha producido un enfriamiento del entusiasmo sobre la entrada en la UE, tanto por parte de los ciudadanos turcos como de los europeos.

 

¿Por qué no se ha abolido aún el visado entre Rusia y la Unión Europea? ¿Cuáles son los principales obstáculos?

 

Sinceramente, debo decir que desconozco las causas. No veo ninguna razón de peso. Es la burocracia la que crea los obstáculos, el miedo de que lleguen extranjeros a Europa. Hoy en día, el pasaporte es un obstáculo únicamente para la gente normal, no para los delincuentes. Mi respuesta es muy simple: no veo ningún motivo para mantener el régimen de visados entre Rusia y la UE.

 

Parece paradójico que hoy Rusia haya logrado establecer lazos con miembros individuales de la Unión Europea, como Italia, España o Francia, beneficiosos para ambas partes, pero, cuando se trata de una relación estable con la Unión Europea, siempre hay algo que no va bien. ¿Cómo podría explicar este enigma?

 

Se lo explico fácilmente. Lo principal es que la política exterior de los diversos países europeos aún no sigue pautas comunes, cada uno se sirve de la política exterior como instrumento de política interna, esto es, cada país se mueve según sus intereses para satisfacer a los votantes. Por tanto, a mí no me sorprende este hecho, siempre hay algún país que piensa: “Yo me voy a pelear con Rusia para ganar votos”, y otro, en cambio, que quiere un acuerdo con Rusia por el mismo motivo. Hasta que no se establezca una política exterior común, siempre habrá alguno de entre los 27 países miembros que impida que se llegue a un acuerdo.

 

Entrevista original en "Rossíyskaya Gazeta".