“La principal razón de la existencia y de la vida de nuestra Iglesia Ortodoxa Rusa es religiosa – afirma el padre Alejandro -. Este concepto es fundamental. Toda actividad social se desprende de ese concepto. Y no es que nosotros hagamos proselitismo durante ese trabajo con la sociedad, sino todo lo contrario: es el resultado de toda una trayectoria consagrada a la religión. Soy enfático al destacar este punto vital, porque tengo el conocimiento de que en varias comunidades, justamente, su característica notoria es la social y en ocasiones, ello mueve a confusión.


No recibimos apoyo oficial de ninguna especie porque eso está íntimamente relacionado con nuestra idiosincrasia, con nuestro celo por la libertad: hacemos lo que podemos, pero lo hacemos nosotros mismos. Es bienvenida toda ayuda, como la de las panaderías vecinas, que nos facilitan el pan fresco de cada día. Pero nos basamos en la autogestión.


En diciembre de 1991, cuando se produce la caída de la Unión Soviética, numerosas tripulaciones enteras de barcos con bandera de la URSS fueron libradas a su suerte en muchos puertos de diferentes ciudades de todo el mundo. Por ejemplo aquí, en el puerto de la Ciudad de Buenos Aires y en otros estuarios de la costa atlántica argentina, estos marineros, se vieron de noche a la mañana absolutamente desamparados. La compañía que los había contratado pasó a pertenecer a un país independiente, con el Estado soviético ya disuelto, declarándose en quiebra y adeudándoles a sus empleados una cifra de dinero muy elevada, por aquel entonces”.  


El padre Alejandro rememora aquel caso de los marineros de la antigua URSS abandonados en América del Sur: “Algunos de ellos trataban de buscar refugio en algunas embajadas todavía en funciones (otras de ellas, ya inexistentes). Hasta aquel año 1991, por ejemplo, un ciudadano ucraniano tenía pasaporte soviético. En efecto, con la caída del bloque de países del Este no había ya ningún Estado-nación al que estos hombres del mar pudieran acudir. Todos ellos poseían un factor en común que los unía:  su cultura, su educación y, en gran medida, también su fe. Eran gentes quizá poco religiosas, pero en su mayoría bautizados y con una conciencia y un entendimiento de lo que es la religión, pese a provenir de un país oficialmente ateo”.


El caso de los marinos soviéticos


“A pesar de todo, la cultura, la fe y la creencia en Dios del pueblo ruso no se doblegó nunca – afirma Iwaszewicz -. Muchos de esos marinos mercantes que habían quedado varados en Buenos Aires, debido a la cercanía del templo con el puerto, asistían a los oficios que dábamos aquí”.


“Con el buen clima imperante en nuestra metrópoli, templado y algo húmedo, ellos, que se habían adaptado a temperaturas y condiciones laborales mucho más extremas, enseguida pudieron acostumbrarse al ritmo de vida porteño. Sin lugar dónde hospedarse, se alojaron acá en el templo, con nosotros. En un principio, podían vivir dentro de los barcos amarrados. Después, los propios navíos pasaban a ser tierra de nadie”.


La fundación de la Iglesia Ortodoxa Rusa


La Iglesia Ortodoxa Rusa se estableció en su dirección histórica de Brasil 315, San Telmo, a partir de diciembre de 1898, cuando se colocó la piedra fundamental del templo. Su majestad el Emperador Alejandro III zar de Rusia firmó el 14 de junio de 1888 (calendario juliano) el “ukaz” (decreto), que ordenaba la fundación en Buenos Aires de la Iglesia Ortodoxa adscrita a la Legación Imperial de Rusia en América del Sur, creándose de esa forma, ha pedida de feligreses de otras nacionalidades, la primera y única comunidad religiosa de origen ortodoxo en el continente sudamericano. La bendición de la basílica, de estilo moscovita de los siglos XVII y XVIII, sita frente al tradicional Parque Lezama, se produjo el 6 de octubre de 1901, hace ya casi 111 años.


El Parque Lezama es un típico paseo porteño, característico por sus añejos árboles, su anfiteatro y su barranca en declive hacia dos avenidas de la ciudad. Conforme lo aseveran ciertos historiadores, este predio sería el sitio donde el conquistador español Pedro de Mendoza llevó a cabo la primera fundación de Buenos Aires, en 1536. Justo enfrente de este espacio verde, en dirección al norte, se erige el templo de la Iglesia Ortodoxa Rusa.


“Los marinos pensaban – continúa el presbítero - ‘Hay un clima templado, estamos todos juntos, ¿a dónde vamos? Al parque, que queda muy cerca’. Nace el interés por estas personas de nuestro superior, el padre Valentín (párroco oficial de la iglesia, hoy en día reemplazado por razones de salud por su hijo Alejandro, quien se encarga del relato de esta historia). Y allí es cuando determinan obrar de cara a estas personas con problemas. Surgió el apoyo desinteresado de vecinos de nuestro barrio, alojándolos en sus casas particulares, dándoles termos con té o café para beber. Hemos llegado a tener, divididos en grupos, entre 200 y 300 personas dentro de nuestra iglesia, en aquella época”.


Y el padre Alejandro Iwaszewicz, a raíz de los 40 días del festejo de la Pascua rusa, quiso dejar para Rusia Hoy un saludo habitual entre todos los fieles (traducido del ruso): “Христос воскрес. Истину воскрес”. Traducido del ruso, “Cristo resucitó. Verdad, resucitó”.