Fuente: Reuters / Vostock Photo

En el pueblo Buránovo es necesario traer agua de pozo para el uso doméstico. Para calentar la casa y preparar la comida hay que calentar el horno, por lo que es necesario tener gran cantidad de leña en reserva. Para mantener el presupuesto del hogar, cada familia cría vacas o puercos, que exigen atención desde la mañana hasta la tarde. En verano todos trabajan en sus huertos, cultivando patatas y otras legumbres. En general, la vida aquí es sinónimo de duro trabajo físico. Esto no ha  cambiado en los últimos 100 años.


Pero no vale la pena sentir lástima por las abuelas. A la pregunta de si no quisieran  trasladarse a vivir por ejemplo, a Moscú, donde el agua sale de los grifos por sí misma y no hace falta calentar los hornos, las cantantes - mostrando un  gesto de horror - se niegan y empiezan a expresar la pena que sienten por los  moscovitas, quienes tienen que sacrificarse y pasar horas en atascos y en oficinas sofocantes. “¿Cómo descansáis?”, preguntan sorprendidas y agregan: “Para nosotras la vida es diferente, salimos al campo o al bosque y de algún lugar surgen las fuerzas”.


Tampoco consideran su grupo musical algo especial o grandioso. Las abuelas dicen de sí mismas que “hay muchos grupos como el nuestro”. Y, lo cierto es que en la Rusia provincial existen no pocos colectivos de canto, conformados por veteranos de la guerra  o jubilados. ¿A qué más se pueden dedicar durante las largas noches de invierno, sino es a cantar a coro? Pero la suerte ayudó a las “abuelas de Buránovo” a llenarse de gloria, tras un inteligente paso de su productor. En 2008  cantaron a su manera populares  canciones de rock ruso, de Víctor Tsoy y Borís Grebenshikov.


En 2010 participaron por primera vez en el concurso eliminatorio para ir a Eurovisión, pero ocuparon el tercer lugar. Este año han vuelto a presentarse y han ganado. Y ninguno de los anteriores participantes rusos había despertado  tan inusitado interés.  


En Buránovo no pasa ni un día sin que lleguen periodistas extranjeros. A mediados de abril hubo reporteros de EE UU, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Japón, Polonia, y Finlandia. Las autoridades del lugar, están en alegres y ya están haciendo planes para el futuro: itinerarios turísticos a las casas de madera donde viven las abuelas, y excursiones al establo. Incluso la ministra de cultura de Estonia ha hecho un llamamiento a sus compatriotas, para que voten por el colectivo ruso. Considerando el hecho que durante los últimos 20 años las relaciones entre Rusia y las repúblicas bálticas – diciéndolo de manera suave - han sido frías, es una noicia fantástica. Aunque, a decir verdad, tiene una explicación: los idiomas bálticos y la lengua de Udmutria pertenecen a un mismo grupo lingüístico. Así que podemos decir que estos pueblos tienen un parentesco. De todos modos, no hay que minusvalorar que hayan pedido el voto para Rusia.     

 
Pero, ¿a qué se debe tanto interés? El colorido, el modo de vida natural o los trajes de siglos de antigüedad, todo ello tiene un inevitable interés, pero son insuficientes por  sí mismos.   

En otros países también hay cosas semejantes. Puede ser que la razón sea otra, ¿quizá el hecho de que sean abuelas? En el mundo moderno prima el culto a la juventud y a la belleza. Es indudable. Pero al mismo tiempo se observa otra tendencia: la población de todos los países desarrollados está  envejeciendo ante nuestros ojos, o dicho con mayor exactitud, está viviendo más años.  En el mundo actual hay más países en los que el número de habitantes ancianos empieza a ser mayor que el de niños. Por ejemplo, en Mónaco las personas mayores de 65 años ha alcanzado el  22% del total, en Japón esta cifra es del 20%, en España alcanzan el 17%. Al mismo tiempo, el porcentaje de niños hasta los 15 años no supera el 14%. Asistimos a un cambio en la estructura social.   


Hoy en día no sorprende a nadie la exitosa carrera de una persona joven y guapa. Es algo que se da por descontado, el discurso imperante es que en la juventud se puede lograr casi todo lo que te propongas, lo único que hace falta es tener el deseo y la posibilidad. Pero, ¿hay vida más allá de los 70 años? Parece que la mayor  parte de la sociedad en los países desarrollados empieza a  interesarse por esta pregunta seriamente. Todo parece indicar que gracias al desarrollo de la medicina y de la popularización de un modo de vida sano vamos a vivir largo tiempo, pero ¿cómo será esa vida? Está claro que los países con una población  longeva tendrán que preocuparse más por esta pregunta.


Las “abuelas de Buránovo” ya han encontrado su respuesta. Hace años, en la Casa de cultura local, no suponían que con más de 70 años alcanzarían la cumbre del business show europeo. Pero si la vida te da tal oportunidad, entonces, ¿por qué no probarlo? Ellas tienen un estímulo  importante: sueñan con reconstruir la iglesia del lugar, destruida durante la época soviética. Y destinan  parte de sus honorarios precisamente a ello.