La estatalización del negocio petrolero en Rusia fue una tendencia iniciada tras la crisis de los años 1997-99. A comienzos de la década del 2000, los asombrados analistas presenciaron un crecimiento de las reservas y de las extracciones de las compañías petroleras estatales, al tiempo que se reducían las privadas. Esto hizo que reapareciera el debate sobre la eficiencia y la optimización de la forma de propiedad, lo que ayudó a comprender que la opinión ideologizada sobre una mayor efectividad del negocio privado es correcta solo en relación a la pequeña y mediana empresa. Para las grandes corporaciones la diferencia es poco perceptible: el negocio privado tiene claros ejemplos de que su despilfarro y hasta ineficiencia no son menos intensos que en el ámbito estatal.


No hay que olvidar que desde hace tiempo las grandes corporaciones no forman parte de lo que se entiende como propiedad privada en su entendido clásico. Este hace referencia a un negocio a nivel familiar o de tamaño medio. Mientras que cuando los accionistas no pueden ejercer prácticamente ninguna influencia sobre los altos ejecutivos (excepto despedir a algunos y contratar a otros iguales o quizá peores), significa que en realidad no son propietarios del negocio. Por otro lado,los accionistas, en su gran mayoría, no tienen ningún deseo de participar en la dirección. En vez de ser propietarios prefieren comportarse como jubilados.


En el año 1997, a petición de los reformistas rusos, un grupo de especialistas realizó un estudio comparativo de la eficiencia de las empresas estatales y privadas. Esta investigación demostró que la empresa privada en Rusia es un poco más eficaz que la estatal; aunque conviene tener en cuenta que este estudio escogió las empresas privadas en las ramas de mayor rentabilidad (que en aquél entonces estaban siendo objeto de privatización), al tiempo que se basaban en los datos de  las empresas estatales de menor rentabilidad. Partiendo de esta base  comparativa, la conclusión de que las empresas privadas son un poco más eficaces que las estatales, en realidad significaba que la forma gestionar la propiedad privada en Rusia era sensiblemente menos efectiva, que la manera en la que se hacía en la propiedad estatal.


Más allá de los prejuicios ideológicos, la idea de que la propiedad privada es más efectiva que la estatal está dictada por los intereses políticos de los funcionarios públicos. Una huelga en una empresa estatal se traduce en una crisis política, mientras que en una empresa privada supone una situación de la que el propio Estado puede sacar provecho, ya que en su papel de árbitro puede aumentar su capacidad de influencia.


Incluso un liberal declarado como es Jeffrey Sachs, intentando comprender desde una óptica honesta la causa del éxito de China y su economía estatalizada, llegó a la conclusión de que para conseguir buenos resultados económicos lo más importante son las condiciones institucionales y no la forma de la propiedad.


Los hechos demuestran que la forma de propiedad óptima se determina a través de las tecnologías y del principio general de armonización de los intereses de los negocios y la población. A nivel de política exterior, el Estado debe plasmar cuáles son los intereses del negocio nacional, como el elemento más creativo y agresivo de la sociedad, además de apoyarlo y, en parte, dirigir su expansión.


Dentro del país, el Estado debe articular principalmente los intereses de la población, no tanto por su influencia política (que prevalece en una sociedad democrática), sino porque una sociedad inestable o resquebrajada internamente no puede ser competitiva.


Un ejemplo de la combinación entre los intereses del negocio en política exterior y de la población interna, es la espontánea relación generada desde Estado hacia la forma de propiedad de las compañías petroleras.


Al realizar principalmente tareas en el territorio de su país, las compañías extractoras generalmente son propiedad del Estado, y tienen el cometido de satisfacer los deseos de su población (esto ocurre no solo en países en vías de desarrollo, sino también en países desarrollados, como por ejemplo en Noruega).


  Para una mayor eficacia, la extracción que se hace en territorio ajeno exige que la propiedad sea privada. Aquí cobra importancia un aspecto estrictamente práctico: en el país donde se encuentran los yacimientos suele ser más fácil que se permita la explotación por parte de empresas extranjeras privadas, que por parte de corporaciones extranjeras estatales, ya que en el último de los casos se hace más evidente la amenaza de perder soberanía política.  


El modelo descrito conlleva significativos costes para el negocio, pero éstos se recuperan a través de la eficacia de un Estado capaz de asegurar el cumplimiento de las “reglas de juego” dentro del país, así como gracias a la expansión externa del negocio, medio por el que se garantiza la obtención de mayores ingresos que lo que se pierde en las limitaciones internas. Un ejemplo de autolimitación de los grandes negocios en el ámbito interno es su consentimiento a la regulación antimonopolio, que por más eficaz que sea un Estado sería imposible imposible en principio.


Mijaíl Dieliaguin, es Doctor en ciencias económicas, Director del Instituto de problemas de la Globalización.