RH ¿Cómo es eso? ¿Vino y trabajó? ¿De inmediato? ¿En cuanto bajó del avión?


Inga Sopvítskaya: No es así exactamente. En Moscú estudié cursos para directores de espectáculos. Allí preparé números como “El saco”. Sabía de pantomimas. Sabía de trucos. Pero no sabía bailar el tango. Entonces, en Moscú, comencé a frecuentar uno de los estudios de tango argentino para ver cómo era, simplemente para aprender los movimientos del cuerpo. Luego comprendí que el tango no es sólo una serie de movimientos, sino la relación entre un hombre y una mujer: esto me interesó de verdad. Cuando tuve listo el número, lo presenté en el Festival Internacional de tango en Sitges (España) y allí me vieron varios de los más conocidos maestros de tango de Argentina, que me propusieron venir a Buenos Aires. Entre otros, aquí participé en el concurso de magos que hacía Marcelo Tinelli en “Showmatch” y gané. Después comenzaron a proponerme contratos de todas partes.


RH: ¿Quiere decir que usted comenzó este romance con el tango ya en Moscú?


IS: Sí, fue allí, pero por aquel entonces en Moscú el tango no estaba al nivel que alcanzó luego. No era tango argentino. No existía el auténtico tango que encontré aquí y que llegué a comprender. Era un movimiento corporal que se limitaba a lo formal. Cuando comprendí que no se trataba simplemente de eso, sino que durante el baile se desarrollaba una intensa relación entre un hombre y una mujer, resolví dedicarme seriamente a ello.


RH: Bueno… pero se trata de una mujer y… de un hombre…


IS: ¡Ja, ja, ja!… sí, con un hombre… En mi espectáculo, yo bailo con un traje vacío sostenido en un armazón de alambre, mi “pareja de baile” es una especie de hombre invisible. Cuando me preguntan por mi “acompañante”, en general respondo del siguiente modo: en Rusia hay muchas mujeres hermosas pero no hay suficientes hombres. Además, mi “hombre” no discute y no pide aumentos de sueldo…


RH: Pero usted está en Argentina.


IS: Sí, en Argentina… Bueno, tengo otros números, otros programas también. Aunque debo confesar que este número con el traje tiene un gran éxito. Cuando llegué a Buenos  Aires lo corregí con ayuda de maestros y bailarines de tango locales, como por ejemplo Adrián Guerra. Siempre estoy en proceso de reforma y perfeccionamiento del cuadro.


RH: ¿Cómo lo pensó? ¿De dónde le surgió la idea?


IS: Siempre me gustó la música del tango, incluso sin llegar a entender de qué se trataba. Me atraía la música, tenía  “onda”, como dicen aquí: la onda tango. ¿Por qué con el traje? Ya lo dije, porque no hay mucho que esperar de los hombres rusos.


RH: ¿Cómo lo perciben los argentinos? ¿Recibió algún comentario? ¿Qué repercusión ha tenido?


IS: Sí, por supuesto. Muchos me elogiaron y se asombraron de cómo puedo… bailar con un traje. Algo tan original, dicen, y además en el estilo tango. Y, como estoy viviendo en Argentina, a partir de ahí se me ocurrió la idea de crear mi propio espectáculo: una serie de números como este, pero dentro del tango. Hay muchos espectáculos de tango, y muy buenos; por eso, yo quisiera que esto no fuese simplemente tango, no solo un buen baile, sino una historia quizá breve, pero original, con pantomima, una especie de fusión de géneros. Algo que todavía no se ha hecho ni aquí ni en otras partes del mundo.


RH: En Moscú ¿usted también recibió formación de ballet clásico?


IS: Fundamentalmente estudié mimo y magia. También estudié ballet pero no llegué al nivel profesional.


RH: ¿Planea presentar su espectáculo en Rusia?


IS: Ya le comenté mi idea, que es hacer un programa de varietés. Quizá también en Rusia, puede ser. Hay que pensarlo. En Rusia comienzan a comprender qué es el tango. Pero hay un gran trabajo entre comprender el tango y ponerlo en el escenario para que lo entiendan no solo los bailarines, sino también los espectadores. Hace falta una preparación física especial, además de una tarea de dirección, sin descuidar con esto la relación entre el primer escalón, que es comprender el tango, y el segundo, la actuación. Es un conjunto de cosas, incluyendo el mencionado trabajo de dirección, bastante complejo. Pero ¿por qué no pensar en presentarlo en Moscú?


RH: Juan Fabbri es, quizá, el más importante empresario de tango en Argentina. Además, viaja constantemente a Rusia y realiza allí numerosas puestas en escena de sus espectáculos. Por cierto, no le faltan bailarines. ¿Cómo se encontraron?


IS: Cuando se terminó el contrato que me unía a los programas televisivos de Marcelo Tinelli pasé un período prácticamente sin trabajar, buscando dónde ubicarme. Quería encontrar algo en lo que me sintiera cómoda. Me recomendaron dirigirme a “Carlos Gardel” (el tradicional recinto del espectáculo de Juan Fabbri) pero me dije “¿cómo van a prestar atención a una rusita, con algo tan fuera de lo habitual?” Así que conseguí trabajo en un circo y allí fue donde me convocó Juan, que me había visto en un vídeo. No me conocía más que de eso, pero me dijo: “La vimos bailar, quisiéramos invitarla a que actúe en el espectáculo que estamos montando en “Tango Porteño”, nuestro nuevo teatro”. Estaban finalizando la producción de este show en el enorme y céntrico lugar donde funcionaba el cine “Metro”; estaba quedando hermoso, con un gran escenario, con un gran espacio para el público, como sabe hacer Juan.


RH: ¿Aceptó?


IS: ¡Por supuesto! ¿Cómo iba a negarme? Era como un sueño. Estaba muy nerviosa cuando empecé. Imagínese, rodeada de grandes bailarines profesionales.


RH: Usted tiene aquí uno de ellos que es un verdadero icono, Juan Carlos Copes.


IS: Sí, sí. El año pasado Juan Carlos cumplió 80 años. Es una personalidad genial y un enorme bailarín.


RH: Entonces, ¿qué pasa con su nuevo proyecto?


IS: Quiero crear mi estudio de números originales de tango, que hasta ahora no existe. En casi todos los tango-shows se incluyen cuadros que intentan mostrar la historia del tango: cómo surgió, el tango orillero, el tango prostibulario, el baile en las calles. En principio yo también quiero hacer una historia, pero una historia de gente: no la historia del tango sino la de las personas que lo bailan, un hombre y una mujer. Puede ser incluso una historia en torno a mi propio número. Acaba de darme usted esa idea.


RH: Sí, claro, podría ser argumento de toda una novela. ¿La convocó Juan para sus espectáculos en Rusia?


IS: Me envió a Rusia para una grabación de vídeos. No participé en sus giras.


RH: ¿Cuándo comenzará su nuevo proyecto?


IS: Ya comenzó. Hace cuatro años que estamos organizándolo, con un equipo que me ayuda. “Tango-ilusión” es su nombre.