Latinoamérica está emergiendo con rapidez como el próximo campo de batalla de influencia entre las empresas rusas y chinas que se expanden en todo el mundo.

Con una población total de 590 millones y unos niveles de crecimiento superiores al 4%, los  mercados de Brasil, México, Argentina y Chile resultan cada vez más atractivos y ofrecen enormes oportunidades, en especial debido a que la influencia de los poderes tradicionales de Europa y América del Norte está comenzando a menguar tras una década de dominio casi absoluto.

“La pérdida de influencia de Europa y de los Estados Unidos en Latinoamérica puede considerarse un efecto secundario de la crisis, signo de que la legitimidad del sistema occidental empieza a decaer ante los ojos de los mercados emergentes y de que hay otros que indefectiblemente ingresarán”, afirma José Luis López Valenciano, analista global ubicado en España que hasta hace poco trabajó con la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), dirigida por el expresidente español José María Aznar.

Muchos países y empresas de Europa se están viendo forzados a repensar su enfoque respecto de Latinoamérica. España, que es el nexo evidente de Europa con Latinoamérica, además de ser un país con importantes intereses en la región está atravesando la mayor crisis en décadas, con niveles de desempleo que alcanzan un pico histórico. Las centrales eléctricas españolas se están yendo o están siendo expulsadas de la región. A principios de mayo, Bolivia nacionalizó las operaciones de Red Eléctrica de España, empresa energética parcialmente estatal. Unas semanas antes, Argentina nacionalizó el 51% de YPF, la empresa petrolífera nacional, que pertenecía a la española Repsol.

En los Estados Unidos, la política exterior aplicada a Oriente Medio y a Asia ha marginado el anterior enfoque respecto de Latinoamérica.

Ocupar un espacio vacío

“A diferencia de los Estados Unidos, la Unión Europea en su totalidad no puede considerarse un aliado fiable, sino conflictivo. Esto genera que países como Rusia y China tengan mayores posibilidades de ocupar el espacio que deja Bruselas”, explicó López Valenciano.

El comercio bilateral entre Rusia y Latinoamérica se ha incrementado hasta casi alcanzar los 15.000 millones de dólares al año. El ministro ruso de Relaciones Exteriores Serguéi Lavrov ha viajado mucho por la región y planea más de 60 cumbres de alto nivel para los próximos cuatro años, incluso en economías más pequeñas como las de Perú y El Salvador.

El principal interés de Rusia en Latinoamérica lo constituye Venezuela, país rico en petróleo con enormes y probadas reservas de ese recurso. La empresa rusa Gazprom, mediante su sucursal regional Gazprombak Latin America Ventures, ya está iniciando operaciones en los yacimientos petrolíferos de Bacaquero Tierra y Lagunillas Tierra, al noroeste de Venezuela, en una empresa conjunta con la Corporación Venezolana del Petróleo (CVP) de Caracas. Gazprom ya ha establecido presencia en otros lugares, como Brasil, en donde trabaja junto a Petrobras, empresa petrolífera estatal brasileña.

Las aerolíneas rusas están ayudando a fortalecer estos vínculos. Aeroflot y Transaero están ofreciendo vuelos directos hacia la Argentina, México, Panamá, Nicaragua, Brasil y Cuba, al tiempo que Rusia negocia acuerdos para ingresos libres de visas con la mayoría de los países del subcontinente hispanohablante.

“Desde aquí, observamos que las empresas e instituciones rusas son tan pujantes como las chinas y las brasileñas, por ejemplo. Vemos que en verdad están apoyando la investigación y abriendo mercados tradicionalmente reservados a los aliados europeos”, aseguró la Dra. Domínguez Serrano, profesora titular de El Colegio de México que trabajó y vivió en Hong Kong.

“Sin embargo, en lo relacionado con la implementación de políticas sociales o ambientales, aún tienen mucho por hacer. Están comenzando a aprender a trabajar en la región”, declaró a Rusia Hoy.

Públicamente, la posición oficial de Rusia es que Latinoamérica constituye un lugar que el país no puede permitirse ignorar.

“Los países líderes de la región demuestran una capacidad de participar activa y productivamente en el tratamiento de asuntos de la agenda global y, con respecto a los ritmos de crecimiento económico, la región quizás solo esté precedida por Asia”, afirmó recientemente un portavoz ruso.

En la actualidad, el comercio de Rusia con la región se ve eclipsado por el de China. En el año 2010, las relaciones comerciales entre China y Latinoamérica alcanzaron los 179.000 millones de dólares, cifra que supera en más de once veces las operaciones de Rusia con la región.

China ha estado comprando enormes cantidades de puertos y recursos en Latinoamérica durante dos décadas. Las empresas privadas y estatales de ese país adquirieron terminales portuarias desde el norte de México —en Manzanillo y Ensenada— hasta Ecuador, que en el año 2006 modificó sus leyes para permitir el ingreso de Hutchinson Whampoa, conglomerado hongkonés.

Las multinacionales chinas han estado muy activas en la región desde 1992, cuando Shougang Corporation de Pekín adquirió la empresa peruana Hierro Perú. La inversión extranjera directa de China en Latinoamérica, en especial en países del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico, ha aumentado hasta superar los 15.000 millones de dólares en el año 2010.

“Existe una fuerte preocupación en la región acerca de cuáles serán los próximos pasos que tomarán los nuevos poderes que intenten afianzarse en la región”, aseveró otro analista de El Colegio de México, think tank de élite que cuenta con una unidad especializada en Asia. “Rusia y China no se mantienen al margen de ello”.