Las calles moscovitas de Prechístenka, Ostózhenka, Voljonka y Sívtsev Vrázhek forman parte hoy en día, de una de las zonas más caras de la capital rusa. Pero son pocos los que saben que antiguamente esta zona era conocida bajo el nombre de Chertolie, lo que traducido libremente podría venir a ser algo así como ´lugar del diablo´. Desde tiempos inmemoriales, la fama del lugar ha sido más que siniestra y se cree que estas calles están poseídas por una fuerza maligna…

La razón de tan espeluznante nombre viene de que antiguamente había un riachuelo a lo largo del bulevar Gógol, conocido como Chertori, y a causa del terreno quebrado que formaba, continuamente se caía la gente y se resbalaban. Ya en aquel entonces desaparecían personas sin dejar huella. Se rumoreaba que Belcebú los ´robaba´. Por eso empezaron a llamarlo la ´zona del diablo´. Chertolie o Chertori, cualquiera que sea la etimología del nombre —que sigue sin aclararse— ambos llevan en su raíz la palabra rusa чёрт que se pronuncia ´chort´ y significa —demonio.


Pero sigamos buscando más razones en el pasado para argumentar estas creencias. Uno de los más crueles siervos de la guardia personal de Iván El Terrible, el jefe de los Opríchniki, Maliuta Skurátov, antes de su muerte solicitó que lo enterraran bajo el umbral de una iglesia que se encontraba entonces junto al templo de Cristo Salvador, para que al entrar cada persona en ella y santiguarse, lo hicieran sobre su tumba y así él quedaría libre de sus pecados.


Lo crean o no lo crean, el caso es que a principios de los años 30 del siglo pasado, los arqueólogos de la capital realizaron un sorprendente descubrimiento: tras el derrumbamiento del templo, encontraron la tumba de Maliuta Skurátov. Pero lo que no encontraron fue el cuerpo del legendario verdugo.


 

Iván El Terrible y Maliuta Skurátov. 1871, Sedov G.S.


En el mismo sitio años después se cruzó una vida paralela a la del opríchnik, la del infalible verdugo del entonces NKVD o Seguridad del Estado, Olguin, que afirmaba que una extraña voz del más allá le indicaba dónde encontrar al enemigo y qué hacer con él. Cuando un tiempo después él mismo fue acusado de traición y arrestado en la misma húmeda y lúgubre cámara en la que habían sido arrestadas sus víctimas, ocurrió algo aún más inaudito. Como a los arrestados se les despojaba de cualquier tipo de arma o instrumento que pudiera ser utilizado con fines violentos, Olguin encontró una inverosímil solución: se cortó las venas con sus propios dientes y murió a causa de la pérdida de sangre. Pero aún más inverosímil resultó el hecho de que el cuerpo del suicida desapareciera misteriosamente de la celda de seguridad. Más tarde fueron muchos los que aseguraron que el fantasma de Olguin se aparecía a los familiares de sus víctimas en la zona de la que fue su casa e incluso ahora se dice que es posible ver al espectro vagar por el callejón de Sívtsev Vrázhek.


En la ´zona del diablo´ se puede hablar de una rutina cíclica. Hubo tiempos en los que los acontecimientos misteriosos ocurrían continuamente. Concretamente durante los tiempos de la Opríchnina, durante la represión de Stalin y en los años 90 del siglo XX. En definitiva, en los periodos de inestabilidad.


Los parapsicólogos consideran que los sentimientos negativos como el miedo o la ira, abren el camino a las fuerzas del mundo paralelo, y por el contrario, las emociones positivas de los que viven en la otra realidad pueden mejorar la situación.  Eso mismo ocurrió en 1547 después del atroz incendio de Moscú. Iván El Terrible trasladó a la ´zona del diablo´ el monasterio de Alexéi, para que rezaran por su alma. Los opríchniki nunca tocaron el monasterio, que se convirtió en una especie de isla de bienestar dentro de la zona diabólica. Pero los signos del Maligno, permanecieron para recordar que vivir aquí seguía representando un peligro.


Al zar Alexéi MIjáilovich no le agradaba que en Moscú hubiera una calle con un nombre que recordara a Satanás y en 1658 ordenó cambiarlo por el de Prechístenka. Al cambiar el nombre y durante el tranquilo reinado de Alexéi Mijáilovich, los rumores de las fuerzas del mal reinantes en la zona quedaron relegados al olvido. Sin embrago empezaron a surgir apariciones del otro mundo, aunque esta vez no para amenazar a la gente, sino para protegerla.


Zar Alexéi Mijáilovich


Corría el año 1837 cuando el emperador Nicolás I decidió trasladar el monasterio de Alexéi para construir un templo en honor a la victoria sobre Napoleón. A las monjas que lo habitaban, la verdad es que no les entusiasmó la idea del traslado y la abadesa superior se mostró algo reacia a la idea. Ordenó que la ataran con una cadena a un roble del monasterio y dijo: “Si se llevan el monasterio, me tendrán que llevar a mí también”. Ante lo cual, Nicolás I tomó una decisión: ordenó arrancar el roble junto con la abadesa y trasladarlo. La priora en su desesperación, maldijo el lugar y sentenció: “¡Nunca habrá un templo aquí, este lugar quedará desierto!”.  Y por si hubiese quedado poco clara la maldición de esta, en cuanto empezaron a llevarse el monasterio, surgió de la nada un visionario que gritó: “¡Caerá una maldición sobre los sacrílegos, será siempre un lugar maldito!, ¡no habrá templo, permanecerá hundido bajo el agua y en lugar de la iglesia habrá una ciénaga!”.


Antigua piscina Moskva

La guardia del Zar intentó detenerlo, pero desapareció como si se lo hubiera tragado la tierra. No se prestó gran atención a la imprecación del visionario. Trasladaron el monasterio y se comenzó la nueva y “entretenida" construcción que duró 44 años, durante los cuales ocurrieron todo tipo de desventuras como movimientos de terreno sin motivo, incendios, etc. El trabajador que arrancó la cruz de la iglesia del monasterio, cayó al suelo y murió. Sobre el cadáver se pudo percibir una turbia imagen que desapareció enseguida. No pocos fueron los que murieron durante los trabajos. Los moscovitas dedujeron que la construcción del templo “irritaba” a las fuerzas malignas. Cuando por fin terminó la construcción, todos respiraron aliviados. El templo se iluminó el 26 de mayo de 1883 y de nuevo en la calle Prechístenka reinó la tranquilidad pero no por mucho tiempo…


La demolición de las iglesias empezó a ser una práctica común después de la Revolución de Octubre. En la primavera de 1934 en el territorio del monasterio de la Concepción, entre la calle Ostózhenka y la orilla del río Moskva, arrancaron la iglesia y devastaron el cementerio que se encontraba delante. Craso error que pagaron los tiernos escolares de un centro que se construyó sobre los restos del cementerio, pues en la escuela también ocurrían accidentes misteriosos y desapariciones.  


  Monasterio de la Concepción en 1882


El régimen comunista, siguiendo el ejemplo del zar Alexéi Mijáilovich, —pero por otros motivos evidentes— consideró que había que cambiar el nombre de la calle Prechístenka por el de Kropótkinskaya y fieles a su ideología, en la calle no quedó ni una sola iglesia. Y por fin, el fatal destino anunciado le llegó al templo que protegía de las fuerzas malignas a las calles Voljonka, Prechístenka y Ostózhenka. El 5 de diciembre de 1931 tres estruendosas explosiones derrumbaron el templo de Cristo Salvador.



Destrucción del templo de Cristo Salvador


De nuevo se sucedieron las desapariciones de personas, pero esta vez a nadie le extrañó demasiado. Llegaba la época del terror de Stalin y se sucedían los arrestos incondicionalmente. En el lugar del templo de Cristo Salvador se pretendía construir el gigantesco Palacio de los Soviets. Debía ser el monumento más alto del mundo y en su cima se erigiría una ciclópea estatua de Lenin.


Ya se había empezado a construir cuando la guerra impidió el desarrollo del proyecto y finalmente renunciaron a él.


La maldición del visionario se había cumplido: “¡En lugar de un templo, en este lugar fluirá el agua, habrá una ciénaga…!”.


El Palacio de los Soviets no se construyó y en su lugar construyeron la piscina Moskva, en la que ocurrían continuamente enigmáticos accidentes que las autoridades silenciaban.


Ajetreada ha sido la vida de este lugar, y osadas las decisiones del ser humano, pues en 1994 se desmontó la piscina para insistir otra vez en volver a construir el templo de Cristo Salvador. Así se hizo, y hasta la fecha de hoy el templo sigue en pie. Esperemos que por mucho tiempo.


Templo de Cristo Salvador reconstruido


Sin ánimo de asustar al lector, se puede decir que pasear por estas calles es una interesantísima experiencia, pues son algunas de las más bellas de Moscú. Sin embargo, hay que confesar, que hacia la noche se quedan tremendamente solitarias, huelen a hielo en invierno y cuando el bullicio de la vida cotidiana se esconde, recorrer cualquiera de ellas produce una sensación —cuando menos— inquietante…