Cada viernes a mediodía desde hace unos 20 años se reúnen a comer, a tomar un chato y a jugar la partida de tute. La escena podría corresponder a un bar de barrio de cualquier rincón de la geografía española, pero estamos en el mismo corazón de Moscú. “Terminamos a las seis porque empiezan las clases de español y necesitan el salón. Además, ya estamos mayores y nos cansamos pronto”, explica Enrique Ventinilla, secretario del ‘Centro Español’ de la capital rusa. Aunque han vivido casi toda su vida en Rusia, esos mayores nacieron y se criaron en España. Hoy los conocemos como ‘Los Niños de la Guerra’. La segunda planta de un antiguo edificio junto al céntrico metro de Kuznetski Most acoge su asociación, cuatro paredes llenas de vida que 70 años después son su principal vínculo con la madre patria. Aquí empieza nuestra ruta por los rincones españoles de Moscú.

De los 700 socios del centro, 125 son Niños de la Guerra. Enrique nos enseña un listado de varias páginas con algunos nombres tachados. “Estos son los que van falleciendo. Cada año perdemos a unos 10 ó 15. Ten en cuenta que todos rondan los 80 años”. Pero el relevo generacional está garantizado. En unos minutos el Centro se empieza a llenar de niños con sus madres: “Ahora comienza una clase de bailes españoles con Marina, que también es una de nuestras profesoras de castellano avanzado”. Los alumnos son en su mayoría hijos y nietos de esos ‘Niños de la Guerra’, rusos a todos los efectos, pero con un castellano pulido. En la actualidad el centro atraviesa estrecheces económicas, pues en 2011 dejó de recibir ayuda económica del Gobierno Español y ahora se mantiene a duras penas gracias a las cuotas de los socios. Del tablón de anuncios cuelga una hoja de papel con el nombre de donantes individuales y la cantidad aportada. Antes de irnos, Enrique nos enseña una pequeña maqueta. Es el monumento a los 215 brigadistas caídos en el frente soviético, obra de un arquitecto español, Antonio Mije, precisamente Niño de la Guerra. El original se encuentra en el Park Povedi (Parque de la Victoria), siguiente parada en nuestra ruta por el Moscú español.

Monumento en el Parque de la Victoria

El recinto lo preside un descomunal obelisco de 142 metros de altura en recuerdo a la victoria en la Gran Guerra Patria, como se conoce en Rusia a la II Guerra Mundial. “No puede ser que aquí haya un monumento a España. ¿Por qué iba a haberlo?“, responde convencido uno de los jardineros al que pedimos ayuda en nuestra búsqueda.

Aunque hay también una estatua genérica en honor a los aliados, España es el único país no soviético que cuenta con un espacio propio en tan patriótico parque. Se esconde en un coqueto rincón del extremo opuesto según se entra desde el metro. Es una capilla de granito blanco de 7 metros de altura con una placa en bronce que reza una genérica frase en ambos idiomas: “A los caídos españoles en la Gran Guerra Patria, 1941-1945”. El monumento, inaugurado en 1995 por el Príncipe Felipe, fue costeado por el ayuntamiento moscovita y el Ministerio de Cultura español. Rusia tiene un monumento similar en Madrid, en el cementerio de Fuencarral, Madrid, inaugurado en 1989, en homenaje a los voluntarios soviéticos que combatieron en la Guerra Civil.

Monumento a Don Quijote

Nuestra siguiente parada está en las afueras de la ciudad, al final de la línea  2 de metro, en la estación de Rechnoi Vokzal. El Parque de la Amistad es famoso por sus numerosas esculturas obsequiadas por países extranjeros, entre ellas, nos quedamos con una en bronce a Miguel de Cervantes. Es tradición que una vez al año se celebre un evento con estudiantes rusos de castellano, que leen fragmentos de las obras del autor junto a su estatua. Don Quijote hubiese encontrado en Rusia una segunda patria... El monumento a Cervantes  fue un regalo de la capital española en 1981 para corresponder a Moscú por una estatua de Pushkin que encontramos en el madrileño parque de Fuente del Berro. Precisamente el poeta y escritor Alexánder Pushkin, mito absoluto de la cultura rusa, es la excusa para nuestra próxima parada: el edificio de la Embajada Española. Su actual ubicación fue en el siglo XIX la mansión de la familia Goncharov, un apellido popular en la literatura rusa, pues Tatiana Goncharova fue la mujer y musa de Pushkin. Tal y como menciona en varias de sus cartas, el poeta pasó muchas horas en aquella residencia familiar y allí pidió la mano de su esposa. El edificio, situado en la céntrica avenida Bolshaya Nikítskaya (metro Arbatskaya), es un palacete de dos alturas con la fachada en blanco y amarillo.

La casa del castellano

El Instituto Cervantes de Moscú, situado en el número 20 de Novinski Boulevard (metro Smolénskaya), es mucho más que un centro de enseñanza del idioma, constituye el motor de la mayoría de las actividades culturales relacionadas con España y Latinoamérica en la capital rusa. El Cervantes organiza debates, exposiciones, seminarios y talleres casi semanales, ya sean promovidos por el propio instituto o en colaboración con terceras instituciones. Además, acoge conciertos de música y se proyectan películas en castellano. Toda esta actividad ha convertido al Cervantes no sólo en un refugio cultural, sino en un lugar de encuentro social de la comunidad hispanohablante en Moscú. Por cierto, su biblioteca, inaugurada por el Príncipe Felipe en febrero de 2006 bajo el nombre de Miguel Delibes, cuenta con un fondo de más de 20.000 ejemplares, cifra que aumenta cada año gracias a nuevas adquisiciones o donaciones de terceros.que atrajo a más de 300.000 espectadores.

Arte español en Moscú

El Museo Estatal Pushkin de Bellas Artes acoge en su colección permanente hasta 50 pinturas de autores españoles de muy diversas épocas. Entre ellas, destaca en la sección ‘Antiguos Maestros’ una generosa recopilación del Siglo de Oro, con obras de Murillo, Rivera, Zurbarán o Alonso Cano. También está representado el siglo XIX español, con pinturas de, por ejemplo, Mariano Fortuny y Joaquín Sorolla, que encontrarán en la sección de ‘Arte Europeo y Americano del XIX y el XX’. Pero la verdadera joya de la colección española, sino de todo el museo, es la serie de 11 pinturas de Pablo Picasso. Muestra de la devoción que despierta el malagueño también en Rusia fue el éxito de la exposición temporal que el mismo museo acogió en 2010, que atrajo a más de 300.000 espectadores. El Pushkin ofrece servicio de audio-guía en cuatro idiomas... entre los que lamentablemente no está todavía el castellano. El otro gran centro de arte de la ciudad, la Galería Tretiakov, sí cuenta desde 2008 con servicio de audio-guía en castellano, aunque en su fondo no consta ninguna obra española, pues su colección se centra en arte ruso.

Cae la noche en Moscú y, a diferencia de otras comunidades de expatriados, la vida social de los españoles es bastante dispersa, sin lugares de culto, como nos confiesan varios veteranos compatriotas en la capital. Cada uno hace la guerra por su cuenta. En una ciudad con centenares de restaurantes italianos y franceses, podemos contar con los dedos de una mano los verdaderamente españoles: El Parador, El Asador o las dos sucursales de Lizarran. Para tomar una copa por el centro y escuchar castellano en un porcentaje significativo, la mejor opción sería Krisis Zhanra, con música alternativa y ambiente underground. Si prefieren el lujo, pueden acercarse a tomar la última en la delegación que la empresa española Pachá tiene en una de las calles más exclusivas de Moscú, Nikólskaya, junto a la Plaza Roja. Allí encontrarán a Hugo Oliver, español de Figueres, relaciones públicas de la discoteca, que les guiará en un ambiente de nuevos ricos, mujeres de vértigo y precios prohibitivos.