El origen

En los últimos años, Rusia fue escalando posiciones como destino de las exportaciones uruguayas. El primer acercamiento comercial entre los dos países data de mediados del Siglo XIX, cuando el gigante euroasiático que hoy conocemos era un aún más inmenso imperio zarista. Sin embargo, no fue hasta 2006 que se lo puede considerar un socio comerical de primera línea para Uruguay.

Rusia es hoy un gran comprador. Importa mucho pero sin abarcar una gran variedad de productos. La diversificación es pues el principal desafío para la integración de dos países que tienen muchos puntos de complementación por explotar, tanto en lo que refiere al intercambio de mercaderías –no solo agrícolas sino también industriales–, como también en el sector de los servicios y en las múltiples oportunidades que hay abiertas en el área de la inversión directa.

Con la apertura comercial en 1991, Rusia inició un rápido proceso de integración al mundo y los mercados globales abrieron sus puertas a un país de enormes magnitudes, dotado de una inmensa variedad de recursos naturales y de una enorme flexibilidad para adaptarse a los requerimientos de una demanda dinámica. Por aquellos años, China inició también su proceso de apertura y el escenario comercial se redibujó por completo. Grandes productores y más grandes demandantes se volcaron al mercado global.

El primer paso de Rusia fue arrimarse al vecindario. Los productores e industriales se acercaron a una pujante Europa, ofrecieron sus mercaderías y se incorporaron rápidamente a la dinámica del mercado mundial, alentados por el ingreso de capitales productivos. La apertura no solo al comercio sino también a la inversión abrió nuevas posibilidades y propició una utilización más eficiente de los recursos. Lejos quedaban los tiempos de la centralización y del poder absoluto del Estado. El mercado había encontrado terreno fértil y su fruto fue el crecimiento económico, la creación de puestos de trabajo y la mejora en las condiciones de vida de la población rusa.

América Latina todavía estaba muy lejos de sus prioridades. Entre 1991 y 1999 no hubo una transformación en los flujos comerciales entre Rusia y la región. Para Uruguay, ni siquiera aparecía en la lista de los primeros 20 destinos de exportación. Rusia tenía petróleo y cuando los vientos del mercado soplaban en esa dirección con ofertas interesantes, Uruguay realizaba alguna compra ocasional, lo que hacía que fácilmente el gigante euroasiático se colara de forma intermitente en el ranking de los principales importadores del país. Hubo sí alguna partida grande de abonos, maquinaria y vehículos que se importó. En cambio, Uruguay colocaba algunas frutas, pieles y carne ovina.


El despegue

En 1999 Uruguay importó US$ 38 millones en productos rusos, mientras que colocó apenas US$ 13 millones en el país euroasiático. De a poco las exportaciones aumentaron. En 2005 se colocó tres veces ese valor. Rusia pasó de comprar muy poco a comprar un poco. Pero incluso en ese momento, nadie creería que apenas seis años después Rusia sería el cuarto comprador de productos uruguayos –el primero en el mercado de la carne, con US$ 395 millones exportados en 2011, multiplicándose por 10 las ventas de 2005. Hoy la balanza comercial está casi nivelada, con un saldo de apenas US$ 85 millones a favor de Rusia.

El punto de inflexión estuvo en 2006, cuando una inteligente y paciente maniobra del Instituto Nacional de Carnes (INAC) –ver nota aparte- dio frutos y condujo a la apertura del mercado de la carne en Rusia. Pero el mérito no fue exclusivo sino compartido.

La carne argentina era considerada hasta ese momento la de mejor calidad y era junto a Brasil, el país en el cual Rusia había desembarcado en América Latina. Pero un día el gobierno kirchnerista, resolvió que la carne argentina se quedaba en Argentina y que no habría partidas de exportación hasta que se abasteciera la demanda interna a precios “razonables”. Uruguay encontró allí la puerta de acceso a la cuota del mercado ruso. Ya no hay industriales en Rusia que crean que la argentina es la mejor carne del mundo.

Según los datos procesados para Rusia Hoy a partir de información suministrada por la agencia de promoción de inversiones y exportaciones, Uruguay XXI, las ventas de carne a Rusia pasaron de US$ 12,2 millones en 2005 a US$ 195,2 millones un año después. De hecho, las ventas de carne explicaron 98% del crecimiento de las exportaciones a Rusia. Y no se trata solo de ese año, si se compara el aumento de las ventas al gigante euroasiático entre 2005 y 2011, 95% se explica por el aumento del rubro cárnico y productos de la carne, un rubro que representa 89% de las ventas destinadas a Rusia.


Eso quiere decir que el aumento de las exportaciones al país ruso estuvo fuertemente concentrado. Los problemas ocasionados por el cierre del mercado ruso ante el rompimiento de la cadena de pagos a raíz de la crisis financiera internacional de 2009, o de la saturación de la oferta por el ingreso de carne paraguaya a precios de ganga en los primeros meses de 2012, dan cuenta de los peligros que representa que un único país absorba la tercera parte de la carne bovina congelada que vende el país. Una máxima de los negocios dice que no se debe poner todos los huevos en la misma canasta.

Se podría mencionar el crecimiento de US$ 15 millones en seis años de las ventas de productos lácteos con destino a Rusia –el segundo producto que se comercializa con ese país–, o de las colocaciones de US$ 5,3 millones en cereales, inexistentes en 2005, pero se trata de magnitudes irrelevantes, incluso para el mercado uruguayo.

La importación de productos rusos también se encuentran concentradas. El petróleo y el abono, los dos principales productos que adquiere Uruguay, representan 96% del total de las compras. Sin embargo, Rusia representa 4,3% de las exportaciones uruguayas mientras que Uruguay es destino de apenas 0,1% de las ventas del gigante euroasiático. Difícilmente se sientan amenazados.


Oportunidades comerciales

La concentración de las ventas no se deba a la falta de oportunidades entre ambos mercados. Un minucioso estudio realizado a finales de 2011 por el Departamento de Integración y Comercio Internacional de la Cámara de Industrias (CIU), revela que existen una serie de rubros y productos que Rusia importa desde terceros países y en los cuales Uruguay posee ventajas competitivas.

En los rubros agrícolas, las mayores oportunidades tienen lugar en animales vivos, tabaco, grasas y aceites animales y vegetales, preparaciones de carne, pescado y frutos del mar, preparaciones de legumbres, hortalizas y frutos y residuos de la industria alimenticia para su utilización como ración para animales.

Sin embargo, el estudio técnico encuentra oportunidades más inmediatas en la colocación de bienes industrializados, como los productos farmacéuticos –Rusia es uno de los principales importadores mundiales de ese rubro–, productos químicos en general, plásticos, cueros, madera, papel y autopartes, entre otros segmentos de alto valor agregado.

Pero el gigante euroasiático no solo es atractivo para productores e industriales, también lo es para el sector servicios, principalmente para el turismo. A fines de 2011 Uruguay firmó un acuerdo con Rusia para eliminar los requerimientos de visa para el tránsito de personas.

La libre movilidad entre los dos países invita a los turistas rusos a que visiten las playas locales. Lo único que falta es la promoción adecuada en el país para que Uruguay ingrese a los paquetes de las principales agencias rusas. Para eso, el ministro de Turismo, Héctor Lescano, viajó a Rusia en abril e inició las gestiones para hacer conocer la marca Uruguay Natural.

Rusia es también una fuente importante de capitales y no solo eso, también posee el know-how y la experiencia en la realización de proyectos de infraestructura de envergadura, como los que Uruguay planifica para los próximos años. La restauración del sistema ferroviario, la extracción de combustibles fósiles y el restablecimiento de carreteras son iniciativas que atraen a los capitales rusos, deseosos de ganancias en tiempos donde la inversión financiera no paga ni por los disgustos.

Al mismo tiempo, el régimen de Zonas Francas, con sus suculentas exenciones impositivas, representan una importante oportunidad para que los inversores rusos generen negocios en la región, utilizando a Uruguay como centro de distribución para el resto del Mercosur. Si bien los actuales brotes proteccionistas en la región ponen un freno a estas iniciativas, una vez que la estabilidad de los mercados internacionales permita a los países vecinos retornar a la senda del libre comercio, las condiciones están dadas para que las empresas rusas apunten a Uruguay sus baterías.

Las oportunidades están servidas. Rusia hoy es un socio comercial indispensable. Sin embargo, hay mucho más terreno por delante. El primer paso ya fue dado, solo falta sumar un segundo y seguir avanzando.