Caminando por la transitada y bulliciosa avenida Tacna en Cercado de Lima, busco la siguiente dirección: Jr. Ica 441- A Interior 104, ¿la razón? Encontrar la Librería Científica, mejor conocida por ser el único lugar de venta de libros de la Editorial MIR, creada en 1946 y que publicó libros soviéticos de carácter político, científico y técnico traducidos a varios idiomas, entre ellos el español. Su última edición en varios idiomas fue en  1995, y desde entonces sólo  publican en ruso.


¿Cómo llegaron libros de matemáticas, física, química, mecánica, electrónica, entre otros, de prestigiosos autores rusos a tierras peruanas? Y más curioso aún, ¿cómo se mantienen vigentes en el mercado? La respuesta la tiene el Teófilo Luna Atayupanqui.


Era el año 1963. Un joven de 22 años proveniente de la provincia de Quispicanchis (a 45 km de la Ciudad de Cusco) llegaba a Lima con la ilusión de forjarse un futuro mejor. Los primeros años no fueron nada fáciles, pero su optimismo le permitió hacer frente a todas las adversidades que se le presentaron. Un buen día, un amigo le avisa que en el Instituto José Carlos Mariátegui, institución de carácter político, necesitaban un mecanógrafo, profesión que él había ejercido en su tierra natal. Se presentó y lo aceptaron, corría el año 1965. El instituto tenía una activa vida política e intelectual, por lo que a menudo se organizaban conferencias, charlas, seminarios, y al final de estos, la mayoría de las veces se vendían libros relacionados a los temas expuestos. Teófilo, que siempre andaba atento a todo lo que acontecía en aquel lugar, notó que los libros se vendían bastante bien. La oportunidad de poder hacer lo mismo se le presentó cuando el encargado de venderlos no apareció y él, que había tomado nota de los autores que más salida tenían, compró algunos de ellos y los ofreció al público. Para su grata sorpresa se vendieron todos.


El Instituto no sólo recibía visitas de intelectuales o políticos peruanos, sino también de rusos. Estos últimos estaban interesados en difundir sus libros traducidos al español en el Perú, pero aún no se tenía una persona que los  pudiera importar. En alguno de aquellos  eventos en que nuevamente se trataron temas soviéticos, uno de los intelectuales rusos se percató de la presencia de Teófilo, que vendía libros en el local. Se acercó y le hizo la propuesta de importar libros de Rusia, este se entusiasmó tanto que al poco tiempo tenía ya su certificado de importador y se encontraba trayendo libros del país soviético y vendiéndolos en su primer local, la Librería Cosmos -nombre que eligió en honor de la cosmonáutica  rusa-  era el año 1968.


La importación de libros la hizo a través de la empresa distribuidora Mezhdunarodnaya Kniga, que en un primer momento le enviaba libros de carácter político; posteriormente se amplió a libros de ciencias y tecnología, revistas semanales y mensuales y periódicos de la URSS. En un principio la tirada no era elevada, pero al hacerse conocido por el material que vendía se  incrementó la demanda, llegando a importar en algunas ediciones 5.000 unidades, como fue el caso del libro de Cálculo Diferenciado Integral; y en otras alcanzando las 10.000 unidades, como fue con la revista Sputnik (selecciones de la prensa soviética).


En esta revista, en agradecimiento por las gestiones de divulgación del señor Teófilo, que vendía no sólo en el Perú, sino también en países como Ecuador y Bolivia,  en la edición N°10 de octubre de 1981, escribieron la siguiente nota:
“Huesped de Sputnik: Invitado de la Redacción – por su activa distribución de la revista en el Perú- , estuvo en Moscú y Leningrado el gerente general de la Editorial Latinoamericana de Ciencias, Teófilo Luna. Al despedirse, Teófilo Luna A. agradeció a la Redacción el haber sido invitado a la Unión Soviética, señalando que el viaje fue excelente, algo inolvidable. Los encuentros fueron fructíferos”.


Y es que gracias a su activa labor de difusor de libros de la Editorial MIR- tenía ya cuatro puntos de venta en Lima - , fue invitado no una vez, sino cuatro veces al país soviético (entre la década del 70 y 80), tanto por la revista Sputnik como por la distribuidora Mezhdunarodnaya Kniga. Sin embargo, para la década de los 90 este prometedor escenario daría un giro. Los cambios económicos y políticos que sucedieron en la URSS y su ulterior desintegración, afectaron de manera definitiva las ventas del señor Teófilo. De los cuatro locales que tenía, se tuvo que quedar sólo con uno. El material que importaba cesó para el año 1991 y se vio obligado a reestructurar su negocio. Se centró en la venta de los saldos de libros de sus demás locales  y en comprar otros – siempre de autores rusos -  de segunda mano para abastecer a su única librería, La Librería Científica, que hasta día de hoy tiene abiertas sus puertas al público.


A pesar de los pocos ejemplares que vende actualmente, su actitud es siempre optimista. Su clientela, conformada básicamente por estudiantes y profesores, le piden ediciones nuevas, motivo que lo ha llevado a acercarse al Centro Cultural Ruso para poder importar libros nuevamente y volver a potenciar su negocio, al que ha dedicado toda su vida y al cual está agradecido. Él nos dice: “Ha sido una etapa muy importante en mi vida, era como si hubiese jugado con la camiseta rusa”.


La poesía, Rusia y Teófilo


Teófilo además de dedicarse a la importación y venta de libros de la Editorial MIR, tenía una inclinación por la literatura, especialmente por la poesía; hecho que le llevó a publicar un libro de poesías en el año 1968. Entre ellas encontramos el poema A los Soviets. El cual compartimos:


Al zar de fieras miradas
que humillaba naciones,
arriesgando jugadas
a fuerza de peones,
la táctica bolchevique  
le preparó mortal jaque.

La corte tomaba sopa
y su pueblo sin comida
en la nieve sin ropa;
por eso sin medida
el antiguo Petrogrado
se cambió por Leningrado.

Con flores la masa obrera
de mañana sale a cantar
a la roja bandera
que un día la pudo izar
Potemkin acorazado
en el Báltico alzado.

Sin culpa tanto sufriera
un pueblo sin alegría,
Hoy si Gorky viviera
a su “madre” vería
jugando con una hoja
feliz en la Plaza Roja.