Las dos palabras más frecuentes a la hora de referirse a usted son galerista y consultor político, se trata de una combinación interesante.


Me hice famoso en 1990 siendo el arte mi primera ocupación. Los rankings de galerías acababan de salir a la luz y la Galería Guelman siempre ocupaba el primer lugar. En aquel entonces, ser el propietario de una galería era un concepto totalmente novedoso. Creo que en cierto modo me convertí en un símbolo.


Pero hizo malabares con la consultoría política.


Cuando empecé fue algo inusual. En 1996, trabajaba en mi galería al mismo tiempo que tomé parte en la formación de la Foundation for Effective Politics junto con Gleb Pavlovski (antiguo asesor de la Administración Presidencial). En aquel momento era algo raro, la verdad. Pero ahora es completamente normal. Piensa en ello, en la campaña presidencial de Putin había un director de cine y en la de Mirónov un actor. Es bastante divertido.


Hace unos días usted dio una rueda de prensa en la que junto con Aidan Shalájova anunciaron que estaban cerrando sus galerías, mientras que otra antigua galería de arte “XL” iba a cambiar de formato. ¿Qué está pasando con el mercado de arte ruso?


En los últimos dos años la galería ha dejado de generar beneficios. Yo sólo puedo especular sobre las razones, pero creo que el problema principal es que el entorno actual en Rusia no proporciona buenas condiciones de mercado. El arte depende de la libertad de la misma manera que un coche depende de la gasolina.


¿Qué opina del arte inconformista?


El arte inconformista fue un fenómeno local, constituido por un grupo muy reducido de personas. El mundo actual del arte en Rusia es mil veces más grande. Estamos hablando de un enorme entorno artístico. Además, actualmente las personas más ricas de Rusia son los burócratas o personas vinculadas con el Estado que no están interesadas en revelar sus ingresos, lo que significa que no ahorran.


Usted atribuyó las pocas ventas al hecho de que muchos compradores están alejándose de Rusia.


Tras echar un vistazo a nuestra lista de clientes entre 1996 y 2008, vimos que más del 80% de ellos vivían fuera de Rusia.


Si cierran varias galerías veteranas, ¿qué pasará con el resto?


Deberán aprovecharse de eso. Es una oportunidad para las galerías jóvenes de mostrar la ambición y el fervor que la mayoría de galerías veteranas han perdido. Si son capaces de encontrar el entusiasmo que tuvimos nosotros en 1990, cuando nos sentimos como si formásemos parte de una revolución cultural y utilizásemos su capacidad de gestión, ellos podrán hacerlo mejor.
 
Como dice el crítico de arte Nikolái Palazhchenko, los pioneros crean los cimientos y los que llegan después se hacen con el dinero que proviene de ellos.


¿Cuáles son los patrones más importantes de las artes en Rusia?


Semenijin, por ejemplo. [Vladímir Semenijin, fundador de la Fundación Cultural “Ekaterina” ]. Serguéi Gordéev [fundador de la Russian Avantgarde Foundation. No quiero dar nombres, pero son personas muy importantes con grandes colecciones. Sin embargo, más de la mitad viven fuera de Rusia. Por supuesto, no hay que olvidarse de Dasha Zhúkova.


¿Hay posibilidad de que el arte ruso domine el mercado en algún momento?


Me atrevo a decir que tiene la obligación de hacerlo. Pero no depende sólo de los artistas. Mira, el arte es un negocio en el que sólo necesitas un puñado de artistas para conseguir un gran avance. Por ejemplo, Sensation. La exposición original contaba sólo con ocho artistas que más tarde cambiaron por completo la escena del arte británico. Si se diese un esfuerzo similar para encontrar e invertir en artistas con talento, tal vez podríamos ver un cambio en el estado del arte contemporáneo ruso.


¿Qué papel debería desempeñar el gobierno en este proceso?


Existen algunos buenos ejemplos de cómo hacerlo en otros países. En EE UU, por ejemplo, las empresas son los mayores inversores y esto es una forma eficaz de ponerse en marcha. Pero además, han creado una legislación de impuestos efectiva que proporciona al inversor deducciones fiscales. Desafortunadamente, esto no funcionaría en Rusia debido a la criminalidad. Nuestra mentalidad es tal que cualquier tipo de incentivo financiero podría dar lugar a diferentes esquemas de corrupción.


Me he dado cuenta de que los municipios son los mejores socios, porque están interesados en lo mismo que el artista. Además, las regiones de Rusia se encuentran en un estado lamentable al igual que las artes. No están en condiciones de fijar los términos, ya que necesitan las artes tanto como las artes los necesitan a ellos.


Actualmente está involucrado en su propio proyectos cultural y político. Además, usted es el director del Museo de Arte Contemporáneo de Perm, que es un gran esfuerzo por convertir la ciudad en una capital cultural. ¿Cuáles fueron sus motivaciones para involucrarse en este proyecto?


En ese momento tenía 47 años y estaba pasando por una crisis de mediana edad. La galería marchaba perfectamente sin mí y sentí que en todos los proyectos en los que participaba y las personas con las que trabajaba sólo estaban haciendo uso de mi nombre y no de mis habilidades o de mi talento. Y cuando surgió la idea de Perm prometía ser una apuesta real. Nadie pensaba que iba a salir bien.


¿Y fue así?


Recientemente estuve en una conferencia de un museo en el Centro Pompidou de París y mis compañeros de otras galerías se ofendieron cuando oyeron que el Pompidou sólo estaba dispuesto a trabajar con el Museo de Arte Contemporáneo de Perm. En este momento es el museo ruso más integrado en la escena museística mundial.


¿Qué piensa sobre la idea de convertir Perm en una capital cultural? ¿Qué parte de este plan se ha cumplido ya?


[Suspira] Alrededor del 10%. Queremos que Perm se convierta en una ciudad europea normal con una rica vida cultural. Por el momento, sin embargo, no se ha hecho lo suficiente para ello. Entonces lo que hemos hecho ha sido organizar un festival llamado “Noches Blancas”. Dura un mes. Y tenemos la esperanza de ver cómo este concepto se hace un hueco poco a poco.

Marat Guelman es conocido en Rusia como publicista y por ser propietario del diversas galerías como la Galería Marat Guelman. Es el director del Centro de Arte Moderno y del Museo de Arte Moderno de Perm. Además, es el propietario del estudio de Diseño Gráfico Guelman. De acuerdo con la revista Artjronika (Crónica de Arte) Guelman es una de las 50 personas relacionadas con el arte más influyentes de Rusia. En primer lugar, dejó su huella en la contribución al desarrollo cultural de Perm, donde dirige el Museo de Arte Moderno. Inicialmente, Guelman quería hacer de Perm la capital cultural de Rusia. Sin embargo, cambió de idea y la convirtió en la capital de la juventud. Además, también es conocido por ser un experto en política. Guelman es el co-fundador del Fondo de Política Eficaz, uno de los centros más grandes de Rusia para estudios políticos. Dejó este centro debido a las diferencias con su socio Gleb Pavlovski.


Además de eso, hemos abierto el Museo del Pérmico, el Teatro Stage-Molot y la Residencia de Arte de Perm. También estamos a punto de abrir el Museo de Fotografía y el Teatro de Coreografía.


¿Se considera un liberal?


Sí, aunque nunca he luchado por el poder político o he sido parte de la oposición. Sin embargo, siempre digo lo que pienso. Presento mis alternativas. Sin tratar de cambiar todo el sistema quiero demostrar que las cosas pueden ser diferentes.


La actuación de las Pussy Riot en la Catedral del Cristo Salvador se vio como una protesta política. Pero usted, ¿qué piensa sobre su valor artístico?


Me niego a debatir el valor artístico de su actuación mientras las chicas permanezcan en prisión. Lo más importante ahora mismo es que sean liberadas.


Muchos rusos son muy cautelosos con el arte contemporáneo. ¿No crees que su actuación sólo ha exacerbado esta actitud?


Ni siquiera puedo comenzar a enumerar la cantidad de problemas que he tenido a causa de las Pussy Riot. Al mismo tiempo, las actuaciones radicales tienen una función importante. El 10 de diciembre [protesta contra las elecciones] los artistas se dieron cuenta de que ya no eran la vanguardia social. La sociedad demostró que iba por delante de ellos, que era más radical. Fue una lección para ellos, un recordatorio de que todavía no hay ni democracia, ni libertad de expresión y de que deben resistirse a ser integrados en el sistema.


El caso contra las Pussy Riot está en el limbo. ¿Cuál cree que sería la solución más realista?


Sólo hay una solución. Deben ser puestas en libertad. Deberían cambiar los cargos contra ellas.

¿Participará en las protestas del 6 de mayo?


No. Estaba preparando una exposición en Krasnodar. Cuando estuve allí la última vez todo el mundo me dijo: “Marat, haz lo que quieras, pero por favor no toques el tema de la religión”. Por eso, he decidido que será la primera cosa por la que empezaremos.