"No hay que pensar en el time-lapse como una varita mágica que transforma todo lo que toca en algo bello y sorprendente. Al contrario, hay muchas cosas que no justifican el empleo de esta técnica. Es adecuado, sobre todo, para los procesos lentos. Para los rápidos está el slow-motion", nos explica Sasha Aleksandrov, cuyos time-lapse figuran entre los más visitados en la red social Vimeo.

La técnica del time-lapse goza actualmente de gran popularidad gracias a la proliferación de las cámaras digitales. Se precisan 1.500 fotografías para montar un minuto de vídeo a una velocidad de 25 fps, algo que permiten las nuevas tecnologías con su ahorro en los costes de producción, lo cual ha abierto este campo de experimentación a los fotógrafos amateurs. Aunque no es un recurso nuevo, sí que asistimos ahora a su democratización. Incluso los Simpson se han dejado seducir por esta técnica. Pero ¿qué es el time-lapse? Es un proceso mediante el cual se capturan los fotogramas a una velocidad mucho menor que a la que visualizamos luego la secuencia. Cuando la reproducimos a velocidad normal, la acción parece moverse a mayor velocidad. "El time-lapse es un recurso cinematográfico que permite exprimir el tiempo hasta la densidad deseada, es decir, que lo que pase por delante del objetivo sea espectacular, bello, impresionante", explica Sasha Aleksandrov.


El espectador está más familiarizado con el time-lapse en el cine de corte documental o científico. De entre los más conocidos, Sasha Aleksandrov escoge las escenas de  ‘Koyaanisqatsi’ (1982) de Godfrey Reggio, el documental ‘Chronos’ (1985) rodado íntegramente en time-lapse, y ‘Baraka’ (1992) de Ron Fricke. Pero también se queda con ‘A Zed & Two Noughts’ (1986), película de ficción de Peter Greenaway. Una de las innovaciones recientes es la aplicación de imágenes de alto rango dinámico (HDR, en inglés), que requiere el triple de exposiciones y la posproducción fotograma a fotograma.  ‘Silicon Valley Timelapse’ de Nate North es uno de los ejemplos de las posibilidades que despliegan las nuevas versiones de software de posproducción digital.

Pero por mucha filigrana técnica que se emplee, por muchos movimientos de cámara que simulen una factura más cinematográfica, la mirada es lo que prevalece: qué y cómo se cuenta una historia. Muchas veces eso no se aprende en las aulas. ‘Se puede decir que no tengo una formación artística oficial. Adquirí mis conocimientos fotográficos en el estudio de Aleksandr Lapin y en un departamento de fotografía artística de una academia del antiguo sistema soviético. Tampoco tengo formación cinematográfica. Eso, en parte, es una ventaja ya que mi percepción visual no está distorsionada. Me podría definir como un artista naif del time-lapse’, comenta Sasha Aleksandrov. En 1997, con una Nikon analógica realizó su primera obra: los títulos de crédito del programa ‘Namedni’ de Leonid Parfiónov. Ahora sale a trabajar con una Nikon digital, un trípode y un par de filtros de densidad neutra. "Ese sería el material básico. Pero luego se le puede añadir multitud de accesorios: alimentación externa, un deslizador, una rótula panorámica… Aunque lo principal es que haya un buen director detrás de la cámara".