Argentina es para la directiva de la RUDN, un país prioritario en su proyecto de promoción de becas. Desde 2006 se han hecho esfuerzos para restablecer la presencia argentina en la universidad, pero actualmente sólo hay cinco estudiantes. Según el director de la sección de América Latina, Vladímir Timoschik, “la RUDN ofrece cada año de 10 a 15 becas para Argentina en cualquier especialidad de pregrado o posgrado, que se pierden, no porque no haya acuerdos de convalidación de diplomas entre ambos países, sino porque para muchos no vale la pena venir a una carrera de 5 años cuando en Buenos Aires está la Universidad Nacional”. De modo que la promoción de becas “está enfocada a quienes quieran elevar su nivel profesional y hacer una maestría o doctorado”. La buena noticia es que la nueva ley estará lista para este año.

¿Cómo informarse sobre las becas y cómo solicitarla?

La embajada rusa en Argentina recibe la información y la envía al Ministerio de Educación. Esta información también está disponible en la Casa de Rusia, en las asociaciones de egresados de la universidad y en los centros culturales rusos del país. Para solicitar la beca se debe ir a uno de estos lugares, de donde se envían los documentos al Ministerio de Educación y Ciencia en Rusia, por correo diplomático. El plazo de envío es hasta mayo. Una comisión especial estudia la candidatura de los aspirantes. Los documentos que se necesitan son: un formulario especificando la carrera escogida, copia del pasaporte, certificado con notas escolares (para pregrado) o de la universidad (para posgrado), el diploma y certificados médicos. Todo debe estar traducido al ruso y legalizado en el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Al llegar, los estudiantes deben pasar una serie de análisis médicos durante dos semanas, como medida preventiva contra epidemias, y luego pueden empezar sus estudios. No se necesita presentar examen de admisión, sino algunos tests para decidir el grupo en la Facultad Preparatoria. El primer semestre será exclusivamente de lengua rusa, y en el segundo se incluirán materias (en ruso) dependiendo de la especialidad escogida.


Vladímir Timoschik, director de la sección de América Latina de la RUDN


Estudiar en la RUDN tiene sus ventajas también desde el punto de vista económico. Si se tiene buen rendimiento académico, el estudio y la residencia serán gratis. Los estudiantes extranjeros tienen derecho a un pago mensual del gobierno ruso que alcanza para diez almuerzos en el comedor de la universidad. Para vivir en Rusia se necesitan, como mínimo, 300 dólares al mes. Incluso si viene por contrato, el año académico aquí cuesta 3800 dólares, mucho menos que en cualquier otro país del mundo, incluyendo América Latina. Por eso, y porque la educación en Rusia sigue estando al nivel de los países desarrollados, sobre todo en ciertas carreras como economía, física, matemáticas y filología, vale la pena venir. Por otro lado, en la universidad hay estudiantes de 145 países del mundo que viven y estudian juntos. Eso da posibilidades de hacer negocios y de conocer gente. En cierta medida, la RUDN es como la ONU, un verdadero ejemplo de la amistad de los pueblos. Creo que ninguna otra universidad de Europa o Estados Unidos puede jactarse de un colectivo tan internacional. Además, en nuestra universidad un extranjero siempre encuentra apoyo. Hay asociaciones de compatriotas, y, en especial, la Asociación de América Latina está muy unida. Recogemos a los estudiantes nuevos en el aeropuerto, se les ofrece ayuda para cambiar dólares, en fin, siempre tienen una mano amiga en los momentos difíciles.    


Una argentina en Moscú

Hace tres años Estefanía Netri decidió dejar su Rosario natal para ir a estudiar a Moscú. Tenía numerosas razones para hacerlo. Por un lado, su abuelo había estudiado en la Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos (RUDN), y por otro, su abuela y su madre son rusas. Criada con gran amor hacia la cultura rusa y llena de las historias románticas que sus abuelos le contaban sobre Moscú, para Estefanía no fue difícil tomar la decisión de viajar a un país entrañable para ella, aunque lejano y desconocido.


Actualmente cursa el segundo curso de Filología en la misma universidad que estudiaron sus abuelos, pero su sueño fue siempre entrar en una escuela de danza. Por eso participa activamente en los grupos de danzas de las asociaciones latinoamericanas de la universidad, donde colabora en la organización de las coreografías.


Lo más difícil, según reconoce la joven, fue aprender el idioma. “Antes de venir, sabía muy poco: algunas palabras, los números, saludos, el alfabeto. Podía leer, pero no escribir. Cuando llegué me di cuenta de que no sabía nada, pero aprendí rápido”.


Según Estefanía, la universidad rusa tiene una metodología muy distinta a la argentina: “Acá el método es como en la escuela de allá. Los profesores te tratan como si fueses un niño pequeño. Tenés el cuadernito rojo para las tareas y el azulito para los controles. Todo es muy cuadriculado”. Sin embargo, la joven reconoce que este método ayuda a ser realmente disciplinado, sumando también el temor a perder la beca.


A quienes vayan a estudiar a Rusia desde Argentina Estefanía aconseja: “Recomiendo que vengan para estudiar artes, lengua o algunas maestrías, sobre todo si su condición económica en Argentina se lo permite. Los precios están bien, más si tenés una beca para estudiar. Pero en Moscú la vida sí es más cara.Yo vivo con 300 ó 400 dólares, nos dan sólo 30 dólares de beca y no recibimos dinero del gobierno argentino”. Estefanía dice que ha aprendido mucho en estos años en Moscú: “Crecí como persona, y también académicamente”.  


Con un idioma más y con importantes experiencias vitales, espera volver a su ciudad para trabajar como traductora y profesora, pues allí el único traductor matriculado es su abuelo. “Ahora hay muchas compañías argentinas que tienen negocios en Rusia, así que el proyecto tiene buen futuro. Me gusta Rusia, pero Argentina es mi hogar. Quiero mantener el contacto con la cultura rusa, de alguna forma me siento parte de ella”,  comenta.