En esos momentos, el copo de la red parece casi un dragón chino, lleno de adornos. A lo largo de las franjas color naranja del saco recién sacado del agua y que ahora descansa en la cubierta del pesquero corren regueros de agua salada. La última fase de la pesca comienza cuando el “dragón” es levantado sobre el puente, la parte posterior del copo se engancha a una polea y los pollock de Alaska van cayendo, a un ritmo regular y constante, a un depósito, a través de una trampilla en el puente superior del pesquero.

Nunca se puede calcular la cantidad que se pescará. Los marineros dicen que a veces de las olas emerge una red que contiene 50 toneladas de pescado. Y que otras veces los aparejos llegan a romperse por el peso de los peces capturados.

Otros días, por el contrario, el botín es escaso. Cuando el pesquero Taivaniya se acercó al volcán activo Atsonupuri, en la ista Iturup de la Fosa de las Curiles, e izó a bordo las redes, se hizo evidente que se trataba de uno de esos días negros: del saco cayeron al puente solo ocho toneladas de pollock de Alaska. La tripulación gana proporcionalmente al peso de las capturas, esto es, al volumen de pescado que sale de las redes. Un pollock de Alaska que mida unos 30 centímetros equivale a un rublo (0,03 dólares). Un pez más grande, 1,25 rublos. Los precios son estándar y el índice de inflación no influye en absoluto sobre las ganancias.


En alta mar, los pollock de Alaska se capturan gracias a modernos dispositivos electrónicos que sondean las profundidades marinas y las corrientes submarinas. Por lo general, esta especie vive a grandes profundidades, alrededor de los 500 metros.

El Taivaniya fue especialmente construido en Canadá para la pesca costera. En Shikotan, la mayor de las Islas Curiles, hay solo dos pesqueros que se dediquen al pollock de Alaska, que se puede capturar todo el año, día y noche: el Kapitan Lapkin y el Taivaniya.

Con la disgregación de la URSS, los barcos de pesca pasaron a ser propiedad privada. Por tanto, el número de pesqueros en el extremo oriental de Rusia disminuyó considerablemente. En el pasado,  hasta ciento cincuenta barcas echaban sus redes en estas aguas; hoy no quedan sino veinte. A pesar de esto, las ganancias derivadas de la pesca no han aumentado. Los pescadores afirman que en otros tiempos se podía estar en el mar durante seis meses y pasar la otra mitad del año en casa; hoy en día, hace falta trabajar en alta mar durante ocho meses, por lo menos.

La mañana en la que tan escasa fue la pesca, el Taiviniya se encontraba en aguas profundas, unos 365 metros. La temperatura del agua de esas profundidades es muy poco superior al punto de congelación. Cuanto más caliente sea el agua, más tardan en crecer los pollock, y aún más en poner sus huevos. En una planta de Shikotan en el que se procesa pescado, estas huevas son congeladas y después exportadas.

Los tres marineros más fuertes trabajan en la cámara frigorífica, en la parte inferior del pesquero. Allí la temperatura nunca sube de cero: todo el pescado se almacena en cajas de plástico de 50 kilos cada una, que van a la bodega en una cinta transportadora. Los pollock, cubiertos de hielo artificial, pueden conservarse durante varios días. El objetivo de carga de esta embarcación es de 120 toneladas de pescado fresco.

Todos los pollock de Alaska que salen de las redes pasan por las manos de estos tres hombres. Uno de ellos, Alexandr, cuenta que antes de entrar a formar parte de la tripulación, le advirtieron que era mejor no trabajar en la cámara frigorífica. Pero un marinero común no tiene derecho a elegir su función a bordo. A lo único a lo que tenía derecho era a rechazar el trabajo, o aceptarlo y esforzarse allí donde era más necesaria su presencia, teniendo en cuenta que, a bordo, todos trabajan por el bien común.