Estados Unidos ha intensificado sus esfuerzos para persuadir u obligar a Rusia a fin de que ceje en su apoyo al régimen sirio. Moscú no se rinde, Pekín la secunda. “No defendemos al presidente Bashar al Asad, sino el plan de paz del enviado de la ONU, Kofi Annan”, declaró el lunes el ministro de Asuntos Exteriores Serguéi Lavrov.

Según informó The New York Times en su edición dominical, citando fuentes oficiales americanas, el presidente Barack Obama insistirá para que su homónimo ruso, Vladímir Putin, acepte trabajar en un plan consensuado que incluya la salida del poder de Bashar al Asad. Conforme al diario, Obama habló de este tema con el Primer Ministro de Rusia, Dmitri Medvédev, durante un encuentro reciente en Camp David y aludió al ejemplo precedente del máximo mandatario yemení Alí Abdulá Saleh, a quien se le garantizó inmunidad como parte de un acuerdo para renunciar y traspasar el poder.

Moscú, que mantiene el veto en el Consejo de Seguridad de la ONU a cualquier resolución que fuerce un cambio de régimen desde el exterior, no ha respondido directamente a esta información, pero el lunes se hizo evidente que el Kremlin no tiene intención de cambiar su línea en relación con Siria.

Este domingo el Consejo de Seguridad de la ONU celebró una reunión de urgencia para abordar la situación en la república árabe. Durante tres horas, en la sede de Nueva York, los miembros del Consejo debatieron sobre la noticia de la masacre ocurrida en la localidad siria de Hula, en que perdieron la vida docenas de civiles. La reunión terminó con una declaración de prensa no vinculante en que se condenaba en los términos más firmes la matanza, confirmada por observadores de la ONU, de decenas de hombres, mujeres y niños, así como las heridas de centenares de personas. La responsabilidad principal por estos ataques recae sobre el gobierno de Siria, si bien se admite que los culpables de los asesinatos no fueron únicamente las fuerzas gubernamentales.

En una intervención a puerta cerrada ante los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, el general noruego Robert Mood declaró, entre otras cosas, que todos los implicados en la tragedia 'serán castigados'. “Independientemente de quien provocara primero el derramamiento de sangre o quien respondiera a él, los culpables no escaparán a su responsabilidad”.

Los diplomáticos rusos llamaron la atención sobre la ambigua situación existente en la región donde ocurrió la tragedia. “No se puede descargar toda la culpa de la masacre en Hula sobre las autoridades del país”, porque “la tropas gubernamentales no habían entrado en esta localidad”. En estos términos se expresó el representante permanente adjunto de Rusia ante la ONU, Alexánder Pankin.

“Según Mood, la muerte de decenas de civiles en la aldea de Hula se debió a la utilización de artillería pesada y tanques. No obstante, en muchos cadáveres se encontraron disparos en la cabeza efectuados a corta distancia, mientras que en otros se descubrieron signos de severos abusos físicos, que causaron la muerte”, dijo Pankin durante una conversación con periodistas.

El diplomático ruso no descartó la posibilidad de que el incidente en Hula fuera en realidad 'resultado de una provocación'. Según él, esta palabra se repitió en los comentarios de representantes de algunos países durante la sesión a puerta cerrada del Consejo de Seguridad.

La tragedia en Hula motivó una visita urgente del ministro británico de Asuntos Exteriores William Hague a Moscú. Pero, como se evidenció al final de la rueda de prensa, no logró persuadir al Kremlin de un cambio significativo en su postura.

“Nosotros no apoyamos al régimen sirio, sino el plan de Kofi Annan, dirigido tanto a las autoridades como a la oposición armada”, subrayó el ministro ruso. Asimismo, declaró que para evitar que se repitiera en un futuro lo ocurrido en Hula es necesario que las potencias internacionales jueguen el mismo juego para aplicar el plan de paz -no para lograr un cambio de régimen-, y que decidan cuál es su prioridad: objetivos geopolíticos o salvamento de vidas en Siria.

En la rueda de prensa, Lavrov recordó los acontecimientos de 1999 en la localidad de Račak, en la antigua Yugoslavia. “Llegó el jefe de la misión de la OSCE y, sin tener ninguna autoridad, declaró que en Račak había tenido lugar un genocidio. Este anuncio devino, en esencia, en el motivo principal para empezar a bombardear Serbia, con total impunidad y en violación de todos los documentos imaginables de la OSCE y de la Carta de las Naciones Unidas”, dijo Lavrov.

Añadió que, después de estos acontecimientos, la Unión Europea encargó a un grupo de patólogos finlandeses que determinaran lo que realmente sucedió en Račak. El informe elaborado por el grupo independiente de expertos negó la versión oficial.

Moscú exige una investigación concienzuda de la tragedia de Hula. Pero, quizás, lo más importante es que Rusia muestra una evidente falta de confianza hacia sus socios occidentales.