En el año 1941, cuando empezó la guerra en Rusia, mi padre fue al Consulado soviético para ofrecer  su ayuda. Pero le dijeron que mucha gente acudía con el mismo objetivo y que lo más razonable sería organizar un comité. Unos días más tarde, hubo una reunión en la que explicaron a los voluntarios qué tenían que hacer para que su ayuda fuera más eficaz. En aquella reunión se organizó el “Comité de ayuda a la Unión Soviética de Klimenti Voroshílov”. Mi padre, Naftulear Benenstein fue elegido presidente.


Así empezó el trabajo. La primera reunión se celebró en nuestra casa, después en la de otros miembros y así pasaron unos cuantos meses hasta que alquilaron un edifico en la calle Uruguay 767, al que llamaron centro cultural “Máximo Gorki”. El trabajo del Comité consistía en atraer a más gente, juntar dinero para comprar alimentos en conserva, medicamentos, ropa, etc.


También organizaron una sección de mujeres. Mi madre, Dunia Benenstein, fue elegida secretaria. La función de ese comité era juntar ropa de lana y organizar dos veces al mes una comida rusa para todos los socios. Las comidas permitían ganar un poco de dinero que también servía de ayuda a la patria.


Todo lo que se juntaba se guardaba en el galpón de mi padre y cuando llegaba uno de los tres barcos soviéticos: el “Akademik Krilov”, el “Admiral Ushakov'” o el “Bakú”, los miembros del comité cargaban toda la provisión en camiones y la descargaban en el barco, siempre en presencia de un miembro del consulado ruso.


Todos los miembros del Comité tenían que trabajar mucho para ganarse la vida. Tenían que alimentar a sus familias y además hacían un enorme esfuerzo para enviar algo de ayuda a su patria. A pesar del agotamiento, cada noche se juntaban en casa de algún miembro del Comité que tuviera radio para escuchar las últimas noticias sobre la guerra.


Las mujeres asistían a las reuniones con sus hijos pequeños y mientras los más pequeños estaban mamando, los otros se quedaban dormidos en sus asientos.


A mi entender, todo esto demuestra la dedicación con la que gente intentaba ayudar a su patria, su colaboración dentro de lo posible para ganar la guerra.


Algunos miembros del Comité se quedaron sin trabajo cuando sus patrones se enteraron de que se dedicaban a ayudar a Rusia. Sin embargo no se echaron atrás. Se enfrentaban a muchas dificultades e incluso corrían un alto riesgo a la hora de subir al barco aparatos médicos, ya que esta actividad estaba prohibida.


En aquellos tiempos, el Comité era una organización muy fuerte y unida. Vivíamos como una familia, aunque en realidad éramos más de 300 personas. No conocí en mi vida un grupo de gente más unida que los rusos que desde Montevideo intentaban ayudar a su patria.