Casi parece que estuviera escuchando; que estuviera observando todo lo que sucede en  este gran salón, una de cuyas paredes está cubierta por estanterías de madera oscura, donde están colocados algunos textos de Marx. Un retrato de Lenin de perfil, inclinado sobre una copia del diario Pravda, es lo primero que llama la atención al entrar en la oficina de Borís Olegovich Komotski, situada en la octava planta de la calle Pravdi en Moscú. Desde 2009, Komotski es el director del periódico del Partido Comunista ruso que ha cumplido cien años exactamente el 5 de mayo de 2012.


Han pasado muchas cosas desde aquel día en que, mientras en Rusia soplaba el viento de las huelgas obreras, se imprimió en Petrogrado el primer número del periódico que con los años llegó a convertirse no sólo un símbolo, sino en la potente voz de la izquierda soviética.


“En otros tiempos, aquí se trabajaba cuarenta veces más. Se trataba de un enorme mecanismo que giraba en torno a una redacción que trataba diariamente con grandes personajes y críticos, con acontecimientos importantes. Desde entonces, han cambiado muchas cosas”. Borís Olegovich habla con voz calmada, con su chaqueta oscura abotonada hasta el cuello, interrumpiendo la conversación cada vez que suena el teléfono.


Ahora, de aquella gran máquina que funcionaba en torno a Pravda solo quedan algunos engranajes, pero sigue siendo sólida y activa: trabajan 15 personas en la redacción, 6 colaboradores externos y 3 corresponsales extranjeros. Nikolái Dmitrovich Simokov es el más veterano del grupo. Hoy, a sus 82 años, pasa con orgullo las páginas del ya polvoriento ejemplar original del 22 de junio de 1941, día en el que se comunicó que Rusia entraba en guerra. “Lo recuerdo como si fuera ayer”, explica, pasando las páginas con cuidado. Ha pasado 58 años de su vida en esa redacción. “Mira- dice, mostrando otra página - aquí, bajo estas poesías de la sección de cultura, seleccionadas para aquel día, puedes ver mi firma”.


También el apoyo al Partido Comunista ha resistido al paso del tiempo. “El diario es todavía hoy el principal órgano de información del KPRF (Partido Comunista de Rusia), aunque, naturalmente, ahora las cosas son bastante diferentes”, aclara Borís Olegovich ajustándose la chaqueta. “El poder es el poder, mientras que nosotros ahora somos la oposición. Y debemos encontrar la manera de sobrevivir”. Los fondos, por supuesto, provienen del Partido, “y junto con el Partido, incluso ahora, luchamos contra el capitalismo, persiguiendo los ideales de Lenin”.


Se mantiene vivo el orgullo de aquella época dorada, cuando las cifras de ejemplares de las tiradas tenían seis ceros. Al igual que en 1987, cuando de la rotativa salían 11 millones de copias. Ahora solo se imprimen 100.000. Entre los lectores más fieles se cuentan los trabajadores, los comunistas y simpatizantes del partido de izquierda. Hay incluso muchos jóvenes, según Komotski. “Pero tengo la impresión de que hoy en día la prensa escrita ha perdido la autoridad”, dice. “Se puede escribir lo que se quiere, pero no sirve de nada: la noticia se imprime, se lee, y cae en el olvido. Pero hubo un tiempo en el que las noticias dejaban huella”.


Eso de la censura, sin embargo, es un capítulo aparte. “Censura había, y siempre la habrá”, dice abriendo los brazos. “Puede actuar de manera oficial o por vía indirecta, de una forma más velada. Pero no podemos librarnos de ella, ni ahora ni en el futuro”.


Mientras tanto, piensa en el importante número que encontramos en los kioskos rusos el 5 de mayo de 2012: "Será un periódico que hablará sobre el propio periódico, explica Komotski, señalando las galeradas. “Una de esas copias atemporales que se pueden leer ahora y dentro de cinco años”.


La noche del aniversario tuvo lugar la ceremonia oficial, con una celebración en el Salón de las Columnas del Soyuzov Dom, el aristocrático palacio sede de las reuniones del Partido Comunista. A este encuentro asistirán algunas autoridades, importantes veteranos y algunos de los máximos representantes del partido. En primera fila, junto con 20 corresponsales de periódicos extranjeros de izquierdas (como el alemán “Unsere Zeit” y el español “Mundo Obrero”), estuvo, por descontado, Guennadi Ziugánov, actual líder del Partido Comunista.


“¿El futuro? Es incierto”,concluye Komotski, mientras sigue hojeando las pruebas de imprenta para el gran día. “A algunos les gusta jugar las cartas de la nostalgia soviética. Pero usted comprenderá que no es más que teatro. Sin embargo, todavía tenemos mucha fuerza y grandes recursos. Y trataremos de superarnos al máximo en los próximos años”.