A principios de la década de los 90 la Argentina, en brazos del presidente Carlos Saúl Menem y el “mago” de la economía  Domingo Cavallo, proclamó la apertura de su economía. Ello provocó el derrumbe de la producción local y la invasión de cuanto producto importado circulara por el mundo.


En el caso de los automóviles, el régimen de importación permitió que ingresaran vehículos de países “exóticos”, que nunca habían presentado sus autos en el mercado local. Uno de los primeros en hacerlo fue Rusia.


Jorge Cupeiro, famoso piloto de turismo carretera, acordó con Motores Internacionales S.A. en Panamá la importación de los autos Lada a la Argentina. El propietario de la empresa panameña era Liov Ródin, un fantástico hombre de negocios ruso que había logrado que AvtoExport, el monopolio de exportación soviético de automóviles, le diera la representación exclusiva para toda América Latina. Desde 1978 hasta 1998, Motores Internacionales vendió en América Latina 326.000 automóviles, por una suma cercana a los mil millones de dólares.


Liov Ródin murió en Panamá en 2006

 
Los Lada llegaron por miles a la Argentina. Los Zhigulí, así es su verdadero nombre ruso tomado de los antiguos bandoleros del Volga, en cuyas riberas FIAT construyó la gigantesca fábrica “AvtoVaz”, se convirtieron en uno de los favoritos de los taxistas en la década del 90. Los modelos “chetviorki”, “semiorki” y “Samara” todavía pueden verse en las calles de las ciudades argentinas.


Pero el que se convirtió en un clásico es el todoterreno Niva. Ágil, de mediano porte, económico y “un fierro”, como lo definieron en la Argentina. Esta  creación original de AvtoVaz se convirtió en un objeto de culto que recorrió los caminos más duros de la Argentina. Un club de fans del Niva organiza todos los años recorridos por diversas regiones del país.